Inalcanzable

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Capítulo 5

 

Miro los ojos avellanados de Jean y no puedo alzar una ceja al escuchar lo último que ha dicho. ¿Tú y yo tenemos una charla pendiente? Desde luego que no. No tengo ninguna intención de soportar su gran ego para que vuelva a repetir lo mal que escribo y cómo no llego a la altura de otros grandes escritores de su editorial.

  • Lo siento mucho y no busco ser grosera ni maleducada, pero he tenido un día agotador y lo que menos me apetece en este momento es estar con usted. – Paso por su lado sin detenerme en ver su expresión sorprendida y continúo mi parloteo mientras salgo de allí. – Quiero llegar a mi casa, sacar a mi perro y darme una ducha para relajarme. Así que si no le importa…

Voy a mi despacho, cojo las cosas y salgo de allí dándome un golpe contra el señor Delacroix que me observa divertido mientras quita de mis manos mi mochila.

  • Ya que tiene tanta prisa, permíteme que la lleve hasta su casa. No quiero que su olor haga que se desmayen el resto de la población. – Irritada le miro por encima de mi hombro, le quito mi mochila y continúo mi camino sin mirarle.

Justo cuando estoy rozando la puerta que me dará la libertad de ir a casa, siento como alguien la abre por mi encontrándome con la sonrisa de suficiencia de Jean. Es insoportable.

  • De verdad, me encantaría ser capaz de poder dedicarle unos minutos de mi preciado tiempo, pero como puedes ver estoy demasiada ocupada como para aguantarle.

 

  • Insisto, no quiero privarle del placer de mi compañía. La llevaré a casa, le comentaré el asunto que quiero comunicarle y la dejaré marchar.

 

Jean vuelve a agarrar mi mochila y se encamina de manera apresurada a su coche. Indignada, le sigo y me siento en el asiento trasero del coche en vez de a su lado. Él sonríe divertido y alza una ceja mientras me pasa mis cosas.

  • ¿Sabe que no muerdo, no? – Su sonrisa se hace aún más grande al ver que pongo los ojos en blanco. – No la entiendo señorita Garcia, unas veces nos tuteamos, otras veces no, y siento que tiene una extraña aversión hacia mi persona.

Sin poder evitarlo comienzo a sonreír al escuchar su tono irónico en la voz. Me acomodo mejor en el asiento trasero y miro al retrovisor para percatarme de que sus ojos no han dejado de observar mis reacciones.

  • Quién sabe. Aunque creía que no habíamos venido a hablar sobre si tengo un cierto desagrado hacía usted o porqué a veces no nos tuteamos.

Él sonríe de esa forma suya tan característica y continúa conduciendo siguiendo algunas de mis indicaciones.

  • Es cierto, pero a veces la curiosidad me puede y soy incapaz de controlar la necesidad de descubrir si me equivoco o no. Quería hablarte de la historia que rechace, quiero que sepas que no lo hice por gusto. No era una mala historia, pero hoy en día las lectoras solo buscan una cosa, romance.

 

  • Vaya, no me digas. – Murmuro sarcástica. Jean sonríe divertido y se muerde el labio. Me mira otra vez por el retrovisor y al ver que lo estoy mirando me guiña el ojo.

 

  • Lo sé increíble pero cierto. Además de las morenas nunca puedes fiarte,… Enarco una ceja sin comprender porque ha dicho eso. Él por el contrario no sonríe sino que parece que de verdad cree lo que ha dicho, curiosa quiero preguntarle sobre ese tema, pero para su buena suerte acabamos de llegar a mi casa. – Que tenga una buena tarde, Daphne, estoy deseando volver a verte.

Suspiro un poco irritada y salgo del coche. Observo cómo se aleja y una vez no hay coches en la carretera, cruzo hasta llegar a mi portal. Meto la llave en la cerradura y entro sintiendo que algo no va bien. Subo a casa, abro la puerta y por primera vez me encantaría no tener un sexto sentido que me avisa de todas las cosas desastrosas que pueden llegar a pasarme.

  • Max,…¿Qué has hecho? – Mi pequeño amigo me observa con un rollo de papel en la boca mientras se mueve de un lado para otro contento de mi llegada. Intento no pisar el papel que hay en el suelo mientras recojo todo lo que puedo.

Llevo una mano a mi pelo y no puedo evitar lanzar un grito frustrado al ver que todo está hecho un desastre que me llevará horas limpiar. Me quito los zapatos con la intención de no resbalarme, pero antes de que pueda agarrarme a algo, me caigo al suelo gracias a Max, quien no ha parado de corretear por toda la casa cómo si quisiera mostrarme todo lo que ha hecho.

Escucho el sonido del timbre, lanzo otro grito frustrado y me levanto del suelo mientras me acerco con un paso lento a la puerta. Max se sienta intentando parecer un perro bueno mientras espera a que abra la puerta. Un chico alto y delgado se encuentra al otro lado sosteniendo divertido un rollo de papel higiénico en la mano.

  • Creo que esto es tuyo. – Divertido me lo tiende y no puedo evitar mirar mal a Max, quien al ver mi mirada se tumba en el suelo a hacer carantoñas al chico desconocido.

 

  • Lo siento, normalmente no se comporta así. – Doy un suspiro y le sonrío débilmente al que parece ser mi nuevo vecino.

 

  • Tranquilo, pude darme cuenta el día que estuve con mi hermano. – Frunzo el ceño mientras observo sus facciones, pero soy incapaz de acordarme de él. – Vaya parece que no tienes muy buena memoria. Derek Delacroix, soy el hermano pequeño de Jean. – Dice guiñándome el ojo como su hermano.



Eyranara

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En el texto hay: humor, romance, drama

Editado: 09.06.2018

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