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Capítulo 34

Dean.

Rebecca no obtendrá lo que quiere de mí. Está equivocada si piensa que caeré en sus manipulaciones. Al parecer ha olvidado que nadie sale vivo si se atreve a meterse conmigo. Con los nervios carcomiéndome, me digo a mí mismo que aún existe la posibilidad de salvar mi relación con Bianca.

Ella sabrá los verdaderos motivos que tuve, y todo estará bien entre nosotros. No puedo darme el lujo de perderla. No cuando es la que me mantiene vivo todos los días. Amo a esa mujer, y lucharé por ella cueste lo que cueste.

Sacudo mi cabeza, y cuidadosamente cierro la puerta del baño tratando de no despertar a Bianca. Empiezo a buscar entre mis contactos el número de Sebastián. Sabía que esa loca no iba a quedarse tranquila, pero yo mucho menos.

Está molestando a la persona equivocada.

Envía a la policía en la bodega de Queens. Ellos sabrán que encontrar.

Presiono enviar, y mis labios se curvan en una sonrisa maliciosa. ¿Rebecca quiere jugar? Bien, vamos a jugar.

🍷🍷🍷

Veo a Bianca moverse por la habitación mientras termina de ponerse la ropa. Siento que no puedo tener mis manos quietas cuando se trata de ella. Quiero más. Lo quiero todo. Todo lo que tenga para ofrecer. Quiero aprovechar cada segundo, y no dejarla ir nunca.

—Mañana hablaré con la directora para que ingresen a Daniel en el internado —Me aclaro la garganta, mirando su cuerpo —. Hoy podemos comer en la ciudad.

Me mira sobre su hombro, con una suave sonrisa en sus labios.

—Me dijiste que iríamos a una cita.

Me acerco a ella, envolviendo mis brazos alrededor de su cintura, incapaz de resistir el calor físico que proporciona.

—Te llevaré a comer hoy —digo inhalando su cuello —. Solos tú y yo.

—¿Qué hay de Daniel y Mara?

—Se quedarán aquí, quiero estar a solas contigo.

Se gira hacia mí. Su mirada suave se fija en la mía, y puedo decir que está recordando las cosas que suceden cuando estamos a solas.

—Bien.

—Ponte algo sexy.

Suelta una risita mientras la acorralo contra el armario. Incapaz de resistir la tentación de tocarla, paso mis dedos a lo largo de sus brazos expuestos, acariciando delicadamente su piel suave. Estoy deseándola como una droga.

—Por favor, deja de tocarme o nunca saldremos de esta habitación —suplica entre risas.

Levanto ambas manos en señal de paz.

—Soy adicto a ti —Me justifico —. Quiero tocarte, y hacerte el amor cada segundo.

Prosigue a ponerse una falda corta blanca, y una blusa amarilla.

—Esto no está bien —susurra sin borrar su sonrisa.

Mi ceño se frunce.

—¿Qué?

—Me he vuelto dependiente a ti —Hace una pausa, y suspira —. Todo lo que quiero es estar a tu lado, Dean.

¿Y qué hay de mí?

—Me siento de la misma forma, Bianca.

Toca mi mejilla, y me mira a través de sus largas pestañas. 

—Pienso cada segundo si lo nuestro será lo mismo cuando confieses tus secretos.

Me tenso, mi sonrisa borrándose al instante ante sus palabras.

—Eso depende únicamente de ti, bebé. Si tú me quieres a tu lado, así será por siempre.

Mirándome con ardientes ojos azules, Bianca asiente, y deja escapar un pequeño suspiro feliz.

—Te amo.

Acuno sus mejillas con ambas manos, besando esa boca que me tiene tan loco.

—Te amo con todo lo que soy, Bianca Mills.

Cada palabra que abandona mis labios es más que sincera. No volveré a dudar jamás de mis sentimientos. Bianca es todo lo que quiero. Con su dulce naturaleza, su fuerza, su inocencia, me está haciendo añicos.

La envuelvo en mis brazos y se aferra a mí. Me acerqué a ella por interés, pero todo ha cambiado muy drásticamente. Hoy puedo decir que estoy profunda, y locamente enamorado de esta mujer. Me siento como si me hubieran cortado en dos, dejándome crudo y vulnerable, inseguro de mí mismo por primera vez en mi vida. Es aterrador, sin embargo, no cambiaría este sentimiento por nada del mundo.

🍷🍷🍷

Bianca.

El restaurante con terraza es hermoso, y discreto. Mesas negras de hierro forjado, y sillas con cojines mullidos de color vino, y el gran ventanal con vista a las calles de Londres completan el espacio. Por encima, el cielo azul está soleado, pero el aire se siente fresco.

Dean sugiere un vino blanco de un viñedo local y cuando llega, nunca he probado algo tan ligero y refrescante. En todo momento estamos mirándonos, y sonriendo como idiotas enamorados. El sabor del vino me pone ansiosa de él, pero no puedo ir allí. No lo haré. Mi cuerpo ya me ha traicionado saltando a la vida cuando está cerca. Cuando me ayudó con la silla, su mano rozó la parte inferior de mi espalda. Dejó un hormigueo en mi piel. Y cuando deslizó la silla en frente de mí, su altura e imponente presencia causó que mi corazón latiera como loco dentro de mi pecho. Tengo que controlarme.

Sus ojos recorren mi piel. Mis hombros desnudos están expuestos gracias a la blusa escotada, y mis pechos resaltan. Me alegro de que Daniel y Mara hayan quedado en la haciendo. Sería muy incómodo que vieran la forma que estamos comiéndonos con la mirada.



Jessica Rivas

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En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

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