Indominable y Perfecta... 1# Saga: Siempre Juntas

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Capítulo 4

Verónica.

 

La carrera está por empezar, monto a Lucifer, un imponente pura sangre negro que Alaric tuvo la amabilidad de prestarme, al montarlo noto al animal un poco inquieto. Tengo que tener cuidado o podría terminar cayendo de él.

 

—Buena suerte, la necesitarás esta vez voy por la victoria Verónica —replicó Alaric a mi lado sobre su caballo, un mestizo muy impresionante, se ve ágil, rápido y fuerte. Pero no planeo demostrarle mi nerviosismo. 

 

—Sigue soñando anciano —lo reto y sus ojos verdes parecen oscurecer. Mi atención pasa a centrarse en el señor McDonall, el cual está un poco lejos de nosotros sobre una yegua blanca, pero sus ojos están puestos fijamente en mí, desvío la mirada un poco inquieta, "mejor no volver a mirarlo".

 

—Ya veremos quién gana —me reta Alaric.

 

—¡Jinetes! Preparados—sujeto las riendas de Lucifer.

 

Y cuando el silbato sonó, todos los jinetes salimos disparados del punto de partida, Alaric comenzó a tomar la delantera. "No me ganarás anciano", aprieto las riendas de lucifer logrando alcanzarlo, los dos estamos a la par y de repente el Lord McDonall en su yegua se nos empieza adelantar.

 

—¡Son muy lentos! —Se burla McDonall, eso solo me hace enfurecer, nunca he perdido contra un hombre en equitación y esta no será la primera vez.

 

—¡Lucifer, sé que puedes dar más! —dejé a Alaric atrás, para lograr alcanzar al Lord McDonall estando los dos par a par.

 

—Me sorprende señorita Blaze —dice él. 

 

Veo la meta, "¡No voy a perder!" Mi atención está en llegar a esa meta, y al pasarla dejo de contener mi respiración.

 

—¡Es un empate! —anunció el Lord Hansel, juez de la carrera.

 

—¡¿Qué?! ¡No puede ser empate, yo gané! —reclamé furiosa. 

 

—Por lo que veo, no le gusta perder señorita Blaze —dijo el imbécil de McDonall. Lo miré, como me encantaría hacerlo caer de su yegua y ver si así se le quita lo impertinente. 

 

—Mis felicitaciones Lord McDonall, pero para la próxima no habrá empate alguno, yo ganaré —él solo me miró con burla.

 

—Con gusto acepto su desafío, señorita Blaze —responde con su estúpida sonrisa. 

 

Gruño enojada, detesto perder mucho más si es contra un hombre tan presumido como éste. Alaric es el tercero en cruzar la meta, y solo se ríe de mí.

 

—¿¡Y tú de que te ríes!? —pregunté de forma brusca, pero Alaric no dejó de reírse.

 

—Por fin apareció alguien que puede vencerte en una carrera, eso me hace muy feliz —le pego un fuerte golpe en el brazo —Ni siquiera golpeándome harás que pare de reír.

 

La carrera termina y la madre de Alaric, Romina Grayson, viuda del viejo Duque Wistol, anuncia que es hora de cenar. Pasamos a la casa y la gran mesa del comedor está adornada con flores, junto con la más fina vajilla de porcelana. Nos sentamos a la mesa y Alaric como buen compañero, se sienta a mi lado, ambos nos miramos con una gran sonrisa. La señorita Barbara, la cual se ha mantenido callada desde que llegamos, se sienta al lado de Alaric.

 

—Tu madre con cada cena que organiza, no para de sorprenderme por su hermosa decoración Alaric —le susurro impresionada. 

 

—Ella es muy perfeccionista en el ámbito de mantener las apariencias —susurra a mi oído, mientras él me habla, me incomodo por la fuerte mirada que me está traspasando como una espada. 

 

Esa mirada le pertenece al Lord Heronimo McDonall, ¿Qué le pasa a ese hombre? ¡No me gusta que me miren fijamente!

 

—Duque Wistol —miramos a la duquesa Isabella Navarro, una mujer treintañera muy hermosa, de finos cabellos rojos —Dígame Milord, siento mucha curiosidad ¿Está planeando casarse?

 

Alaric y yo nos atragantamos al mismo tiempo con el vino. Barbara me da pequeños golpes en la espalda.

 

—Es... muy ¡hum!... pronto para eso duquesa Isabella —responde mi pelirrojo amigo, intentando calmar su tos.

 

—Pero usted ya tiene veintiséis años Milord, es un hombre guapo con un título ¿Por qué no casarse ya? ¿Qué opina usted lady Blaze? —Todas las miradas en comedor pasan a centrarse en mi persona.

 

—Duquesa... Yo.... 

 

—¡Señorita Blaze! No es necesario que hable —me interrumpe Alaric —Milady, no pienso en el matrimonio en estos momentos, tal vez dentro de unos años lo considere.

 

—Pero hijo, la duquesa tiene razón, eres guapo, joven, pienso que ya es hora de que te comprometas —Alaric miró furioso a su madre, lo conozco suficiente para saber que odia que decidan por él, otra razón por la que somos muy buenos amigos, pensamos de la misma forma.



Gabriela aramillo

Editado: 08.12.2018

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