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Capítulo 2

Dean.

Una semana después.

El sonido de las hélices me da la bienvenida en el momento que la puerta del avión se abre. Aflojo mi corbata, y me pongo de pie caminando con calma. Después de un viaje agotador, es bueno estar nuevamente en casa.

—Espero que haya tenido un buen vuelo, señor Dietrich —dice Teresa, mi azafata personal.

—Hasta pronto —murmuro.

El chirrido de los motores se hace más fuerte mientras aterriza otros aviones. Hace una semana cerré un trato importante en Japón, y estoy más que orgulloso. Mi negocio lo único que ha dado fue buenos frutos. Dedicarse al transporte comercial de pasajeros es agradable. Siempre me ha gustado viajar, y mi curiosidad por conocer cada rincón del mundo es inmenso. He sido paciente, trabajando sin descanso, y le di nombre a mi apellido. Un nombre que las personas conocen, y temen.

Durante más de veinte años este negocio ha sido fundada por mis ancestros, y es mi deber mantenernos en la cima. Nuestra base principal de operaciones se encuentra en New York. Aunque no me dedico justamente en el mercado aéreo americano, también en varias partes del mundo. Este negocio es mi sustento, mi estilo de vida, mi pasión.

Mis pasos no ceden en ningún momento a medida que bajo de las escaleras, y me acerco a la limusina. Me escabullo en el asiento trasero para dirigimos a mi mansión.

—¿Tuvo un buen viaje, señor? —pregunta Dexter mientras salimos del aeropuerto.

—Ha sido más que satisfactorio —respondo —. ¿Cómo has estado, Dexter?

—Más que bien, señor. Gracias por preguntar.

Compartimos una mirada a través del espejo retrovisor, y luego se limita a conducir. No tengo muchos amigos, pero considero a Dexter cómo uno. Me ha acompañado durante más de diez años, y confío en él.

Sacando mi iPhone de mi bolsillo, hago clic en mi bandeja de entrada y respondo los últimos mensajes de correo que confirman las reuniones, y los eventos. Ser dueño de tu propio negocio es un trabajo duro, pero me encanta. Esta empresa es mi vida, y tengo a los trabajadores más leales conmigo. Me alejé de idiotas que no sirven, y no suelo desperdiciar mi tiempo en personas que no valen la pena.

Una inquietante sensación me invade mientras recuerdo a Bianca. Sorprendentemente, estoy deseando volver a verla. Froto mi sien mientras recuerdo sus ojos azules, y el rubor en su rostro mientras la observaba fijamente.

Bianca es una mujer hermosa e interesante.

No puedo evitar sentirme intrigado por su vida. Parezco un maldito acosador, pero necesitaba un recordatorio de quién es realmente ella. Conozco a la familia Mills desde hace años, y sé su trágica historia.

Su padre fue asesinado por ajustes de cuentas, y su madre se suicidó porque no podía cargar con tantas deudas. La familia de Bianca fue declarada en bancarrota hace cinco años.

La prensa nunca ha sido capaz de probar que Charles Mills lidiaba con personas peligrosas, narcotraficantes, sicarios, y por supuesto la mafia. Tenía inmensas deudas encima, y pagó muy caro involucrarse en este negocio.

Continúo leyendo, y mis ojos se quedan más tiempo en una foto de Bianca dirigiéndose al restaurante donde trabaja. Me parece realmente irónico que haya pasado a ser hija de un empresario financiero que lo tenía todo, a una mesera de tiempo completo.

—Dexter —digo, apartando mis ojos del celular.

—¿Señor?

—Cambio de planes, llévame ahora mismo al restaurante Estela's.

Dexter no me contradice, y hace lo que le pido cambiando de dirección. Mientras observo fijamente el tráfico de New York, pienso lo que me atrae de Bianca. Ella tiene lo que busco, algo que su padre lo ha mantenido oculto durante años. Tengo que encontrar formas para obtenerlo, encontrar alguna pista. Es demasiado valioso, y sé que es la única que puede ayudarme. Tengo que ganármela para obtener lo que quiero.

🍷🍷🍷

Dexter al fin detiene la limusina frente al restaurante media hora más tarde, y aliso mi chaqueta antes de bajar. Es hora de comer, y el restaurante está repleto de personas. Cuando pongo un pie dentro, cada cabeza gira en mi dirección, pero hago de cuenta que no lo noto. Me pongo cómodo en la mesa seis, y me toma sólo dos segundos encontrarla. Está sirviendo una mesa con la ayuda de una pelirroja con maquillaje gótico. Mis ojos no pueden evitar deambular por su cuerpo.

Su uniforme consiste en una pequeña falda azul corta, y un escote blanco. El delantal destaca su diminuta cintura, y tiene la atención de todos los clientes masculinos. Su cabello café está atado en una cola de caballo, y cuando camina, su falda chasquea tentadoramente alrededor de sus muslos.

La pelirroja le da un codazo, y ella se voltea encontrándose con mis ojos.

Se queda petrificada, y luego aparta rápidamente la mirada. Intento parecer desinteresado, y saco mi celular de mi bolsillo mientras observo mis redes sociales. Oculto mi sonrisa cuando al fin se digna a atenderme.

—Es bueno verte, Bianca —digo.

Ella evita mirarme.

—Señor Dietrich —balbucea, y aprieta con fuerza la pluma que sostiene entre sus dedos —. ¿Qué desea comer?



Jessica Rivas

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En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

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