Huesped Gatuno

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Capítulo 34

Después de que las cosas salieran a la luz decidimos tomar un café para ponernos al día, pues, teníamos muchas cosas que explicar.

Nos sentamos en la cafetería. Al principio nos envolvió un silencio, que, si bien parecía sacro e irrompible, no era incómodo en lo más mínimo. Ella no me quitaba los ojos de encima y parecía imposible que pudiera borrar aquella pequeña sonrisa de sus pequeños labios.  

Al final pequé y rompí el silencio.

— ¿Él no volvió a molestarte?

Ella me miró sorprendida. No necesité decir su nombre para que supiera de quien estaba hablando.

— No — respiré con alivió ante su respuesta —. Ayer vino a mi casa y me prometió que ya no se acercaría a mí.

La miré como si escuchara esa historia por primera vez.

— Tenía el rostro golpeado — dijo y me miró de manera interrogativa —. Creo que alguien lo amenazó — era una chica inteligente. No necesitaba preguntar de manera directa para hacerse entender.

— No sé de qué me hablas — dije y me encogí de hombros como un niño.  

— Gracias — dijo y sorbió de su café para ocultar lo avergonzada que se sentía.

— En serio — insistí —, no sé de qué me hablas — pero no pude evitar reír y arruinar mi acto. Era obvio que había sido yo el que le había amenazado. 

Natacha rio conmigo y luego me miró de manera curiosa, como si tuviera ante ella un fantasma, que estaba allí presente pero que no se explicaba su existencia.

— ¿Cómo te convertiste en gato? — me preguntó y comprendí su interés en mí.

Miré hacía otra dirección algo avergonzado, esa parte de la historia no era nada digna.

— Digamos que vomité sobre Bocanegra. Al parecer eso lo ofendió y me dio esa maldición.

Natacha frunció el ceño.

— ¡Fuiste tú! — ella cruzó sus brazos delante de su pecho — Tuve que limpiar tu porquería al otro día.

— Lo siento — me disculpé sinceramente, pues lo recordaba bien.

Ella sacudió la cabeza y lanzó una carcajada.

— No estoy enojada, sólo creo que deberías tomar con más control.

La miré fijamente y no pude evitar sonreír como un idiota. Nunca creí que me encontraría en una situación similar. Los dos tomando café, riendo y hablando con naturalidad. Los dos como humanos.

— Lo que sucedió con Bocanegra— agregué a su silencio ameno —, al principio pensé que era una maldición, pero ahora entiendo que no era eso, conocerte es todo menos una maldición.

Ella se sonrojó como un farol y yo me enternecí ante su gesto. Incluso ahora, la seguía amando. 

— Sabes, esta no es la primera vez que Bocanegra influye en mi vida.

— ¿Qué quieres decir?

— ¿Has escuchado la historia de Bocanegra?

— Algo — le respondí — sobre que salvó a una niña de un incendio.

— Esa historia es cierta — dijo ella —. Yo soy la niña.

La miré sorprendido y no supe que decir. Me había quedado mudo ante su revelación.

— Tenía como nueve años — continuó con su relato —. Mi casa se incendió. No podía salir, recuerdo que el fuego me rodeaba por todos lados, cuando comencé a quedarme dormida, vi a un gato callejero que maullaba para atraer a los bomberos en medio de las llamas. Él me salvó — pensé que Natacha lloraría, pero no lo hizo, sólo me mostró una sonrisa de gratitud que le pertenecía sólo a ese gato callejero —. A diferencia de mí, mis padres no pudieron salvarse. Me adoptó una tía lejana. Ella nunca estuvo muy feliz de hacerse cargo de mí. Era algo cruel conmigo, nunca me demostró ni una pizca de cariño ni interés — la miré y sentí un nudo en el fondo de mi garganta. Desde el incendio Natacha siempre había estado sola —. Cuando fui lo suficiente mayor, dejé esa casa y me fui a vivir sola, pero a veces la soledad es una tortura, me di cuenta en ese entonces, que como ya no tenía a nadie de quien cuidar, estaba completamente sola. Desde ese día decidí amar a los gatos. Volví a la plaza donde vivía Bocanegra, pero él ya había muerto de anciano. Había llegado demasiado tarde. Nunca pude agradecerle en vida, por eso decidí cuidar de los gatos nuevos que fueron llegando, era una forma de agradecerle a Bocanegra por salvarme la vida, y, además, encontré en los gatos un poco de amor y compañía.



Cynthia Soriano

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En el texto hay: comedia, gato, drama

Editado: 30.09.2019

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