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Capítulo 12

Dean.

La palabra linda no es suficiente para describirla. Ella es preciosa. Sus ojos azules son grandes, las pecas se esparcen en el puente de su pequeña nariz, sus labios son de un cálido color cereza, llenos y mullidos. El tipo de labios que pueden enloquecer a un hombre.

Sé que es mi oportunidad de tomarla con la guardia baja. Está vulnerable, y bajo efectos del vino, pero no quiero hacerla mía de esta forma. Quiero que sea inolvidable para ella.

―¿Qué estás pensando? ―pregunto.

Ella suspira, y mira fijamente la hermosa vista que nos ofrece la terraza de mi casa.

―Que no sé nada sobre ti ―responde ―. No sé quién eres realmente.

―Puedes preguntarme todo lo que quieras.

―¿Por qué yo? ―inquiere ―. Eres un hombre atractivo, interesante, y apostaría que hay miles de mujeres haciendo fila para estar contigo, ¿por qué yo?

Su pregunta me toma con la guardia baja, y elevo una ceja. Me desconcierta cuando la culpa se arrastra en mí, entumeciendo cada sentido de mi cuerpo. Yo más que nadie sé que quiero información valiosa de Bianca, pero también deseo más.

La quiero a ella.

Mi ángel y demonio están en guerra. El demonio me suplica que la haga retorcerse de placer, hacerle cosas que nunca ha imaginado. ¿Pero mi ángel? Mi ángel está gritando. Quiere que las imágenes de mi mente se quemen, quiere que aleje a Bianca por su bien. Pero ignoro al ángel, y le doy la bienvenida al demonio. Nunca me arrepentí de mis acciones, y no empezaré ahora.

—Porque eres hermosa, tan enérgica como tierna, luchadora, y brillante.

—¿Eso es bueno malo?

—Absolutamente bueno, son las cualidades que busco en una mujer.

Se mantiene de pie, y en silencio, observando fijamente el océano. Pongo un dedo debajo de su barbilla, obligándola a mirarme. Paso mi pulgar sobre el sonrojo en sus mejillas, el rosa de su carnoso labio inferior.

—Sé que ahora mismo soy sólo un extraño para ti, pero cuando empecemos a relacionarnos más, conocerás mi parte más real.

Me sorprende que las palabras salgan con tanta naturalidad de mi boca. Supongo que es el efecto que provoca sólo Bianca Mills.

—No eres cualquier extraño —dice ella —. Me ayudaste cuando más te necesitaba.

Me tenso.

—No quiero que hagas esto por agradecimiento, o porque te sientes comprometida.

Ella se ruboriza.

—No es lo que piensas —aclara rápidamente —. Tú también me gustas, Dean, quiero hacer esto por mí, realmente quiero intentarlo.

Ninguna mujer con la que he estado es tan suave, y sincera como lo es Bianca. Porque mirando hacia sus ojos azules, todo lo que puedo ver es sinceridad.

—Pero... —dice, y hace una pausa.

—¿Pero?

—¿Seré la misma cuando esto termine? —pregunta.

Le sostengo la mirada sin estar seguro de qué decir.

—No pienses mucho en ello, yo no lo hago. Estaremos juntos sabiendo lo que queremos exactamente.

Traga saliva.

—Probablemente es la peor decisión que he tomado —sonríe —. Pero no me arrepiento. Quiero estar contigo, Dean.

Tengo que besarla nuevamente.

Mordisqueo su barbilla, y beso su cuello antes de llegar a su boca. Nuestras lenguas se encuentran, y gime, agarrando la parte delantera de mi camisa. Siento el momento en que cede, y mis manos tocan sin vacilación su redondo trasero. Aparto mi boca, deslizándola a su oído. Mi respiración sale jadeante, así que me encuentro sin aliento cuando hablo —: Quiero comerte desde la primera vez que te vi. Realmente quiero comerte, Bianca.

Me besa nuevamente, enredando sus dedos en mi cabello. Toco la piel desnuda de su espalda descubierta por el vestido. Su piel es más suave que la seda.

—Espera... —susurra deteniéndome.

Lo hago, y miro sus labios hinchados por nuestro beso.

—No me acostaré contigo esta noche —dice.

Por alguna razón, eso me hace sonreír. No puedo recordar cuando una mujer me ha hecho esperar tanto tiempo, pero me gusta. Sólo la hace más tentadora.

—Bien, no me importa ir lento.

Me observa con una sonrisita.

—Gracias, es sólo que no he hecho esto desde hace mucho tiempo.

Eso llama mi atención.

—¿Cuándo fue la última vez que tuviste sexo? —pregunto sin rodeos, y sus ojos se agrandan.

—¿Importa?

—Es sólo una pregunta —murmuro —. ¿A ti te importa?

Mira sus manos.

—Es vergonzoso.

Lucho para no reírme.

—Dime, Bianca.

—Cinco años —Su voz sale como un chillido, y apenas puedo ser capaz de escucharla. Su rostro está tan rojo ahora mismo.

—Cinco años —repito —. Es mucho tiempo.

—Mis padres murieron hace cinco años, y nada fue fácil —explica —. Mi novio me abandonó cuando terminé como vagabunda en una calle. Tuve problemas más grandes que pensar en sexo. Confía en mí, me dediqué a trabajar para tener un techo, y comida para mi hermano menor.



Jessica Rivas

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En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

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