Inalcanzable

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Capítulo 2

Abro la puerta de casa tras un intenso día de trabajo y sonrío al darme cuenta de que estoy sola en casa. Esto no quiere decir que no quiera a Diana, pero a veces su incesante curiosidad y su parloteo provoca que sea incapaz de relajarme. Me quito los zapatos y voy desprendiéndome de la ropa hasta llegar a mi habitación.

Entro al cuarto de baño, regulo el agua y una vez esta templada entro en la ducha. El contacto del agua contra mi piel hace que suelte un suspiro de placer, no hay nada mejor que una ducha para que las preocupaciones del día se vayan. Pocos minutos más tarde, salgo y enrollo una toalla alrededor de mi cuerpo para no dejar todo el suelo mojado.

El sonido de un lloriqueo hace que frunza el ceño y salga del baño en busca de ese sonido.  Unos ojos marrones me devuelven la mirada y no puedo evitar quedarme asombrada al ver una cría de pastor alemán que no tendrá más de siete meses.

  • Vaya, ¿De dónde has salido tú? – Pregunto agachándome para acariciarlo. Él me mira y saca la lengua como si le gustara.

Me incorporo, escojo la ropa que voy a ponerme y llamo a Diana en busca de una explicación. La llamada parece cortarse, pero acto seguido recibo un mensaje suyo.

Diana:

¿Estás muy enfadada?

Daphne:

¿Debería? Creo que merezco saber por qué tenemos un perro intentando comerse nuestra casa.

Diana:

Bueno, ten paciencia es muy bueno. Cuando vuelva te lo explico todo. Por cierto, sácale de paseo, yo llegaré tarde.

Diana:

Se llama Jean. Aunque estoy pensando cambiarle el nombre a Max.

Qué casualidad, hoy conocí a uno que no era tan amable. Sin poder evitar suspiro y miro hacia el techo como si pudiera decirme que debería hacer. Me visto y busco la correa de Jean para sacarle antes de que acabe destrozando toda la casa.

A los pocos minutos, bajo a la calle dejándome arrastrar por él sin saber a dónde llevarle. Camino sin un lugar fijo mientras Jean tira de la correa para llegar a un parque. Una vez llegamos le suelto y veo como juega con otros perros. Me acaricio mi hombro derecho con una mueca adolorida y no dudo en mandarle un mensaje a Ian para que venga a ayudarme.

Daphne:

Necesito que me ayudes. Diana ha vuelto a traer a una nueva mascota

Ian:

No hace falta que me digas nada más. Dime dónde estás y estoy en cinco minutos.

Tras decirle la dirección llamo a Jean, quien no me hace mucho caso al estar alegremente jugando con otro perro. Suspiro irritada y me acerco hasta donde está con la intención de cogerlo y dar una vuelta antes de que llegue Ian.

Al ver que me acerco se tumba contra el suelo. Sorprendida al ver lo dócil que es me agacho y trato de enganchar la correa en el arnés. Sin embargo, él sale corriendo de allí para después parar y mirarme. Al parecer cree que quiero jugar con él, vuelvo a acercarme y repite su acción. Tras varios intentos, salgo corriendo enfadad detrás de él, quien parece huir más deprisa.

  • ¡Jean, vuelve aquí! – Grito llamando la atención de varias personas que se encuentran en la zona.

Ignoro las miradas que me dedican y no puedo evitar pensar en lo que dirán de mí, tal vez que estoy loca. Me siento en un banco irritada y suspiro. Prefiero a los gatos, pienso con ironía. El sonido de unas pisadas acercándose hacia donde estoy hace que alce la vista y me encuentre con quien menos esperaba.

  • No sabía que tuviera una mascota que se llamara como yo

 

  • Yo tampoco lo sabía. – Murmuro por lo bajo intentando que no me escuche. Jean Delacroix me observa divertido y no puedo evitar pensar lo fuera de lugar que esta al ir vestido con un traje de Armani en un sitio como este.

 

  • Al menos él es más amable que tú. Mira que mono. – Dice una voz detrás de él. Un chico de unos dieciocho años se encuentra acariciando a Je…mejor dicho Max, para poder diferenciarles, mientras Jean le observa con una ceja alzada.

 

  • La señorita García tiene demasiadas cosas que hacer. Será mejor que nos marchemos Derek. – Dice entregándome la correa de Max para después alejarse de allí con el chico siguiendo sus pasos.

 

Observo como se marchan esperando que venga Ian. Mientras se alejan, Jean se gira y clava sus ojos marrones en los míos. Al ver que le sigo mirando me guiña un ojo y continúa su camino. ¡Es insoportable!

En ese momento, suena mi teléfono alertándome de que tengo un nuevo mensaje. Lo saco del bolsillo de mi chaqueta y no puedo evitar cerrar los ojos y soltar un gemido lastimero al ver lo que pone en él.

Ian:

Ve a casa. Llego tarde.

  • Vamos Max. – Digo tirando de la correa para ir a casa.

Pocos minutos después llegamos y nos encontramos con Ian sentado en las escaleras del portal. Al vernos se levanta y sonríe divertido al ver a mi nuevo amigo.

  • Diana es increíble. – Dice él marcando sus hoyuelos al acentuar su sonrisa.



Eyranara

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En el texto hay: humor, romance, drama

Editado: 09.06.2018

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