Huesped Gatuno

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Capítulo 11

¿Cas… castrado? ¿Acaso había escuchado bien? No podía estar hablando de mí, ¿verdad?

Miré a Natacha de manera incrédula. Debía ser una broma.

— Sí, sería una buena idea. No quiero que Perla me haga abuela tan temprano — dijo Moli recogiendo a Perla de mis pies, quien no dejaba de girar en el suelo como un trompo —. Creo que yo también debería castrarla a ella — dijo soltando a Perla, ya que esta atinó a sacarle un ojo de un manotazo —. Rufián fue capado en el refugio.

— Sí, yo lo recomiendo, los gatos caseros tienen mejor vida y no andan haciendo de las suyas por ahí— dijo Natacha riéndose algo avergonzada como si hubiera contado un chiste para adultos. Por supuesto, a mí no me hacia ninguna gracia esta situación. ¡Mis bolas estaban en peligro!

— Bien, adiós, nos vemos — Moli se despidió y se llevó al par de gatos con ella. Dejándome a Natacha y a mí solos de vuelta, y debo confesarles que nunca en mi vida sentí tanto terror por mi integridad.

Cuando Natacha prendió su teléfono para realizar una llamada, comencé a correr por la casa buscando una salida, subí al sillón, pero la ventana estaba cerrada, corrí a la cocina, pero no había por donde huir, la puerta de su habitación estaba cerrada, y no creía ser capaz de abrirla con estas patas gatunas.

— ¿Qué te sucede por qué estás tan nervioso? — me preguntó al verme correr de una pared a la otra, después de colgar la llamada.  

— ¿Acaso no es obvio? — le pregunté — ¡Estoy huyendo por mi vida!

Natacha abrió la puerta de su habitación y yo la seguí por detrás, me subí a su cama y parándome sobre el marco de la ventana, intenté abrir el cerrojo con las garritas de mi pata.

¡Mierda! Es muy difícil abrir cerrojos sin los pulgares opuestos.

Natacha sacó de su armario una jaula para gatos. 

¡Mierda!

¡Estaba muy equivocada si pensaba que me iba a meter en esa jaula voluntariamente!

— Vamos, Campanita, es hora de visitar al veterinario — dijo acercándose a mí.

Esquivé sus manos pegando un salto lejos de ella. Me miró de manera extraña por mi actitud, y volvió a acercarse, pero esta vez con un poco más de agresividad. Movió sus manos de manera más rápida y logró atraparme por el lomo antes de que pudiera volver a saltar.

Me retorcí como si mi cuerpo estuviera hecho de tela. Me sentía como una toalla que era escurrida hasta exprimirla por completo.

— ¡Quédate quieto! — dijo Natacha mientras intentaba controlarme.

Como vi que no quería soltarme, saqué mis garras y le pegué una cachetada en una de las manos que me tenía atrapado.

Natacha me soltó de repente. ¡Al fin libre! Y me escondí debajo de su cama para que no pudiera volver a agarrarme.

La chica se sobó el brazo de manera adolorida, y pude ver por como fruncía su boca con dolor y por las gotas rojas que mancharon la alfombra, que me había pasado.  

La miré algo arrepentido, pero me retracté de inmediato. Estaba en todo mi derecho de rasguñarla todo lo quisiera, después de todo, se trataba de mi hombría.

Pero Natacha no se rendía tan fácil, a pesar de tener una herida que sangraba en su brazo. Se acercó a mí y se agachó junto a la cama.

— ¡Es como si supieras que voy a castrarte! — dijo mirándome algo precavida.

— Muérete — le dije, aunque obviamente ella no lo entendió, pero estaba seguro que no hacía falta hablar el idioma de los gatos, para saber que le estaba deseando la muerte.

Natacha inmiscuyó los brazos por debajo de la cama e intentó atraparme por segunda vez.      

Volví a sacar las garras para esta vez herirla de una manera que ya no volviera a intentarlo, pero cuando sus dedos me rodearon, y la imagen de su brazo sangrando volvió a mi mente, me paralicé, les juró que lo intenté, pero no pude volver a lastimarla.

Y mientras quedaba en un shock mental preguntándome porqué no había podido detenerla, Natacha aprovechó para meterme dentro de la jaula.

— ¿Qué? — quise salir, pero la puerta ya había sido cerrada ante mis ojos — No, no, no, no, ¡no puedes! ¡Suéltame ya!

— ¿Por qué estás tan enojado? — me preguntó mirándome a través de la red — Nunca te había visto de esta manera.



Cynthia Soriano

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En el texto hay: comedia, gato, drama

Editado: 30.09.2019

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