Huesped Gatuno

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Capítulo 23

Después de la visita del gusano, Natacha se encontraba bastante extraña. Andaba por la casa algo asustadiza, cualquier pequeño ruido o movimiento le hacía pegar un pequeño saltito, e incluso algunas veces le temblaban las manos sin razón aparente. Yo me acercaba a ella cuando la veía actuar de aquella manera tan poco común en ella, Natacha me mostraba una sonrisa algo artificial y me repetía que todo estaba bien, aunque ambos sabíamos que no era así.

Una tarde, su celular sonó con insistencia. Ella al ver quien era el remitente de la llamada, la ignoró como si no fuera nada importante. Pero la persona seguía insistiendo, cada hora volvía a intentar comunicarse, por lo tanto, la melodía del piano eléctrico del celular volvía a inundar la casa de manera intermitente y molesta. Al parecer la insistencia del otro ganó la paciencia de Natacha, ya que esta, algo temblorosa, deslizó su dedo por la pantalla del aparato y atendió, intentando simular tranquilidad y cordura de la mejor manera que sabía.

— ¿Sí? — preguntó ella con un hilo de voz.   

— ¿Por qué no contestas mis llamadas? ¿Me estás evitando? — al tener la audición de un felino, no se me hizo muy difícil captar las palabras del otro lado de la línea.

Era ese maldito. Después de que casi perdió el brazo ¿todavía no se dio por vencido?

— No… no te estoy evitando — contestó ella.

— No me mientas, no soy estúpido.

Vi como ella tragaba saliva. Le tenía miedo.

— Es que… yo… — comenzó a ponerse nerviosa y yo herví de la rabia. Odiaba verla de aquella manera. Ella no debería temerle a nada. Quería volver a ser humano para poder protegerla, para desaparecer a ese gusano del mapa, para que ya no pudiera volver a molestarla — estuve trabajando, estaba muy ocupada.

— Ejem — él no se oyó muy convencido —. Veámonos hoy. Si es la verdad, no tendrás problemas con que nos veamos, ¿cierto?

Vi como la cordura vacilaba en sus ojos, pero pudo mantener el vértigo de la locura bajo control, y se oyó al teléfono como la Natacha de siempre. Era una mujer fuerte, que no merecía pasar por esto.

— Bien — respondió y yo la miré sorprendido —. Iré — dijo de manera escueta.

¡No! Esto estaba mal. ¡Se supone que debía rechazarlo, no aceptar otra cita con él!

— Perfecto — dijo y su voz me supo repugnante del otro lado y esperaba que para ella también lo fuera —. Nos vemos esta noche.

Natacha cortó la llamada, y se quedó, varios segundos, inmóvil, mirando al celular ahora en la pantalla de bloqueo, donde había una foto de ella intentando besarme, mientras yo la alejaba con ambas patas. Se quedó pensando, como si no comprendiera bien lo que acababa de suceder, y la verdad es que ni yo lo comprendía.  



Cynthia Soriano

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En el texto hay: comedia, gato, drama

Editado: 30.09.2019

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