Huesped Gatuno

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Capítulo 33

Me había cansado de la rutina. Ya no soportaba a Vanesa, quien insistentemente me asaltaba en el trabajo suplicando para que volviéramos. Había estado rechazándola toda la semana y no sabía cuanto tiempo más tendría que soportarla hasta que se rindiera.

— Prohíbanle la entrada si vuelve por aquí — le ordené a mi secretario quien acató mi pedimento sin objeción alguna.

Necesitaba salir de la rutina.

Casa. Trabajo. Firmar una pila enorme de documentos. Asistir a reuniones. Volver a casa. Comer solo. Dormir solo.

Esa maldita rutina se repetía día a día, sin reservas sin un simple cambio. Era como estar atrapado en una película que se reproducía una y otra vez. Debía encontrar una manera de escapar de esta vida, que irónicamente antes tanto había extrañado, y ahora que estaba de vuelta, no la soportaba.

— ¿A dónde va, señor? — me preguntó mi secretario cuando me vio salir apurado de mi oficina.

— Ya no lo soporto — dije colocándome el saco que había dejado en el perchero al principio del día —. Necesito tomar un poco de aire.

— ¿Quiere que llame a su chofer?

— No — le respondí —. Iré caminando.

El secretario me miró de manera extraña, como si hubiera dicho la cosa más loca del mundo. Pero no me detuve a explicarle, ya quería irme de allí y había un sólo lugar que pasó por mi mente en ese momento.  

Me tomé un taxi y me bajé cuando llegué al lugar. Le pagué al taxista y este arrancó dejándome solo. Algunas personas me reconocieron en la calle, pero ninguna se acercaba a mí, y agradecí la distancia, pues no tenía el ánimo de fingir una sonrisa para nadie.

Al llegar al lugar, salieron a recibirme de inmediato, y yo me sorprendí porque ellos me reconocieran en esta forma.

Luna fue la primera en acercarse y la siguió el joven Sombrero. Luna me maulló con entusiasmo buscando algo de mi atención.

No dudé en arruinar mi traje caro, me coloqué en cuclillas y acaricié la cabeza de Luna, quien se refregó por mi pierna dejando varios pelitos blancos en la tela de mi pantalón.

No tardaron mucho más en aparecer Calabaza y Moñito, el último se acercó de manera lenta y perezosa, pues estaba tan pasado de peso que cualquier movimiento rápido era una tarea dificultosa.

Todos maullaron y pidieron que los apapuchara.

— Nunca creí decir esto, pero… los extrañé.

Luna se prendió con las uñas de la tela de mi traje y, al pasar un mes conviviendo con gatos, supe que era lo que quería de mí. Pues Luna era la gata más cariñosa de todos los felinos que había conocido.

Me volví a agachar, pero esta vez para recoger a la gata blanca en brazos, quien recibió mi abrazo con un ronroneo bullicioso.

Caminé con ella en brazos hasta la estatua del centro.

Miré al gato de piedra con algo de resentimiento, pero no sabía bien si el resentimiento era por haberme convertido en primer lugar en gato… o por volverme humano una segunda vez.

Suspiré y sonreí cuando supe la respuesta. No es que prefiriera ser un felino antes de humano. Creo que nadie elegiría el cuerpo de un animal ante el de un hombre, la razón por la que hubiera vivido feliz siendo un gato era sólo por una mujer. Natacha. En este cuerpo no podía estar junto a ella. 

Pero había un sentimiento aun mayor al resentimiento, pues, no podía enojarme con este gato porque gracias a él había llegado a ser parte de su vida, aunque fuera sólo por unos días.

— Gracias Bocanegra por darme la oportunidad de conocerla.

Luna se removió en mis brazos y la solté, ella saltó al suelo y corrió varios metros lejos de mí, la seguí con los ojos y entendí por qué había corrido.  

Luna maulló junto a los pies de Natacha, quien me miraba de manera sorprendida. Y por primera vez en la vida, ella ignoró el maullido de un gato, para centrarse sólo en mí.

— ¿Eres Fermosel?

Me sorprendí al escuchar su voz. No creí que fuera a hablarme y mucho menos a volver a verla.

— Sí — le respondí, aunque estaba seguro que ella ya sabía la respuesta.

— ¿También eres el chico que entró a mi casa el otro día?

— Sí — me arrepentí en el momento de haber contestado afirmativamente —. No, no entré a tu casa de la manera que piensas, pero sí, era yo.



Cynthia Soriano

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En el texto hay: comedia, gato, drama

Editado: 30.09.2019

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