Huesped Gatuno

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Capítulo 15

Era lunes y ya habían pasado cinco días desde el incidente en la veterinaria.

Natacha se encontraba sentada en el sillón de la sala con una taza de café humeante entre las manos, a su lado estaba Moli, quien había venido de visita junto a sus gatos Rufián y Perla.

— Así que no tienes que preocuparte, operé a Perla. Ya no corremos peligro de que nos hagan abuelas tan jóvenes — bromeaba Moli mientras le daba un sorbo a su taza.

Natacha rio. Su risa era tan suave como el algodón y se escuchaba en un tono agudo, pero no de la manera melosa que solía escuchar en las mujeres de alta alcurnia cuando querían coquetearme, no, era diferente, era un tono tímido que me resultó encantador.

— ¿Saben?, no tenían por qué preocuparse. Nunca tendría nada con ella — les dije aun que sabía muy bien que no podrían entenderme — ¡Por el amor de Dios!, ¡es un gato!, no tengo esa clase de preferencias pervertidas.

Me ofendía que supusieran que podría embarazar a una gata. No estoy tan enfermo. Mi mente sigue siendo íntegramente la de un humano.   

Mis nervios se aligeraron cuando sentí una presión placentera en mis hombros. Era Rufián que había comenzado a masajearme de repente. Tal vez el gato había percibido que estaba muy estresado últimamente. 

— Gracias — le dije acomodándome un poco mejor, mientras le dejaba que continuara con su tarea de presionar mi hombro con sus patitas —. Últimamente ando muy tenso — le dije y me sentí como el padrino gatuno, que tiene a uno de sus súbditos haciéndole masajes para relajarlo. Era bastante irónico, como un gato con cara de malvado podía llegar a ser tan útil y comprensivo en los momentos indicados.  

— ¡Últimas noticias! — la comentarista del televisor, el cual estaba encendido desde hacía más de una hora y nadie lo miraba, llamó la atención de Moli y Natacha — Sigue la exhaustiva búsqueda de Erik Fermonsel. No se sabe nada del joven empresario desde los últimos tres meses.  

Mi cabeza se giró al televisor en el momento que escuché mi nombre humano. Con dicha reacción, Rufián detuvo sus masajes. En la pantalla se mostraba una foto mía, saliendo de esa maldita fiesta, en la cual me emborraché. Si sólo hubiera medido un poco más la cantidad de tragos no estaría en este odioso dilema.

— Esa foto no me hace justicia para nada — me quejé, ¿acaso era necesario mostrarme en ese estado de ebriedad?

— La última vez que se lo vio fue en una fiesta, en la cual, según testigos, había tomado demasiado, al grado de la ebriedad. Incluso insultó fuertemente a una invitada.

— ¡Qué sinvergüenza! — dijo Moli llevándose una mano a la boca en señal de asombro y repulsión.

¡Vamos!, la chica era una pesada, la rechacé dos veces amablemente, pero ella seguía insistiendo, una y otra vez, hasta que colmó mi paciencia.  

— ¡Sólo dije que se perdiera! — me defendí, a pesar de que ellas no pudieran escucharme — No tengo la mejor relación con mi novia, pero odio la infidelidad.

— Por favor, tráiganlo de regreso… ¡íbamos a casarnos! — escuché de repente la voz de mi novia en la pantalla y me quedé perplejo.  

¿Cuándo le propuse matrimonio que no recuerdo?

Me hirvió la sangre, sé que mi madre quería que me casara con ella ya que es hija de un empresario importante, pero no pienso casarme con alguien tan superficial… o por lo menos ahora no pienso así.

¡Un momento! ¿Fui yo quien acaba de pensar eso?

¡Wow!, nunca pensé que convertirme en gato me haría cambiar la forma que tenía de ver el mundo.

Ahora no me parecía tan importante el dinero y el prestigio, sino el…

— ¿Piensa casarse con él a pesar de que se sospecha que tiene hijos no reconocidos? — le preguntó la reportera de repente.

¿Hijos no reconocidos? ¿De dónde había sacado esa mierda?, siempre había tenido sumo cuidado de no dejar pequeños Erik distribuidos por todo el país antes de salir con Vanesa, incluso con ella, siempre me aseguré de usar protección para no embarazarla. ¡Cuanto odiaba esos malditos rumores que sólo buscaban manchar mi imagen!

— ¡¿Qué dice?! — le preguntó mi novia — ¡Mi Erik nunca me haría eso! — y fingió un desmayo, sí, lo fingió, era muy mala actriz como para que me creyera ese “descompensamiento”. Un segundo estaba desmayada y al otro se irguió como un rayo para volver a tomar el micrófono. Siempre supe que le gustaban las cámaras, ¡pero no tanto! — Cuando Erik vuelva nos casaremos y yo me convertiré en la señora Fermonsel.  Y la empresa será llevada a nuevos horizontes. ¡Conquistaré…! — de repente se vio asustada, como si hubiera delatado su plan ella solita — ¡Y conquistaremos el mundo… juntos! — intentó arreglarlo agregando el “juntos” al final como si eso pudiera limpiar la metida de pata de hacia un segundo atrás.



Cynthia Soriano

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En el texto hay: comedia, gato, drama

Editado: 30.09.2019

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