Inconfesable

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Capítulo 6

Esa noche habló con Inés por teléfono, para ponerse al día y contarle las novedades. Le contó que el pequeño Tomi estaba adaptándose bien a su nueva vida, pero que a ella aún le costaba estar ahí. Todo la llevaba al pasado y el pasado siempre dolía.

—Tienes que seguir adelante niña. Debes perdonar, no puedes mirar hacia adelante si estás encadenada al pasado. Si no lo haces por ti, hazlo por Tomás. El debe querer ver a su hermana feliz. Se que has pasado por mucho, pero ten presente que todo pasa por algo y si la vida te quiso devuelta allí por algo es. Tal vez una nueva vida te espera, ese muchacho, Fernando, parece amable—Bel sonrió—perdona a tus amigos, ellos quieren ayudarte. Ha pasado tiempo, debes pensar que eran adolescentes, y bien sabemos que a esa edad todos cometemos errores, dales una oportunidad.

Las palabras de Inés la habían hecho reflexionar. No estaba lista para una nueva vida aún, mucho menos para un romance, pero le gustaba la idea de conocer mejor a Fernando y tener amigos, después de todo, se sentía muy sola aquí. Y realmente estaba cansada de estar enojada. Así que pensó en llamar a Lucas más tarde.

Ya había pasado una semana desde que estaba en Mar del Plata. Así que Cecilia le avisó por teléfono que iría a visitarla para ver como estaba Tomás. Cecilia le agradaba, pero se asustó cuando ésta le comentó que iría con un hombre del juzgado.

Bel ordenó todo y horneó unas galletas. Vistió a su hermano con su ropa nueva y lo perfumo. El pequeño se veía adorable.

Cuando la tarde llegó. Cecilia y el hombre del juzgado aparecieron tras la puerta.

—Señorita De La Torre, soy Juan. Yo trabajo en su caso—se presentó el hombre. Tenía al rededor de sesenta años y un desagradable olor a viejo. El le daba mala espina. Se puso nerviosa rápidamente.

—Tranquila Bel—Le susurró al oído Cecilia tras saludarla con un beso en la mejilla—esto es parte del protocolo. Las personas del juzgado deben chequear todo antes de darle la custodia de su hermano. Esto funciona de esta manera.

El hombre comenzó a recorrer la casa y mientras observaba las habitaciones anotaba en su cuaderno. Bel no pudo ver que escribió. Pero aquello le daba mucha curiosidad.

¿Acaso Le gustaba lo que veía?

A la casa aún le faltaban muchos arreglos. Pero se veía mucho mejor que antes. Al menos no olía a cigarrillo.

—¿Señorita?

—Dígame—respondió Bel, nerviosa. Algo le decía que aquel hombre iba a regañarla por algo.

—¿Está usted casada?

¿Por qué le preguntaba eso?

—No señor.

—Mmm. Que lástima.

Bel miró a Cecilia intentando comprender. Esta llevó sus manos a su rostro.

—Lo siento Bel. No creí que en este caso crean necesario que tengas una pareja. Pero algunos trabajadores sociales tienen muy en cuenta el ambiente en el que crecerá el niño. Si son tradicionales y conservadores, como creo, es el caso. Prefieren que el niño crezca con una figura maternal y también paterna—le comentó Cecilia, en voz baja para que el trabajo social no las oiga.

—Oh no. Pero yo estoy soltera. Y pienso estarlo por mucho tiempo—confesó Bel. Ella realmente no quería saber nada con involucrarse con alguien de ese modo. Mucho menos casarse. Eso jamás estuvo en sus planes.

—Juan, le puedo asegurar que Tomás estará bien conmigo. Soy su hermana. Lo quiero y voy a cuidarlo como si fuera mi propio hijo. Le daré lo mejor de mi en todos los aspectos. Lo juro—afirmó Bel.

—Lo entiendo señorita. Estoy seguro que me dice la verdad. Pero debo decirle que hay algunas parejas interesadas en adoptar al niño. Parejas con una miy buena estabilidad económica, y dispuestos a darle lo mejor. Debemos evaluar que es lo mejor para el niño. Usted nunca ha estado presente en la vida de Tomás. No cuenta con un sueldo ni un hogar adecuado para mantener al niño. No tiene familia. No tiene pareja. Creo que todas las condiciones están dadas para que el niño sea adoptado por una familia que le ofrezca todo lo que el necesita. Si no esta de acuerdo con esto, siempre podrá apelar por la custodia del niño en el juzgado. Le voy a dar más tiempo. Pero mi opinión es esta y todo esto que le digo estará en el expediente de su hermano. Tal vez pueda conseguir una mejor estabilidad económica y tal vez alguien que la apoye, y que pueda cuidar al niño con usted. Tenga en cuenta que estar en pareja, casada, le ayudaría mucho en este caso. Es solo una sugerencia—sentenció y Bel sintió su estómago comprimirse.

—La veré en dos semanas. Justo una semana antes de que se cumpla el mes. Espero que considere mis recomendaciones. Si no, me temo que la custodia no será suya—sentenció aquel hombre. Bel sintió ganas de romper en llanto ahí mismo. Pero debía comportarse. Era una mujer adulta ahora.

—Tranquila Bel. Veré que puedo hacer—le dijo Cecilia antes de dejar la casa.

Tras cerrar la puerta Bel dio un largo suspiro de frustración y se dejó caer en el suelo, derrotada. Hasta que vio a su pequeño hermano mirándola con tristeza.

Rápidamente se puso de pie y lo abrazó con fuerza.

—Estaremos bien. Haré lo que sea necesario para estar contigo Tomi. Yo cuidaré siempre de ti. Lo juro por mi vida.

El pequeño le regalo una sonrisa.

—Te Quero—le dijo y Bel no pudo contener las lágrimas de emoción.

—Y yo a ti mi pequeño.

Esa tarde se dispuso a visitar a sus amigos. Quería disculparse con ellos por su comportamiento, y tal vez arreglar las cosas. 
Buscó entre sus cosas una tarjeta que Lucas le había dejado para ver la dirección.

Tuvo que tomar dos autobuses con Tomás para llegar a la zona donde ellos vivían.

Cada día estaba más segura de que necesitaba un coche. 
¿Pero cómo podría comprarlo? Si a penas le alcanzaba para mantener a Tomás? 
Bel decidió que sería una buena idea vender la casa de su madre. No le darían mucho. Pero si lo suficiente como para comprar un pequeño coche y comenzar de cero con Tomás en Buenos Aires. Estaba decidida. Si le daban la custodia del pequeño. Eso es lo que haría.



Emi Castillo

Editado: 21.10.2019

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