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Capítulo 17

Bianca.

Mi pulso retumba en mis oídos, y mi corazón late demasiado rápido. No puedo creer lo que acaba de decir. Estoy completamente perdida, y cayendo. Cayendo por este hermoso hombre cuyos ojos azules están mirándome fijamente. ¿Cómo puede ser posible que con un par de palabras me convierta en este desastre tembloroso? Aprieto mis manos contra sus hombros, necesitando algo sólido para agarrarme. A Dean le cuesta respirar, y se siente tan aturdido como yo.

—No soy un santo, Bianca —dice él, sacándome de mis pensamientos —. Estuve con muchas mujeres antes de conocerte.

Me siento como una estúpida, una novia celosa posesiva. Él desde un principio me dejó claro que esto es sólo sexo casual. ¿Entonces por qué me hierve la sangre imaginándolo acostándose en esta cama con alguien más? Ahora mismo quiero romper algo, y la calentura de hace minutos se ha esfumado.

—Lo sé —musito —. Soy un asco en este tipo de cosas.

Dean me da mi espacio, y me incorporo en la cama, mirando fijamente mis manos.

—He estado con un solo hombre en mi vida —confieso, sonando tímida —. William me lastimó de una manera que jamás podré olvidar, y no quiero pasar por lo mismo. Estoy aterrada de este sentimiento que provocas en mí.

—También me siento de la misma forma —admite —. Me gustas, Bianca, pero no puedo ofrecerte el tipo de relación que esperas de mí.

Un gusto amargo se instala en mi boca, y me quedo en silencio.

—No tengo tiempo para el romance. Consumiría mucho tiempo, y tengo muy poco. Disfruto de la compañía de las mujeres de maneras diferentes, pero no tengo espacio en mi vida para una pareja de verdad.

Sonrío.

—Podrías cambiar de opinión, ¿no?

Enarca una de sus cejas oscuras.

—Quizás.

Me siento en su regazo, y envuelvo mis brazos alrededor de su cuello. No olvido que está sólo en bóxer, y puedo sentir su erección entre mis piernas.

—Yo no juego, Dean.

Contiene el aliento.

—Yo tampoco.

—Quiero tomarme mi tiempo para conocerte un poco más, y tal vez... —Muerdo mi labio inferior, y él se ríe.

—¿Tal vez me dejarás tenerte?

—Ajá.

—Eres muy mala.

—Puedo serlo cuando quiero —coqueteo, y me aparto —. Y esta noche no tendremos sexo en una cama sucia.

—¿Qué opinas de mi auto? —pregunta en tono juguetón —. El capó es mucho más cómodo.

Una ola de timidez se apodera de mí de repente, mientras me imagino la escena; con mis piernas envueltas a su alrededor, y Dean dentro de mí.

—Esta noche no, Dean.

—Tus deseos son órdenes, amor.

Mi sonrisa no se borra, y Dean se pone de pie en bóxer para tomar el teléfono. No puedo dejar de mirar la forma que se flexionan sus abdominales mientras camina, o la forma redonda de su trasero. Dios, este hombre quiere volverme loca.

—¿Quieres algo de comer? —pregunta —. Puedo ordenarle algo al servicio.

Parpadeo lentamente, tratando de entender lo que acaba de decir.

—¿Eh?

—¿Quieres algo de comer? —Me observa con diversión.

—Sí.

Ordena por teléfono una tarta de chocolate alemán, y luego alrededor de dos minutos después tocan la puerta.

—Iré yo —Me pongo su camisa para ocultar mis pechos —. Tus atributos son muy visibles.

—No más que los tuyos.

Escucho la risa de Dean cuando abro la puerta, y acepto la bandeja que me ofrece una mesera de Space. Me observa con curiosidad cuando nota mi aspecto bochornoso.

—Gracias —sonrío.

Antes de que pueda observar al hombre en bóxer detrás de mí, cierro la puerta. El olor a chocolate que desprende la tarta casi me hace gemir.

—¿Segura que podrás con todo eso? —Dean mira la tarta.

Me encojo de hombros, y dejo la tarta sobre la encimera tomando un trozo.

—No comí nada en todo el día, por supuesto que puedo —afirmo.

Acepto la cuchara que me ofrece, y cavo en la densa tarta. Los ojos de Dean siguen mis movimientos, viendo cómo mi boca se cierra alrededor de la cuchara. Gimo, dejando caer la cabeza hacia atrás, y sus ojos se abren mientras traga.

—Deberías probarlo —musito, mientras mastico —. Es delicioso.

Dean excava en él, uniéndose a mí en la felicidad de chocolate. Veo como mastica lentamente, sin apartar sus ojos de mí. Doy otro mordisco, lamiendo el glaseado de chocolate de mi cuchara. A medida que mi lengua sale, su respiración se engancha, su pecho subiendo y bajando. Oculto mi risita, y él aparta mi tarta.

—¡Oye! —Me quejo.

—Lo estás haciendo a propósito.

Le doy una mirada inocente.

—¿Qué?

Aparta su mi camisa de mis hombros, y sonrío. Me toma por sorpresa cuando toma un poco de glaseado con su dedo, y luego lo expande por mis pechos.

—Ahora voy a probarte.

Mi respiración viene más rápido cuando inclina la cabeza, y luego su lengua lame los restos de chocolate. Él no tiene idea de cuánto me afecta ahora mismo. Todo mi cuerpo vibra con excitación, y enredo mis dedos en su cabello oscuro hasta que no hay nada de chocolate.



Jessica Rivas

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En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

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