Indominable y Perfecta... 1# Saga: Siempre Juntas

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Capítulo 13

Verónica.

 

Me despierto un brazo se aferrado a mi cintura, me volteo a ver a Heronimo sus ojos están cerrados y puedo apreciar su rostro dormido, su ceño por lo menos no está fruncido. Su cabello esta desordenado y sus labios entre abiertos.

 

Sonrío por lo bonito que se ve de esta forma.

 

—Me gusta verte dormir, pero prefiero cuando estas despierto y puedo apreciar tus ojos y tu ceño fruncido —susurro para no despertarlo.

 

—Gracias —responde con los ojos aun cerrados—Me encanta despertar por las mañanas contigo admirándome, susurrando cosas bonitas —él me acerca más a él y besa mi frente.

 

—Hay que avisar a mis padres que estoy bien.

 

—Y a las autoridades, lo que te hizo esa mujer no puede quedar impune, pudiste morir por culpa de ella —dice Heronimo con su ceño fruncido y beso su frente.

 

—Deja de fruncir el ceño, te pondrás viejo —le digo con una sonrisa —Por cierto, esto no te lo he preguntado pero... ¿Cuántos años tienes?

 

—Adivina.

 

—Soy mala adivinando ¡Dímelo! —suplico haciendo un puchero, él se ríe de mí.

 

—Veintiocho años —sacando cuentas me lleva... nueve años de diferencia —¿Acaso soy demasiado viejo Lady?

 

Pregunta de forma burlona.

 

—Para algunos si eres un poco viejo sin ofender.

 

—Lo dices después de que ya me ofendiste —dice él y una risa que se me escapa.

 

—Pero a mí no me importa.

 

En ese momento tocan la puerta y Heronimo gruñe.

 

—Interrumpe mi mejor momento de la mañana, ¡¿Qué quieren?! —dice desde la cama sin soltarme.

 

—Milord disculpe la molestia, solo quería saber ¿su prometida y usted bajaran a desayunar? —Heronimo me mira y antes de que diga algo, me le adelanto.

 

—Estoy que muriendo del hambre, así que sí —digo con una sonrisa que él me devuelve.

 

—¡Berta dentro de un momento bajamos! —la mujer llamada Berta no dice nada más, supongo que ya se habrá ido.

 

—Una pregunta ¿Qué usaré? Porque no pienso bajar al comedor con solo tu camisa cubriéndome —él sonríe.

 

—Aunque me encantaría verte con mi camisa puesta todo el día, mi tío de seguro esta abajo y no quiero que vea tus piernas al desnudo —dice con su mano acariciando mi muslo —Eso solo lo voy a hacer yo.

 

—¡Vamos ya deja los juegos! ¡Levántate!

 

—Solo si me das un beso —dice con una sonrisa.

 

—Bien, solo para que te levantes —mis manos acunan su rostro y lo beso saboreando su boca.

 

—Otro más —pide como si fuera un niño y lo vuelvo a besar —Uno más.

 

Niego divertida y lo vuelvo a besar pero esta vez él alargar el beso, su mano viaja debajo de la camisa acariciando mi espalda. Separo nuestros labios.

 

—Creo que ya ha recibido muchos besos por hoy Milord —digo con una sonrisa.

 

—Nunca son suficientes, solo uno más.

 

—¡No! Si sigo estaré todo el día en tu cama ¡Ya suéltame! —él se ríe y no hace más que aferrarse a mí, impidiendo que nos separemos.

 

—Adoro sentir tu cuerpo junto al mío, pero tienes razón si sigo así no te dejaré abandonar esta cama en todo el día —él me suelta y se levanta, dándome una perfecta vista de su ancha y fuerte espalda, se pone unos pantalones negros, una camisa blanca y sus botas.

 

—Mandaré que te traigan algo ropa para que bajes a desayunar —se acerca y me besa por última vez en la frente para después salir de la habitación.

 

El encontrarme sola me ayuda mucho aclarar mis pensamientos, me estrujó los ojos y me levanto de la gran cama de Heronimo. Mis piernas cuelgan de ella por lo alta que es.

Mis pies tocan el suelo frío, lo único que llevo puesto es una camisa de Heronimo, me queda gigante y llega por encima de las rodillas. Me acerco al gran espejo de la habitación, mi aspecto no es tan grave como pensaba pero se notan unas pequeñas marcas alrededor de mi cuello y un hematoma en mi mejilla.

 

—¡Desgraciado!... ojala que nunca nos volvamos a ver las caras —digo recordando al apestoso Stan en ese cuchitril inconsciente, como lo dejé.

 

Mis pensamientos se ven interrumpidos por el golpe de alguien a la puerta.

 

—¿Milady?—es la voz de la mujer de esta mañana.

 

—Adelante —la puerta se abre mostrando a una mujer mayor como de cuarenta años, regordeta con cabello oscuro recogido en un moño alto y piel oliveca.



Gabriela aramillo

Editado: 08.12.2018

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