Huesped Gatuno

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Capítulo 30

Aproveché el desierto de la madrugada para vestirme con la ropa que robé de un tendedero. Pues, al parecer, estos vecinos se habían olvidado la ropa afuera durante la noche. Lo siento por ellos, pero no quería que la policía me arrestara por exhibicionista.

Las prendas que robé me quedaban un poco más grande que mi talla, pero por el momento me servirían.

No tenía dinero para viajar o tomar un taxi, ni para llamar por un teléfono público a que viniera mi chofer a recogerme, así que me dirigí a la estación de policía más cercana, quienes me reconocieron de inmediato al verme entrar por la puerta.  

— ¿E-eres Erik Fermonsel? — preguntó un oficial algo obeso mientras detenía un pedazo de pizza a centímetros de su boca.

Todos los oficiales detuvieron lo que estaban haciendo y se levantaron de sus sillas para acercarse a mí. No necesité confirmárselos, pues ellos ya sabían quien era, me reconocieron en el momento que crucé esa puerta y mi sola presencia ya era motivo para tratarme como a alguien importante.

— Siéntese aquí — dijo el oficial a cargo dándome la silla más cómoda del lugar, ya que era la única acolchada — ¿Se encuentra bien? ¿Necesita algo? 

— Sí — respondí sin aceptar la silla, no tenía tiempo para sentarme, tenía que retomar mi vida, volver al trabajo, la empresa, mi novia, mi familia, mi vida — Llévenme a mi casa — si hubiera sido el mismo Erik de antes nunca hubiera aceptado subirme a una patrulla de policía a no ser que fuera estrictamente necesario, seguramente me hubiera sentado a esperar que llegara el chofer con la limusina a recogerme, pero ahora era diferente, había aprendido bastante y cambiado mi forma de ver las cosas, o por lo menos la mayoría de ellas.

El oficial prometió llevarme de vuelta a mi casa si antes respondía a sus preguntas.

Respondí todas menos una.

— ¿Dónde estuvo todo este tiempo?

No podía decir la verdad, nadie me creería, me tomarían por un loco.

— Quiero reservarme el derecho a responder esa pregunta.

El oficial se quedó unos segundos en silencio, pero al final terminó aceptando el hecho de que no diría nada al respecto por más que intentara socavarme información.  

Cuando volví a mi casa se armó un gran alboroto. Mi madre me abrazó con fuerza a pesar que nunca en la vida me había demostrado ni una pizca de afecto ni cariño. Estaba asustada de perder a su única fuente de dinero, ya que mi padre estaba gravemente enfermo, imposibilitado de trabajar, y yo era su único boleto de suerte para seguir manteniendo aquella aburrida y vana vida de lujos por tiempo indeterminado.   

Vanesa, mi novia, me mostró sus lágrimas de cocodrilo. Después de ver lágrimas reales, como las de Natacha, supe que las de ella eran artificiales, a pesar de que su rostro se inundaba en lágrimas, sus ojos no mostraban ni una pizca de emoción por mi regreso. 

— Terminamos — le dije y ella me miró sorprendida y esta vez sus lágrimas fueron reales, pero no lloró por perder a un novio que amaba, sino a su cajero automático.

Vanesa me rogó como a un dios, e incluso se postró a mis pies para que reflexionara, pero no necesitaba hacerlo. Hacía tiempo ya que quería terminar esta relación artificial. 

Los medios asediaron mi casa por las siguientes semanas, me seguían de mi mansión al trabajo y de la empresa de vuelta a mi casa. No pude ignorarlos mucho, al final tuve que salir a dar explicaciones, y por recomendación del abogado de mi madre, ya que no quise revelar la información de lo que me había sucedido en ningún momento, tuve que inventarme una historia creíble que satisficiera a todos. 

— Sólo puedo asegurarles que no estuve haciendo nada que deshonrara a nuestra familia.

— Pero eso no es suficiente, hijo — dijo mi madre, quien insistía que saliera a hablar en los medios de difusión — Si no quieres contarme la verdad, no me importa, hijo. Pero esto tienes que hacerlo para mantener intacta la “reputación” del apellido — cómo odiaba cada vez que decía eso.

Mi madre pensaba que posiblemente me había escapado para vivir una aventura o perderme en algún antro de excesos pueriles. Lo que más me dolió fue el hecho de que ella no insistiera para sacarme información sobre mi paradero ni que se haya preocupado ni un poco por lo que había pasado conmigo este último mes. Pude haber sido abducido por extraterrestre que experimentaron con mi trasero, y a ella iba a importarle un comino mientras pudiera volver a reinsertarme en mi vida laboral y de ricachón para su conveniencia.      



Cynthia Soriano

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En el texto hay: comedia, gato, drama

Editado: 30.09.2019

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