Infame ©

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Bianca.

Las pesadillas me persiguen.

Ya no soy la misma. Toda esta situación me ha afectado bastante, y me cuesta salir adelante. Recuerdos de Molly muerta, y su madre culpándome me desgarra por dentro. Yo quise salvar a mi mejor amiga, realmente quise salvarla. Hice lo que pude, pero no fue suficiente.

Gabe la mató de la manera más cruel.

Los recuerdos de esa húmeda, y asquerosa habitación siguen en mi mente. Las palabras de Gabe, y el hedor que desprendía el cuerpo de Molly.

Molly...

La mayor parte del tiempo quisiera hundirme en mi miseria, pero el estrés no me hace bien. Menos a mi bebé. El pequeño Dean me necesita, y debo ser fuerte por él.

La vida sigue.

—No hagas trampa —sonríe Dean, y cubre mis ojos con sus manos —. No arruines la sorpresa.

Una pequeña sonrisa asoma mis labios, y asiento. Estos últimos días he sido muy dependiente de él. Dean ni siquiera fue a trabajar por quedarse a mi lado. Estoy siendo egoísta, pero la mayor parte del tiempo me siento aterrada. Temo que Gabe regresará, y hará mi vida miserable.

—No estoy viendo nada. Lo juro, amor —Me río.

Un beso es depositado en mi hombro, y después aparta sus manos de mis ojos.

—Ya puedes ver —señala Dean, pareciendo emocionado.

Lo que veo a continuación me deja sin palabras.

Es una habitación.

Las paredes son de color blanco con toques azules. La habitación carece de muebles, a excepción de algo.

Hay una cuna.

Miro a Dean con los ojos llenos de lágrimas.

—Es la habitación de nuestro bebé —sonrío —. Es hermoso.

Él me abraza por detrás, y ambos miramos la cuna con cariño. No puedo evitar imaginarme a un bebé ahí con ojos azules, y cabello rizado. Ese pensamiento me hace sonreír, y me dejo consentir por el amor de mi vida.

Necesitaba esto.

—Cuando te sientas mejor, juntos iremos a comprar el resto de los muebles —dice, y deposita besos en mi cuello —. Quiero que mi hijo tenga lo mejor.

Mi sonrisa es enorme, y miro la bolsa que se encuentra dentro de la cuna. Lo abro, y mi corazón se derrite. En el interior hay varias colecciones de calcetines.

Pequeños calcetines de bebés.

El tipo de calcetines que cubre mi dedo pulgar. Hay un par blanco cubierto por nubes azules. Otro par cubierto de sandías, helados, y personajes de comics.

—Esto es adorable —susurro emocionada —. Eres adorable, Dean.

Toma mi mano, y me guía hacia el enorme ventanal con vistas al mar. Miro a las olas chocar contra la arena de la playa, y digo que ahora es el momento.

El momento de ser feliz.

Las personas que intentaron dañarnos jamás volverán a acercarse, y nuestro hijo pronto nacerá.

—Tendré a mi primer hijo, y quiero ser un buen padre —Habla Dean, sacándome de mis pensamientos —. No fui bueno cuidando a Mara, y no planeo cometer ese mismo error.

Mi corazón se llena de orgullo, y viendo a Dean tan emocionado, olvido mis problemas, y me concentro en el amor de mi vida.

—Serás un gran padre, cariño —sonrío —. Nunca lo dudes.

—Eso espero —Besa mi frente —. Quiero hacerte la mujer más feliz del mundo, Bianca Mills.

Miro sus ojos azules, deseando que el tiempo pase lentamente, y me sumerjo en ellos. Él es hermoso en todos los sentidos. Puedo imaginarlo cargar a nuestro primer hijo, y mi pecho se hincha de felicidad.

—Lo haces todos los días. Te amo con mi vida, Dean Dietrich.

Y antes de que pueda decir nada, se inclina hacia mí, y me besa. Le devuelvo el beso, dejándole saber que no quiero que se detenga. Quiero más. Necesito más. Sus besos son increíbles. Siento su aliento sobre mis labios, y abro los míos, invitándole a entrar. Su lengua se mueve despacio alrededor de la mía, y su mano baja desde mi cuello a mi pecho, sosteniéndolo con suavidad mientras atormenta el centro con el pulgar.

Me vuelve loca.

—Te extraño —susurra entre besos —. Extraño hacerte el amor, y oírte gemir mi nombre.

Me aparto de su boca, jadeando en busca de aire.

—Estoy de regreso —afirmo, y presiono mi mano en su pecho dónde su corazón late con fuerza —. Pasé por situaciones horribles, pero debo superarlo para salir adelante. Mi familia me necesita.

Acaricia mi mejilla, pareciendo satisfecho por mi respuesta.

—Me hace feliz oír eso.

Se agacha, y luego me carga entre sus besos. Nuestras bocas no se apartan en ningún momento. Sus besos suaves pasan a profundos, y sensuales. Mi cuerpo está en llamas, explotando de sensaciones que no he sentido en días. Llegamos a nuestra habitación, y me deposita en la cama.

—Te eché de menos —repite sin aliento.

Muerdo mi labio, y toco el tirante de mi vestido.

—Demuéstramelo.

Sus ojos se oscurecen, y se quita la camiseta por encima de la cabeza, dándome una vista de sus abdominales. Cuando sus pantalones desaparecen, aprieto mis piernas sintiendo un cosquilleo en mi núcleo. Dean lo nota, y se ríe maliciosamente.



Jessica Rivas

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#141 en Chick lit

En el texto hay: amor, amor sexo romance

Editado: 03.09.2018

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