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Capítulo 39

Bianca.

Mi cuerpo no ha dejado de temblar en todo momento. Un mal presentimiento me invade, y trato de volver a la realidad cuando Dexter nos abre la puerta. Mis ojos se abren ampliamente cuando veo alrededor de cincuenta hombres custodiando la casa. Está equipado con una gran fuerza de seguridad que cubre casi cada centímetro de la mansión.

Un largo tapado cubre mi cuerpo, y Dexter sostiene el paraguas mientras empezamos a entrar. La lluvia no tiene intenciones de detenerse, y sólo amarga más mi estado de ánimo. ¿Rebecca prófuga de la justicia? Esa idea me aterra, y aprieto la mano de Molly. ¿Qué trama esa mujer?

—¿Toda esta seguridad se debe a ella? —Le pregunto a Dexter.

Él asiente.

—Ella implica un gran peligro para usted, y su hijo.

Mi aliento se detiene, y comparto una mirada con mi mejor amiga. Ella luce igual de asustada que yo. Si esa mujer se atreve a lastimarme, juro que conocerá lo peor de mí. Soy una fiera cuando se trata de mi hijo.

—¿Por qué te lastimaría, Bianca?

Me tenso.

—Está obsesionada con Dean.

Ingresamos a la sala de estar, y Dexter cierra el paraguas.

—¿Dónde está Dean? —pregunta Molly —. Él debe estar aquí contigo. Esa loca anda suelta.

Me quedo en silencio cuando noto una figura intimidante en la sala. Pensaba que había exagerado su apariencia en mi mente la última vez que lo vi. Sigue siendo indiscutiblemente guapo, incluso fascinante, y me toma un minuto darme cuenta que no puedo dejar de mirarlo.

Dean está aquí.

Mi respiración es dificultosa, y trato de decir algo, pero nada sale. Me siento intimidada ante su mirada. Él controla muy bien el tema de la oscuridad, y la amenaza. Se dirige hacia mí en ese ridículamente atractivo traje de etiqueta, sus ojos fijos en los míos y sin indicación alguna de planear moverlos.

—Bianca —Su voz me llena de ansiedad.

Su voz...

He soñado con esa voz las últimas semanas. Tengo tantas ganas de besarlo, y abrazarlo, pero todo lo que hago es quedarme quieta. Molly se aclara la garganta sumamente incómoda.

—Hola, Dean —sonríe de manera tensa —. Iré por un té. Me imagino que ustedes necesitan privacidad.

Con mis ojos le agradezco, y ella se retira casi tropezándose con sus tacones. La puerta de la sala se cierra, y sé que Dexter también se ha ido. Dean mira mi estómago, y suspira aliviado. Ambos nos quedamos tan quietos como un maniquí.

—Necesitamos hablar.

Estoy tratando con todas mis fuerzas de no derrumbarme. Soy muy débil cuando se trata de él.

—Sí. Podemos ir a tu oficina.

Trato de sonar indiferente, pero fracaso terriblemente. Y antes de darme cuenta, toma mi cintura, acercándome a él. Sus manos ahuecan mi mejilla, y cierro mis ojos.

—Te eché de menos, cariño —susurra.

Cuando abro mis ojos, veo sinceridad, veo corazón, veo anhelo. El dolor enmascarado con nostalgia. Veo todo, y me caigo en un mar de anhelo. Caigo sin desear que me salven. Él es mi enfermedad, pero también mi medicina. No quiero resistirme a esto que siento. Lo necesito tanto. Sus labios están cerca, tan cerca que puedo sentir el calor viniendo de ellos. Deseo la suavidad de sus labios en los míos.

—Dean...

Un gemido angustiado sale de sus labios en el momento que pronuncio su nombre. Alzo la vista, viendo el dolor indescriptible de nuevo. Le estoy haciendo daño sin notarlo.

—Te extrañé —dice sonando sin aliento.

—También te extrañé —sonrío débilmente.

Entonces me besa.

Hago un ruido de sorpresa en mi garganta antes de que mis instintos tomen el control. No puedo evitar hundirme en su beso. Dean no es gentil. Es salvaje. Sus labios se presionan duro contra los míos, su lengua lamiendo, y acariciando la mía. Me abalanzo hacia él, devolviéndole el beso apasionadamente, mis dedos curvándose en su cabello mientras muerdo su labio.

¿Qué estoy haciendo?

No puedo detenerme. Lo amo tanto. Lo extrañé tanto.

Una lágrima resbala por mi mejilla mientras abro mis labios para él. Nuestros gemidos se mezclan, y puedo sentir su mano recorrer mi cuerpo. Está desesperado como yo. No puede tener sus manos quietas, y lo entiendo. Me siento de la misma forma.

El suelo se aleja de mis pies mientras Dean me levanta en sus brazos, y me lleva a su oficina. Hundo la cabeza en el hueco de su cuello, y suspiro. La puerta se cierra, y él me sostiene dulcemente sin intenciones de soltarme.

—Estoy aterrado —susurra, y se sienta en el sofá conmigo todavía en sus brazos —. Mierda, Bianca, Rebecca...

Presiono un dedo sobre sus labios.

—Sé que esa mujer anda suelta, pero ahora estás aquí.

El alivio es evidente en sus ojos azules.

—¿Me quieres aquí?

Asiento, y vuelvo a abrazarlo.

—Dean, te amo mucho. Yo... no puedo estar sin ti.

Él parece sorprendido por mis palabras.

—No pensé que dirías algo así.

Levanto la mirada hacia él.



Jessica Rivas

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En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

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