Injusticia Divina

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-Capítulo dos- Conquistar o ser conquistado

Sudor, temperatura repentinamente elevada, nerviosismo y temor, esos son los cinco factores que me atormentaban en ése momento. Nunca creí que una simple chica podría causar tales temores, pero era por ella por lo que me encontraba allí, e iba a demostrarle a Seller que podía con ello.

En cuanto entró al lobby le seguí el paso. Caminando tras ella pude oler una deliciosa y distinguida fragancia a cereza que causó un repentino cerrar de ojos que me hizo disfrutar mejor de ella. La chica caminaba aún más rápido y tuve que acelerar también el paso. Se detuvo frente al elevador, solicitándolo de manera desesperante. Miré atrás para percatarme de que nadie le estuviera dando persecución, pero solo era yo el que caminaba tras ella.

Cuando se abrió la puerta del elevador la chica entró sin esperar a que estas terminaran de abrirse por completo, y de inmediato presionó el botón del piso al que se dirigía sin dejar su desesperación de lado. Probablemente ella no tenía idea de que en ese instante deseaba subir al elevador también, lo que me llevó a correr para poder subir en el mismo. La puerta iba a medio cerrar y la tímida chica no dejaba de presionar el botón. En ese momento solo pasaba por mi mente el saltar y atravesar la puerta, ya que si me detenía probablemente ella correría a su habitación y la perdería. Finalmente salté por la puerta del elevador, causando que la inercia me impulsara sobre la chica.

Su cuerpo y el mío se encontraban totalmente juntos, su rostro sorprendido no dejaba de expulsar una rápida respiración, mis manos tomaban sus brazos y su vista no se dirigió a la mía sino hasta que se tranquilizó un poco.

—Disculpa, solo quería subir al elevador. —Le dije una vez separado de ella.

—No te preocupes, no es la primera vez que alguien desea subir a un elevador para estar a solas conmigo —respondió altanera, colocándose apropiadamente su desacomodada camisa.

—No, no quería subir por eso... —Le dije intentando desvanecer la incomodes que en sus ojos se recalcaba.

—No te preocupes —dijo en seguida, acomodando su cabello y creando un silencio total e intenso.

No podía dejar que ese momento incómodo me impidiera lograr algo ese día, e improvisé como una persona normal lo haría.

—¿A caso nos conocemos desde antes, señorita...?                                                                                                                             

—Méndez, Isabel Méndez —agregó, mirándome como si estuviera viendo a un borracho con deseos de manosearla, eso sin ocultar una falsa sonrisa que ya venía mostrando—. Y no, no lo creo.

«¿Isabel Méndez? ¿A caso había escuchado mal o dijo lo que creía haber escuchado?» pensé al comenzar a tener un colapso mental, tratando de averiguar si Beltrán me había indicado a la chica incorrecta o si esta chica fingía tener un nombre falso para pasar por desapercibida. Eso tendría mucho sentido. Lo que sea que fuera, en ese momento estaba bloqueado, y lo más factible por hacer era terminar con esa charla y hablar con Beltrán sobre lo sucedido.

—Oh, disculpa, tu rostro me resultó familiar, es todo.

—Suele suceder, no te preocupes —respondió sonriendo, esta vez con naturalidad.

Al transcurrir cinco minutos sonó una pequeña y aguda campanada anunciando la detención del elevador en el piso tres.

—Bueno, es mi piso. Adiós. —Se despidió con simpatía.

Movía mi mano de un lado a otro, despidiéndome hasta que las puertas se cerraron. Presioné el botón hacia el piso uno, y conforme descendía el mismo solo me dediqué a observar la agujilla que marcaba los pisos, pensando en quién demonios era esa chica. Finalmente el elevador se detuvo en el lobby y salí de él caminando rápidamente hasta el parqueo en el que aguardaba Beltrán nuevamente.

—¿Y bien…? ¿Qué sucedió? —preguntó ansioso el viejo Seller.

—Esa no era la chica.

—¿De qué hablas? ¡Claro que era ella! —exclamó extrañado.



A.M. Castillo

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En el texto hay: romance, drama, accion

Editado: 06.10.2019

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