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Capítulo 28

Bianca.

La escena frente a mis ojos me deja realmente sorprendida. Mara está llorando mientras abraza a Dean. Ella no tiene intenciones de dejarlo ir, y él le susurra palabras tranquilizadoras mientras acaricia su cabello.

Ellos. Juntos. Perfectos. Tan hermosos. Nunca he visto a Dean de ésta forma.

Tan humano. Tan vulnerable.

Me quedo en silencio, disfrutando este momento. Ver a Dean cariñoso con su hermana, me hace amarlo más. Dios, mi corazón se está derritiendo por él, y tengo miedo de que la víbora de su tía le arrebate a Mara. Dean cometió muchos errores dejando a su hermana sola en el internado, pero tengo la esperanza de que hará mejor las cosas a partir de ahora.

—Tuve que intentar quitarme la vida para que recordaras que existo —solloza Mara, y Dean la mira inescrutable —. ¿Realmente soy un estorbo?

Pongo una mano sobre mi pecho, sintiendo el dolor de esa pobre niña. Yo más que nadie sé lo que significa perder a tus padres. Mara lo ha perdido todo —tristemente también a Dean —, pero él ya está aquí.

—Mara —Dean hace una pausa sonando serio —. ¿Hiciste todo esto para llamar mi atención?

Oh, Dios. ¿Cómo puede ser tan insensible? Lo que menos necesita su hermana ahora mismo son sus reproches. Mara evita mirar a Dean mientras las lágrimas caen de sus ojos.

—Por favor, vete —suplica ella.

—Mara...

—¡Vete! —grita temblando —. No entiendes mi dolor, no me conoces, Dean. ¿Cuándo fue la última vez que nos vimos?

—Hace seis años.

—Genial —El resentimiento es evidente en las palabras de Mara —. ¿Al menos recuerdas la fecha de mi cumpleaños?

Dean suspira, y se pasa la mano por el pelo.

—Veintiocho de febrero.

Los labios de Mara tiemblan, y asiente.

—Nunca viniste —susurra —. Tú me olvidaste, Dean.

—Cariño, yo jamás te olvidaría.

—¿Por qué? —pregunta Mara limpiando sus lágrimas —. ¿Por qué me hiciste a un lado, Dean?

Silencio por parte de Dean.

Las lágrimas llenan mis ojos, pero no solo por él, sino también por Mara. Sé lo mucho que esta situación lastima a ambos. No tener a la única familia que te queda a tu alrededor es doloroso. Dean quizás alejó a Mara por razones muy fuertes, pero ella no lo entenderá en estos momentos. Está herida. Me sentiría igual, o mucho peor.

—Cariño, estoy aquí —Dean aprieta su mano —. Es todo lo que importa.

El cuerpo de Mara se sacude cuando solloza, pero termina asintiendo.

—Te extrañé —dice ella con una pequeña sonrisa —. He visto muchas fotos tuyas en internet.

Dean le devuelve la sonrisa.

—¿Sí?

Mara asiente.

—Era la única forma que tenía para informarme sobre tu vida.

Un nudo se instala en mi garganta, y tengo tantas ganas de abrazarla. Ella sólo veía a su hermano por medio de fotos, y eso me mata. Dean se aclara la garganta, y sus ojos azules se posan en mí.

—Quiero que conozcas a alguien —Le dice a Mara, y cada parte de mi cosquillea —. Bianca, ven.

Me acerco a Mara con una sonrisa en mis labios. Ella limpia sus lágrimas, y me mira con curiosidad. Me doy cuenta cuán parecida es a su hermano. Mara es hermosa con su cabello oscuro, piel bronceada, y ojos azules. Es la versión femenina de Dean. La única cosa que lo diferencia es que ella tiene un pequeño lunar en la esquina de su boca.

—Hola, cielo —sonrío —. Es un placer conocerte, soy Bianca.

Ella sonríe ampliamente.

—¿Eres la novia de Dean? —pregunta.

Muerdo mi labio, y asiento recordando que Dean me presentó de esa forma ante su tía.

—Sí —susurro —. Espero que podamos llevarnos muy bien. Compré algo para ti.

Rebusco en mi bolso la caja de chocolates que le compré, y los ojos de Mara brillan con emoción.

—Mi tía Martha dice que no es saludable comer eso —dice, pero no aparta sus ojos de la caja.

Miro a Dean, y él se encoge de hombros.

—Ella no tiene que saberlo —Me siento en el borde de la cama —. ¿Te gustan los chocolates?

Asiente, y no dudo en abrir para darle uno.

—De hecho, son mis favoritas —Su hermosa sonrisa es tan contagiosa —. Gracias, Bianca.

—Puedes llamarme Bee.

—Bee —repite ella —. Me gusta. Eres muy bonita, Bee.

Pongo un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.

—Gracias, pero no tanto como tú —musito sin borrar mi sonrisa.

—¿Me has visto? —pregunta —. No he tenido tiempo de arreglarme. Lo habría hecho si supiera que mi hermano vendría.

Escucho la risa de Dean.

—Las niñas de tu edad no se maquillan —murmura Dean, y Mara pone los ojos en blanco.

—Mis compañeras del internado se maquillan siempre. Incluso han besado chicos.

La sonrisa de Dean se borra.

—¿Has besado a algún chico? —Le pregunta a su hermana, y me río.



Jessica Rivas

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En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

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