Infame ©

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 36

Dean.

Pocas veces he llorado en mi vida adulta. La última vez fue cuando mataron a mamá frente a mis ojos, y vi su cuerpo en un ataúd. Esta noche tampoco soy valiente, y las lágrimas son incontrolables mientras caen de mis ojos. Aunque no es nada comparado con el enorme abismo que se extiende sobre mi pecho. El dolor empuja hacia afuera de mi corazón, por mis huesos, y mis venas.

Duele.

Trato de alejar la horrible opresión, pero este sólo crece. Está sofocándome. La perdí, y debería resignarme, pero no puedo. La amo tanto. Ella se ha convertido en mi mundo. La fea escena se reproduce en mi mente. Bianca llorando, diciéndome que no puede perdonarme. El dolor en sus hermosos ojos azules.

Estoy desesperado. La he perdido.

La derrota nunca se ha sentado bien conmigo. Los juegos van, y vienen. A veces ganas, a veces pierdes, pero esto no es un juego. Los sentimientos están involucrados, y tengo la certeza de que jamás superaré a Bianca. Ella es única e irremplazable. Ha logrado entrar en mi corazón, y dudo mucho que salga de ahí.

La amo.

Mi mano tiembla cuando alcanzo una botella de whisky. El sabor es nauseabundo para mí, amargo, y apagado, pero me lo trago.

Entonces enloquezco.

Mi visión se vuelve roja como algo caliente que surge desde mi cuerpo. La botella en mi mano vuela por el aire, rompiéndose en una explosión de color marrón brillante. Empiezo a golpear lo primero que encuentro. La mesa, la silla, la maldita lámpara, las paredes. Mi garganta se encuentra en carne viva debido a mis gritos. Maldigo entre dientes, jalando con fuerza mi cabello, recordándome a mí mismo que la única culpable de esto es Rebecca. Ella lo arruinó todo. No permitió que disfrutara los últimos días que tenía con Bianca.

Perra maliciosa.

Un odio venenoso me consume, y trato de respirar mejor, pero no puedo. Mis nudillos están sangrando debido a que he golpeado demasiadas veces las paredes.

Esta situación me mata lentamente.

Mierda, todo lo que quiero ahora mismo es besarla, tocarla, decirle cuanto la amo, pero ella ni siquiera puede verme en estos momentos. No podré sobrevivir si me priva de nuestro amor.

¿Qué demonios voy a hacer?

Estoy luchando por respirar profundamente con la cólera atravesándome. Mi pecho se levanta y cae, mis dientes doloridos donde los muelo juntos. Y entonces, la rabia simplemente huye. Solo que me deja con algo peor, un dolor insidioso que no desaparece de mi pecho.

Me tambaleo hacia la ducha, y me quedo allí por mucho tiempo. En el momento en que puedo ponerme de pie de nuevo, mi garganta está inflamada y mi cuerpo débil. Lo único que soy capaz de pensar es en la forma que puedo deshacerme de Rebecca.

Esto no se quedará así.

🍷🍷🍷

No puedo dormir.

Sé que ella quiere estar sola, pero si mañana se irá, quiero tener el privilegio de volver a tocarla por última vez. Toco el pomo de la puerta, y me siento muy agradecido de que no le haya puesto el seguro. La luz de la luna se asoma por la ventana, y veo a Bianca dormir en la cama. Tan hermosa con su cabello castaño esparciéndose en las almohadas. Desde aquí puedo oler su dulce aroma. Muero por tocarla.

Con pasos sigilosos, me acerco a mi lugar en la cama, y sin dudar me acuesto a su lado. Mi respiración aumenta cuando ella se pega a mi cuerpo como si buscara mi calor.

—Dean...

—Shh... no me alejes, por favor.

Un pequeño sollozo abandona sus labios, y agradezco al cielo cuando no me aleja. Mis manos tocan su mejilla, y suspiro aliviado. Necesitaba sentir su piel contra la mía, o juro que iba a morir.

—Sé que te irás mañana, y todo terminará entre nosotros —susurro en la oscuridad.

—Es lo mejor.

—No.

—Dean, por favor.

La posiciono debajo de mí, y veo las lágrimas brillar en sus hermosos ojos. No puedo decir cómo se siente esto. Ya ni siquiera sé cómo me siento yo. Lo que sí sé es que lo he jodido, y que hoy puede ser el último día que vuelva a ver su rostro de nuevo.

—Te amo tanto —digo con un nudo en mi garganta —. No tienes ni idea de cuánto te amo.

Ella sacude su cabeza, sus ojos llorosos.

—Detente, Dean. Por favor —ruega.

Inhalo su aroma, necesitando desesperadamente cada parte de ella.

—Déjame sostenerte, y besarte por última vez —Es mi turno de suplicar —. Olvida todo por un momento. Por favor, Bianca.

—Dean...

—Te amo como no tienes ni idea.

Limpio la lágrima que resbala lentamente por su mejilla.

—Lo sé —musita con dolor.

—¿Puedo besarte?

Cuando asiente, me considero el hombre más afortunado del mundo.

Inclinándome, la beso con propósito y determinación para mostrarle lo que vale, lo que debe esperar para el resto de su vida, incluso si no es de mí. Muerde mi labio inferior, y luego desliza su lengua dentro de mi boca. Me besa con tanta fuerza que estoy seguro de que nuestros labios estarán magullados por la mañana.

—Te amo —digo entre besos, pero ella no responde.



Jessica Rivas

#534 en Novela romántica
#160 en Chick lit

En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar