Infancias De Orfanato - Un Regreso A La Libertad

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2- La Epoca Dorada De La Feliz

El niño llamado Ivan, hace un par de pasos y cae al suelo, se pone de pie, se acomoda el cabello negro, apenas crecido. Alejandro intenta hacer un par de pasos y se agarra de la cama. Una señora de mediana estura, semi curvada, con un atuendo beige y pollera ancha que cae hasta los tobillos se acerca a verlos, a pesar de tener sus años no pierde la belleza en su rostro, ojos claros, cabello castaño y apenas ensuciada por el aseo que hace. Se ríe al ver que sus hijos caminan y se caen.

_¿Que hacen? Levántense, por más que me hagan ese teatro, van a ir a la escuela.

Ivan mira para todos lados sin entender nada de, donde está.

_Si, ya vamos -se toca el cuello, asustado.

_Alejandro, vestite y peinate bien -dice la señora.

_Eh... Si...

Cierra la puerta y ambos se miran un momento, solo para intentar comprender lo que están pasando.

_Man, ¿esto es real? -dice Alejandro.

_Si Joel, recién me pellizque... no sé qué hacemos acá o porque somos dos nenes.

_Cuando vayamos a la escuela, nos fijamos bien, no puedo creer nada, no sé quién es esa mujer.

_Capaz que sea nuestra madre o una niñera o no sé qué.

_Intentemos caminar man.

_Si, me siento liviano, con piernas débiles.

_Yo también, es re difícil.

Después de varios minutos logran salir de la habitación, ya vestidos con una camisa blanca, pantalones negros y un chaleco. La señora los ve y dice:

_Por fin salieron -les deja una taza a cada uno- ahí tienen la leche en la mesa.

Los dos se sientan, Ivan toma un poco, pero lo devuelve a la taza sin que se dé cuenta. Alejandro toma un poco y susurra.

_¿Qué pasa?

_No me gusta la leche, cuando era chico la deje para tomar café.

_No sé cómo podemos preguntarle, quienes somos a la señora.

_Terminen la leche y vayan a la escuela, es tarde. 
_Uy perdón -dice Iván- me olvide, donde es mi escuela, creo que no voy a ir -sonríe a Alejandro. 
_¡Bien, man! -piensa Alejandro.

_Otra vez estas actuando -dice la señora- que ¿también te olvidaste de tu madre?
_Si, ¡mi cabeza! -exagera y se tira al suelo.
La madre lo levanta y le limpia la cara con un trapo, mojado con su saliva. Ivan se queda quieto del asco y dice.
_¡No! ¿Qué haces loca?
Ella se queda boquiabierta y con los ojos tan grandes como dos pelotas de ping pong.
Alejandro intenta cortar la tensión, bajando de la silla y golpeándole en la cabeza.
_¡Tonto! Ya, deja de actuar -se ríe.
_Es broma -dice Iván, sobándose.
La madre se acomoda el cabello castaño y trata de no exaltarse.
_Voy a hacer, como que no te oí... Ahora para que dejes de jugar, soy tu madre Anna. Vos sos mi hijo Iván y él es tu hermano Alejandro -se ríe- ah y tu escuela, es la número uno... Así que vayan, rápido que se hace tarde, no olviden la bicicleta.
Ambos salen de la casa y ven a lo lejos el mar, la costa, y la ciudad de Mar del plata, apenas poblada, sin edificios, los únicos que están cerca es el Bristol Hotel, y Rambla que costea con sus enormes senderos lujosos. A lo lejos, el Asilo Unzué... Que desde donde están, la ven como nueva.
_No lo puedo creer -dice Alejandro.
_Gracias Joel, me salvaste recién -dice Iván.
_Ahora soy más alto que vos mira -se ríe- tengo que poner autoridad y aplicarte correctivos.
_¿Dónde está la bici que nos dijo la vieja?
_Ahí en la vereda -dice Alejandro- mira que piola man, es re seguro, ni un robo debe haber...
_Si, todavía no sé qué hacemos acá -dice Ivan.

Se sienta en el asiento de la bici y Alejandro comienza a pedalear por las calles de tierra, rumbo a las asfaltadas.
En el camino recorren una serie de casas apenas mantenidas... Bajan la loma en donde cruza la Avenida Colon, la más amplia y empinada, donde esquiva algunas carretas. Toma el asfalto y continúa yendo por la costa, donde ven a su derecha la Rambla en todo su esplendor, las cúpulas que resaltan la belleza de la ciudad. A su derecha donde estaría la plaza Colon, se encuentra el Bristol Hotel con un enorme parque frontal, lleno de arbustos y caminos por donde la gente pasea con tranquilidad.

Suben la pequeña cuesta de la avenida Luro, en el camino asfaltado ven a sus alrededores, un tranvía pasando por el medio de la calle, construcciones de baja altura que apenas resaltan. A lo lejos y mucho antes de llegar a la escuela, ven la cúpula de la catedral. La misma muestra su encanto a toda la ciudad, siendo visible a muchas cuadras de distancia.

Iván y Alejandro no dejan de mirar con asombro la elegante Mar del Plata de la época. Cuando llegan a la plaza, notan que la rotonda, con el monumento al Gral. San Martín, no existe, los pequeños árboles lucen la plaza de cuadro cuadras, donde la escuela, los espera posada frente a la calle 25 de mayo, paralela a la avenida Luro.

Llegan y dejan la bicicleta tirada a un costado de la enorme entrada, suben algunos escalones hasta que ingresan al hall de entrada, frente a ellos se muestra, una gran escalera que conduce a la planta alta. A su derecha un pasillo extenso, abre camino a las aulas a su izquierda. Caminan entre los niños que visten el mismo uniforme, las maestras conducen a los mismos a los salones, una de ellas, una señora alta y de cabello oscuro, lleno de rulos, se pone los anteojos y camina rápido a agarrarlos de los brazos. 
_Ustedes dos, siempre hacen lo mismo, llegan diez minutos tarde.
_Perdón... ¿señorita? -dice Alejandro.
_Que, ¿ahora no me reconocen? Marta Alzaga, su maestra desde que comenzó este año... Ahora entren, muy calladitos.
Los dos un poco asustados, se alejan lo más que pueden e ingresan al aula, detrás entra ella y cierra la puerta. 
_Bueno, gracias a los hermanos Giovanni empezamos tarde. Hoy se los perdono, pero que sea la última vez.
Pasan las horas, Iván no deja de mirar hacia afuera, ve la plaza y la catedral a lo lejos, imaginándose como es en el presente. 
_Increíble -susurra. 
Alejandro se arrima y le dice en voz baja. 
_Che man, que garrón es estar acá, viendo otra vez lo que pasó con San Martín y los Andes y todo eso.
_Ya hace rato me embolé -dice Iván- lo que no puedo creer, es que estemos viviendo esto. 
_Si, aunque siento que viví toda mi vida en esta época.



Gastón Medina

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En el texto hay: misterio, huerfanos, viajeseneltiempo

Editado: 15.08.2019

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