Ignis: Todos ardemos alguna vez | #1 |

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Capítulo 6

—¿Y eso qué tiene? —pregunto tratando de sonar indiferente.

La verdad es que Mia Moore nunca ha sido mi amiga, pero tampoco algo peor. Ni siquiera nos hablamos. Pero no soy tonta como para no darme cuenta de que a las demás chicas no les cae bien.

De vez en cuando me la cruzo en los pasillos del instituto. Envidio su confiada forma de caminar, su ropa, su cabello y maquillaje siempre perfectos. Tal vez por eso las otras chicas la detestan: deben envidiarla. Es cierto que me he enterado de dos o tres rumores feos sobre ella, sobre lo que le ha hecho a otras personas. Pero algunos no me los creo, ya que nunca la he visto hacer algo malo y nunca me ha hecho nada a mí.

—¡No puedes salir con un Moore! —chilla Ebby, y me arrastra a la realidad.

—No estoy saliendo con él —digo con voz fuerte, tal vez demasiada, así que me aclaro la garganta—. En todo caso, ¿por qué no?

—Pues, no es que no puedes… —contesta ella—, es sólo que…

—Es raro —añade Jim.

—Sí, eso —afirma Ebby—. Es raro.

—¿Alguna vez has visto su casa? —pregunta Jim.

—¿La de Mia o la de Sam? —le dice Ebby.

—Pues, sólo he echado un vistazo a la de Mia —Jim ladea la cabeza—. Me he pasado por allí un par de veces con los chicos… —parece que se sonroja y sacude la cabeza—. Como sea, el punto es que es gigante: una mansión de las buenas. Y Sam debe tener una igual… tal vez una mejor.

Ebby asiente frenéticamente, dejando bien en claro que está de acuerdo.

—¿Y a mí que me importa su dinero? —suelto—. No voy a ir a su casa a robarle o algo así.

—No decimos eso —Ebby sacude las manos—. Es sólo que, ya sabes, cómo puede llegar a ser la gente… rica.

Miro a Ebby y luego a Jim. Me da la sensación de que están celosos, de que no quieren que esté con un chico como él. Seguro que es porque no creen que sea capaz de estar con un muchacho atractivo y carismático como Sam, que tiene muchos amigos en el instituto y dinero para tirar para arriba. Sucede que nunca he salido oficialmente con un chico, y por alguna razón que no logro identificar me molesta bastante que se pongan así cuando parece que lo estoy haciendo.

—Sam es un buen chico —digo un poco enfadada—. Y, si tanto les preocupa, ya les he dicho que no estamos saliendo.

Me doy la vuelta para irme pero me detengo torpemente al recordar que hemos venido con Jim. Así que me giro de nuevo, tratando de no cruzar mirada con ellos.

—Bien, ¿qué quieren hacer ahora?

Ebby le da un vistazo de reojo a su bolso y nos pasamos la próxima hora y media echados sobre su lona que con tanta ilusión quería usar en la arena. Ellos conversan sin problema aunque el ambiente no es muy cómodo… incluso ya dejando de lado el tema de Sam. Yo observo inconscientemente lo que nos rodea, armando en mi mente una docena de hipótesis sobre qué pudo haber hecho Sam o a dónde se habrá ido después de tan vergonzosa interrupción. Cuando mis amigos ya notan que no tengo suficientes ganas ni siquiera para sumarme a una simple conversación, aseguran ya haberse aburrido de la fiesta y se ponen de pie sin mucha emoción. La verdad es que yo quiero marcharme —lo quise hace un buen rato—, pero no me parecía correcto obligarlos a irnos sólo para que yo pudiera estar en casa por un mal humor pasajero.

Jim comienza a caminar al frente, seguido de cerca por Ebby, y entonces comienzo a sentirme un poco mal por haber arruinado la diversión. Sin embargo, mi arrepentimiento no es lo suficientemente fuerte como para devolverme la alegría y el buen carácter.

Es pasada la medianoche, aunque sigue habiendo gente desparramada por la playa, cuando salimos por donde el tipo de negro nos vendió las entradas y nos metemos en el auto que Jim ha traído. Esta vez Ebby va de copiloto, así que yo me desplomo en el asiento trasero.

No dicen nada en todo el camino hasta que dejamos a Ebby en su casa y Jim sigue la dirección para dejarme en la mía.

—Lo siento —digo sin darme cuenta, cuando Jim y yo quedamos solos en el coche.

Él hace un movimiento de cabeza hacia la derecha para que yo pueda contemplarle el ceño fruncido.

—Por haber actuado tan borde —confirmo.

—No hay problema —responde Jim, volviendo a mirar el camino frente a nosotros—. De todos modos… la fiesta ya estaba empezando a ser aburrida.

Sé que miente y sólo lo dice para que no me sienta mal, pero asiento con la cabeza de todas formas, aunque él no pueda verme.



MEG

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En el texto hay: misterio, elementos

Editado: 31.03.2018

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