Inefable

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Capítulo 1

3 meses antes....

El clima de estos días ha estado muy fresco, gracias al amable señor del restaurante de a lado los niños y yo tenemos con que cubrirnos del frío.

Lo que menos quiero es que se enfermen y claramente menos yo si no, quien les traería comida?.

Kira  y Abel son dos pequeños que prácticamente toda su corta vida han vivido en la calle.

Kira había sido abandonada en un basurero a la edad de dos años. Mientras que Abel, bueno, cuando lo encontré tenia unos siete años y tenía muchos golpes en el rostro.

Kira  es una pequeña de ocho años, debido a las condiciones en que vivimos, es delgada, claro, menos que Abel y yo. Kira tiene su cabello rubio y ojos azules, es una niña muy hermosa y muy inteligente.

Abel es mayor que Kira, el tiene trece años, siempre trata de que Kira y yo comamos antes que el, y si es el caso, prefiere no comer. Ambos niños son muy inteligentes, Abel siempre nos ha considerado como su familia, sus amigas y hermanas a las que debe de proteger porque el es el hombre. Abel tiene su cabello marrón y sus ojos son color miel.

Los quiero con todo mi corazón, daría mi comida de toda la semana para que ellos no pasen hambre.

En fin, cuando escucho que la puerta que esta a un lado del restaurante se abre quiere decir que es mi hora de levantarme.

Salgo de la "enorme" caja en la que duermo.

—Rayos...

Exclamó al sentir mi cuello y espalda Adolorida. Me estiro y hago algunos movimientos para que desaparezca el dolor. La rutina de siempre.

Después de hacer los movimientos de siempre me acerco al rincón del callejón donde hay un colchón individual y donde se encuentran dormidos Abel y Kira.

—Chicos...Ab...-Así le digo de cariño a Abel.-Kira, vamos es hora de despertar dormilones.

Poco a poco ambos van a abriendo sus ojos.

—Mmm....Que hora es?.-Pregunta una adormilada Kira.

—Es la hora de trabajar pequeña, sabes que si fuera por mi los dejaría dormir más tiempo pero...

—Es peligroso. -Me interrumpe y asiento.

Cada vez que iba a trabajar tenían que sersiorarme de que ambos estuvieran despiertos, no sabría lo que pasaría si alguien malas mañanas encontrara a dos pequeños dormidos e indefensos.

—Si pequeña. Ambos saben que hacer en el caso de que pasara algo. Me voy chicos, se ve que va a llover pronto, no quiero arriesgarme.

—Si. -Dijeron al unísono.

Bese la cabeza de ambos y me levante para ir de nuevo a la caja donde dormía, tome una guitarra y un sombrero que tenía.

Empecé a caminar hacia un parque que había cerca, normalmente iba un poco más lejos pero no me quería arriesgar, llovería pronto y no había donde cubrirme.

Me senté en una banca donde pasaba bastante gente lo cual no era normal.

Coloque el sombrero en el piso y empecé a afinar la guitarra. Una vez todo listo comencé a tocar.

Algunas personas me veían raro, algunas me ignoraban, y otras me barrían con la mirada, en fin.

Cuando empecé a cantar una que otra persona se detenía a ver y así hasta que tuve bastante publico, no había visto a tantas personas frente a mi.

El sombrero estaba atestado de dinero, eso me impulsaba a cantar notas altas, me costaba un poco de trabajo pero al fin, lo logre.

En cuanto termine la canción una ola de aplausos resonó en mis oídos. Dios mio, gracias por darme un buen día.

Le doy una y otra vez las gracias a aquellas personas que me apoyaron, aunque sea mínimo, siempre hace la diferencia.

Las personas comienzan a irse y yo estoy feliz, feliz porque por fin me podre ir antes con los chicos de lo esperado, podre darles de comer algo que ellos elijan por primera vez.

Tomo el dinero y lo guardó en la bolsa de mi gastado pantalón. Tomo el sombrero y me dirijo hacia hacia donde están los chicos.

—Hola Astrid.

—Hola señor Thomas.

El señor Thomas es una persona de la tercera edad, en estos años no he conocido a alguien tan amable y solidario que el. El es el dueño del restaurante que esta a lado del callejón en donde vivimos, cada que puede nos regala botellas de agua, un poco de comida, mantas y cuando podía, algunos libros. Sin el, no se que seria de Kira y Abel, le debemos mucho a Thomas.

—Regresando del trabajo?.-Thomas sabía que tocaba en los parques para darles de comer a los chicos.

—Si, hoy regreso más temprano.

—Te veo más alegre, a que se debe hija?.

—Hoy me fue muy bien en el parque señor, estoy muy contenta. Si me disculpa, llevare a los chicos a comer algo. -Me disculpo con Thomas.

—No te preocupes hija, ve y disfruta tu día con los niños. Nos vemos.

Me despido moviendo mi mano y camino rápido, no puedo esperar a ver las caras de Karin y Abel cuando les cuente como me fue hoy.

Me detengo al ras de la banqueta cuando veo un auto venir, me fijo de ambos lados y del lado contrario viene un auto así que me espero.

Una voz llama mi atención.

—Astrid!.



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En el texto hay: amor, hermanos, encuentros

Editado: 25.02.2019

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