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Capítulo 1

Bianca.

Siempre me sentí pequeña en una ciudad cómo Nueva York.

Los edificios parecen no tener límites en tamaño, son tan altos. Me muevo entre la masa de neoyorkinos, dónde nadie se mueve a un ritmo lento a pesar de la hora temprana de la mañana. Las personas están activas, y hablando por sus celulares. Escucho los familiares sonidos; los cláxones de los coches, los pitidos, y los murmullos. Acelero mis pasos, y cuando la luz al fin cambia a verde, cruzo la calle siguiendo la circulación del tráfico hasta hallarme a poca distancia del restaurante dónde trabajo.

El aroma celestial a café me da la bienvenida, y sonrío observando el interior. Trabajo en Estela's desde hace más de tres años. Su propietaria —Estela Lindgren —, es una buena mujer, y me ha dado la mano cuando más lo necesitaba. Soy una persona independiente desde los veinte, y aprendí a sobrevivir gracias a mi trabajo. Es un poco agotador, pero puedo manejarlo.

El restaurante está decorado con tonos marrones, y verdes. Hay mesas alineadas a lo largo de las paredes. Cuadros de grandes estrellas de la gastronomía decoran el interior, dándole un aspecto más elegante. Los clientes suelen ser generosos conmigo, y dejan excelente propina que van más allá de mis expectativas. No todos son tacaños, y tienen consideración. Molly; mi mejor amiga, y compañera de trabajo, suele decirme que mis faldas cortas, y blusa escotada ayudan en ese aspecto.

Música clásica se reproduce suavemente a través de los altavoces en el techo mientras me dirijo a la cocina, y saludo a los clientes más conocidos.

—¿Por qué tanto alboroto? —pregunto, viendo cómo mis compañeros se mueven de un lado a otro, un tanto impacientes.

Molly me mira, y aparta su cabello rojo de su rostro.

—Hoy tenemos bastante trabajo, Bee —dice, y empieza a ordenar algunas bandejas.

Estela entra por las puertas traseras observando el menú.

—¿Quieres un trabajo especial hoy, Bianca? —inquiere, y aparta sus ojos del bloc del menú.

Ni siquiera dudo en asentir.

—Por supuesto.

No me vendrá mal un poco de dinero extra.

—Tenemos una reservación a las seis, en la mesa tres —informa Estela —. Son hombres de negocios, y pidieron exclusivamente a alguien profesional, y experta con el menú, paciente, delicada —Eleva una delgada ceja rubia, y me observa —. Pensé en ti, Bianca.

Sonríe ampliamente, y le devuelvo la sonrisa.

—Gracias —musito.

—La propina será muy buena, créeme —Me guiña un ojo, y se cerciora de que todo esté en orden en la cocina.

Molly me da un codazo.

—Oye, Bee.

—¿Sí?

—¿Cómo va todo con Daniel?

Daniel es mi hermano de quince años. Desde que mis padres murieron, quedó a mi cargo, y es un adolescente bastante rebelde. Lidiar con él no ha sido fácil. Esta semana recibí varias llamadas de la directora de su secundaria. Daniel, y sus amigos decidieron rociar pinturas en sus aulas, y le pusieron una goma de mascar en el cabello a la maestra Montgomery. Tuve que suplicar para que no lo expulsaran, y afortunadamente no lo hicieron. Si continúa con sus actitudes criminales, los trabajadores sociales lo enviarán a un reformatorio, y es lo que menos deseo. Mi hermano es lo único que tengo en este mundo, aparte de Molly.

—Él sigue haciendo sus travesuras —respondo, y rodeo mi cintura con un delantal —. Pero estoy segura que entrará en razón. Tendrá que madurar tarde o temprano.

—¿Has considerado en contratar a alguien para que lo cuide mientras trabajas? —pregunta Molly, y niego rápidamente.

Daniel jamás permitiría que contrate a una niñera para cuidarlo. Tampoco puedo permitirme gastar más dinero, incluso con un trabajo a tiempo completo de camarera, el dinero a veces no me alcanza; necesito pagar el alquiler, y varias deudas.

—No, él no es ningún niño —digo, atando mi cabello en una coleta alta.

—Si necesitas algo, sólo dime.

—No te preocupes, amiga, estaré bien.

Molly nunca me ha defraudado, y me refiero a nunca. Nos conocimos cuando empecé a trabajar en Estela's y desde ese momento hemos sido inseparables. Ella llora en mi hombro cada vez que alguien la defrauda, y siempre me escucha cuando más la necesito. Para nadie es un secreto que mi situación económica no es la mejor. Desde que mis padres murieron, todo mi mundo se derrumbó. Caí, y aprendí a levantarme nuevamente. Busqué trabajo, y salí adelante criando sola a mi hermano menor. Cada uno de mis sueños fueron olvidados, ya no tuve la oportunidad de estudiar, pero no me arrepiento. Cada vez que veo a Daniel comiendo algo saludable, y vestido con ropa decente, me siento feliz.

Olvido mis pensamientos, y me pongo al día. Aprieto el delantal alrededor de mi cintura, y empujo las puertas dobles hacia el comedor, sonriendo a los clientes, y preguntando que desean comer. Durante la mañana hasta la media tarde, atiendo a una buena multitud, y recibo más de cien dólares en propina. Alrededor de las seis de la tarde, Estela me ordena que esté lista para servir a los empresarios que tienen una reservación especial.



Jessica Rivas

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En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

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