Infame ©

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[04]

Bianca.

Que alguien me pellizque. No, eso no es suficiente. Alguien necesita abofetearme por toda mi cara, repetidamente para que pueda despertar de una vez. ¿En qué estaba pensando? Esto no puede estar pasando. La culpa me golpea con brutalidad, y dirijo toda mi ira hacia el imbécil que se encuentra frente a mí.

William.

Empiezo a golpearlo en el pecho, y restregarle en la cara cuanto lo odio. Maldigo la hora que ha aparecido nuevamente en mi vida. ¿No se cansa de lastimarme?, ¿disfruta verme sufrir? Estoy entrando en una crisis. Me dejé llevar por mis emociones, y por la falta de afecto. ¿Cómo pude caer tan bajo? Sólo quería a alguien que me sostuviera entre sus brazos y me dijera que todo estaría bien.

Dean no merece esto.

—Nunca en tu vida vuelvas a tocarme, infeliz. Nunca me dirijas la palabra.

Trato de darle una bofetada, pero sostiene mi muñeca, y me mira con una sonrisa engreída. Lo odio tanto.

—Me devolviste el beso —dice sonando orgulloso —. Sé que aún sientes algo por mí.

Suelto un bufido, rodando los ojos con fastidio. ¿Existe alguien más imbécil que William?

—No eres el ombligo del maldito mundo, William. Me das asco, sólo asco. Te aprovechaste de mi estado para jugar conmigo una vez más. Sí, te besé porque soy una estúpida. ¿Pero sabes qué? En todo momento pensé en él, tú nunca podrás ocupar su lugar. Graba eso en tu cabeza.

Su agarre en mi muñeca se aprieta.

—¿Qué pensará tu novio cuando sepa que me besaste?

Una sonrisa asoma mis labios.

—¿Cuál beso? No lo disfruté en ningún momento —Levanto mi barbilla manteniéndome firme —. En cuanto a Dean, él me ama demasiado. Jamás me dejaría por una estupidez.

Me zafo de su agarre, y pongo la mayor distancia posible entre ambos. William sólo me mira enojado, y aprieta sus manos en puños.

—No intentes mentirte a ti misma, tú sigues queriéndome.

Está empezando a dolerme la cabeza. ¿Por qué sigo escuchando tanta basura?, ¿por qué permito que este desgraciado siga interfiriendo en mi vida? Solo está molestando, y ya me estoy cansando.

—Eres más patético de lo que creía —digo —. Si continúas molestándome, pondré una orden de restricción en tu contra.

Y finalmente me alejo de él, dirigiéndome al baño. Una vez dentro, apoyo mi cabeza contra la puerta, y cierro los ojos. Presiono una mano sobre mi corazón sollozando sin control.

Estoy aterrada.

Todo lo que he construido con Dean podría derrumbarse por una estupidez, y es únicamente mi culpa. La imagen de William besándome me provoca sólo asco. La náusea se propaga como una nube nociva en mi estómago. Trago saliva, mi boca salivando de una forma enfermiza.

Toco mi estómago, y corro hacia el retrete más cercano. Vomito todo lo que puedo mientras mis ojos se llenan de lágrimas. Vagamente me pregunto cuando obtendré un poco de paz. Quiero que Dean despierte de una vez, y seamos felices como siempre quisimos. Por favor, que ese momento llegue rápido. Por favor...

Aprieto mi puño en mi estómago, esperando aliviar algo de la presión. No puedo pasar por alto el hecho de que Michael Dietrich me vio con William en una situación bastante comprometedora. Ahora usará eso en mi contra, y estaré perdida.

🍷🍷🍷

Cuando siento que estoy lista para enfrentarme nuevamente a mi realidad, me encuentro con Mara, y Daniel en la habitación de Dean.

—Ella no se ha apartado de él en ningún momento —Me informa Daniel.

Mis ojos se posan en Mara quién tiene su mejilla apoyada en el pecho de Dean, y un par de lágrimas caen de sus lindos ojos. Mi corazón se rompe en diminutos pedazos, y muerdo mi labio.

—¿Qué ha dicho los médicos? —pregunta Daniel.

Agacho la cabeza.

—Piensan que Dean no despertará.

Daniel me toma entre sus brazos, y me abraza con fuerza. Soy reconfortada con sus palabras de aliento. Doy la bienvenida a la calidez que proporciona su muestra de afecto. Está abrazándome con seguridad, como si tuviera miedo de dejarme ir. Por un segundo, me siento bien, y ligera. Meto mi cara en su pecho, su olor me transporta a un lugar al que me gustaría volver —a mi infancia —. Una infancia dónde tenía el amor de mis padres, y era una inmadura que no comprendía cuán difícil es realmente la vida.

—No pierdas la fe, Bee. Él es fuerte.

—Lo sé, pero todo es tan complicado.

—Sé que las cosas son difíciles ahora, pero mejorarán. Siempre hemos superado cada maldita cosa mala lanzada hacia nosotros. Me tienes a mí, Bianca, a Molly también, incluso a Mara.

Me aparto de sus brazos mirándolo con una pequeña sonrisa.

—Gracias.

—Tú nos sacaste adelante durante cinco años. Sé que también puedes con esto.

Mi pequeño héroe.

—Lo siento, muchas cosas están pasando por mi mente, y no puedo lidiar con tanto, Daniel.



Jessica Rivas

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En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

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