Infancias De Orfanato - Un Regreso A La Libertad

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4- Rafaél y Jaqueline

En una heladería cerca de la Rambla Bristol se encuentran Rafael, junto a Alejandro e Ivan, ellos se dan el tiempo de ver a sus alrededores las pintorescas calles de la ciudad, donde ven los caballos pasean tirando de las carretas, gente refinada caminando lentamente como si sus trajes y vestidos pesarán varios kilos.
_Muchas gracias por ayudarme -dice Rafael- ese lugar es terrible. 
_No hay problema Rafa -dice Iván. 
_Por favor contanos -dice Alejandro- la carta... Era para ella ¿no?
_Si, perdón por habértelo ocultado, es que esto no se lo dije ni a mi mamá.
_¿Qué tiene de malo que te guste una chica? -dice Alejandro. 
_Si te gusta, te gusta. 
_No, ese no es el problema, lo que pasa es que ella no puede estar con ningún chico, se lo prohíben. 
_No puede ser -dice Alejandro. 
_Seguro es esa loca que nos agarró a los dos -dice Iván. 
_Si, así es... -dice Rafael, triste. 
_No entiendo, como es que te empezó a gustar esa chica -dice Iván.
_No sé cómo pasó -se tapa la cara- un día salí con mi mamá a caminar por la playa, muy lejos de la ciudad, cuando nos acercábamos al Asilo, vi a un grupo de chicas. Eran ellas, caminaban en grupo, junto con las hermanas que las cuidaban. 
En ese momento mi mamá me dijo quiénes eran, no estuvimos mucho tiempo más. Una de ellas se fue del grupo porque encontró una flor naciendo entre piedras. Yo fui a ver y mi mamá no dijo nada lo único que vi es que sonreía. 
Nos encontramos frente a esa flor, nos miramos y no pudimos dejar de hacerlo. Ambos agachados entre esa margarita, me acuerdo de esa mirada, sus ojos claros su atuendo completamente blanco de cuello a tobillos. Yo estaba de traje de playa, oscuro y con pantalones pasando las rodillas... Arranque la flor y se la di sonriendo, ella, estaba feliz, colorada mientras la recibía. 
_¿Después que pasó? -dice Alejandro, mientras come el helado. 
Iván se encuentra con ambos codos en la mesa y sus manos sosteniendo su cabeza, metido en la historia de Rafael. 
_Estuvimos mirándonos por muy poco tiempo, una de las hermanas tironeo de su brazo y la sacudió como muñeca de trapo, se la llevaron con el resto de las chicas, estiraba su mano hacia mí, mientras se iba con el montón, de nuevo al asilo... Mi mamá apoyo la mano en mi hombro y me lo dijo todo, como tenía prohibido acercarme a ella, que era una regla estricta de aquellas hermanas.
_La hermana que nos agarró a los dos -dice Iván.
_Carmen... -dice Alejandro- te vamos a ayudar Rafa, la vamos a sacar de ahí y van a estar juntos.
Rafael se queda intrigado, no tiene idea de cómo es que dos niños van a hacer tal cosa.

En el gran comedor del asilo, Jaqueline toma la sopa junto al resto de las huérfanas, la luz del día ilumina todo el salón, algunas hermanas jóvenes ayudan a llevar los platos hacia la cocina. La niña de cabello oscuro que se cruzó con Rafael, la mira a Jaqueline a su izquierda, comiendo con tristeza. 
_Jaqueline... ¿Estás bien?
_No tengo hambre María -mira hacia otro lado. 
_¿Es por ese chico que te buscaba? -dice tímida. 
_Si, es que... Quiero verlo, estuvo muy poco tiempo conmigo. 
A la izquierda de Jaqueline, una niña de cabello rojo oscuro mira a los alrededores mientras toma la sopa, las hermanas observan y vigilan bien a cada una de ellas, sobre todo Carmen y su compañera de cabello rubio. 
_Jackie -dice la niña.
_¿Que pasa Elsa?
_No tiene nada de malo estar acá -sonríe- pero sé que un día, vas a poder salir por esa puerta grande. 
_No sé... Yo quiero ser libre, no me gusta estar acá.

_Bueno, terminemos de comer -dice una de las hermanas- se hace tarde para ir al taller de costura. 
_Si le importas a ese chico -dice María- estoy segura de que va a hacer todo lo posible para verte de nuevo.
_Si -dice, con lágrimas de alegría.

_Bien niñas -dice una de las hermanas- Pónganse su uniforme y síganme a la sala de costura.

Al cabo de un rato, Jaqueline se viste junto a sus compañeras, se pone un delantal azul grisáceo, se acomoda el cabello de tal forma que queda por los hombros, el cuello de sus prendas blancas sobresale del delantal que cae al igual que un vestido, hasta sus tobillos. Entran en fila al baño y allí se ven frente al espejo, Elsa se acerca y acomoda su cabello.

_Te ves bien Jaquie...

_Si, muy linda -dice María.

_Gracias chicas...

Van por los pasillos del asilo, bajan las escaleras en conjunto, van por los pasillos, guiadas por una hermana, alta y de al menos cuarenta años, de cabello castaño y un poco canosa. Otra las recibe, se trata de una joven monja de más de veinte años.

_Bueno niñas, quedan a cargo de Marta, durante esta hora de costura.

_Gracias hermana Olga -dice Marta.

La joven se adentra a una sala grande con las niñas, se saca su cobertor para acomodarse su cabello castaño, por los hombros, su mirada color café y su rostro bien blanco y cuidado, destella con la luz que entra por las enormes ventanas. Con su voz tímida y relajante les indica a las niñas.

_Bueno, siéntense, acá tengo todo lo que necesitan para hacer bordados, pueden comenzar.



Gastón Medina

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En el texto hay: misterio, huerfanos, viajeseneltiempo

Editado: 15.08.2019

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