Huesped Gatuno

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Capítulo 21

Cada segundo de espera fue una tortura.

Ella se fue a las cinco y aun siendo de noche tardó en volver. Sabía que había ido a una cita, y esa era la razón de mis nervios. Sabía que estaba con otro hombre y la idea me enloquecía. 

¿Qué estarán haciendo ahora? ¿Cenando? ¿Viendo una película? ¿Paseando por algún parque? ¿Qué? ¡¿Qué?! Necesitaba saber que ella estaba bien, necesitaba saber que él la trataba bien, necesitaba saber que no intentó propasarse con ella, que la trató como se merece, con delicadeza, con respeto, como se merece ser tratada.  

¡Si es un maldito descarado juro que le arrancaré los ojos con mis garras! 

Un sonido detrás de la puerta de entrada me alertó sacándome de mis pensamientos.

¡Natacha había llegado!

— Entonces, ¿puedo pasar un rato?

Y al parecer no había vuelto sola.

Sentí que me hirvió la sangre, pero intenté contenerme. Hazlo por Natacha, contrólate por ella.

— No sé… — Natacha se oía algo vacilante del otro lado de la puerta.

— Vamos, sólo será un minuto. Todavía no quiero separarme de ti.

Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda.

— Bu-bueno, está bien. Sólo un momento — accedió ella al final.

Se abrió la puerta y por ella entró Natacha acompañada de un chico que aparentaba uno o dos años más que ella. De primera no me agradó ni un poco. Era el típico chico carilindo con una expresión que cree que puede llevarse el mundo por delante y que cualquier mujer haría por él lo que fuera sólo porque se carga una cara bonita. ¡Cuánto detesto a los de su tipo! Apuesto que es el vocalista de una mediocre banda de rock y todos los sábados va a surfear a la playa.   

— Siéntate allí, Brian, mientras preparo un café — le indicó Natacha mientras dejaba su bolso sobre la mesada de la cocina.

El tal Brian le hizo caso y se sentó junto a mí en el sillón.

— ¿Tienes un gato? — dijo Brian mirándome con algo de interés, yo lo ignoré de la mejor manera que sabía hacerlo. No era más que un gusano insignificante, no merecía ni mi interés.  

El intruso estiró su mano en mi dirección para acariciarme, pero yo me adelanté a su movimiento y antes de que pudiera tocarme di un salto fuera del sillón.

— Ni pienses que podrás tocarme, gusano — le dije.

Odiaba que me acariciaran. Ni siquiera había dejado que Moli lo hiciera. Obviamente sólo se lo permitía a Natacha, con ella era diferente.

Caminé hasta la cocina y me subí a una silla. Presenciaría todo desde la distancia. Pues no pensaba dejarlos solos y menos con un gusano de su calaña. 

Puede que piensen que lo estoy juzgado muy rápido y sólo me estaba dejando llevar por los celos, pero mi instinto nunca falla y esta vez, gritaba muy dentro de mí alertándome que ese gusano no era de fiar, y obviamente, no iba a ignorar esa voz interior, sobre todo cuando Natacha estaba involucrada en el asunto.  

— No le hagas caso — intervino Natacha al ver mi rechazo —, es algo arisco con la gente.

— Oh, ya veo — dijo y recibió con ambas manos el café que ella le extendió.

Pasaron más de media hora hablando estupideces a las que no les presté mucha atención. Al parecer no me había equivocado con él. El tal Brian tenía una banda de rock y él era el vocalista y el guitarrista principal. ¿Acaso el chico ya no estaba algo crecidito para perder el tiempo en un pasatiempo sin futuro? Así nunca saldrá adelante. Natacha ya tenía un trabajo estable y yo era dueño de mi propia empresa. Este niñato nunca podría competir contra mí si me propusiera entrometerme entre ellos.     

— ¿Por qué no me muestras tu casa? — le propuso Brian ya terminado el café.

Ese gusano, seguro algo se trae entre manos.

Natacha vaciló un poco al principio, buscando una respuesta correcta.

— En verdad no hay mucho que mostrar, es muy pequeña.

¡Bien, esa es mi chica!

— Que sea pequeña no significa que no sea interesante — dijo sonriendo de manera repugnante, pero por alguna razón su sonrisa parecía avergonzar a Natacha — Vamos, sólo un poco.



Cynthia Soriano

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En el texto hay: comedia, gato, drama

Editado: 30.09.2019

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