Inmarcesible

Tamaño de fuente: - +

Capítulo 9: BONHOMIA

Bonhomia: honradez, sencillez, bondad, alguien con esas cualidades en el comportamiento.

— Les daré la vida de oro. Mi palabra consérvenla en sus cuadros caseros ¡Este reino está atrapado en la sordera! Estoy dispuesta a entregar mi vida sólo para que ustedes tengan una miga de pan ¡Yo seré su coraza y corazón! ¡Nadie podrá lastimarlos, nadie que venga de fuera de nuestros límites! Mi nombre es Ahin y seré su Reina ¡Porque esa es la voluntad del Rey!

Aplausos comenzaron a ensordecerla. El pueblo parecía contento, ya tenía lo que quería. Miró a sus lados y vio como Wabi, Zarael, Klasco, las Reinas y otros sirvientes la veían mientras aplaudían y sonreían al mismo tiempo.

Ahin miró a la gente que se regocijaba, levantó la mano y en el cielo dibujó una pluma decorada de mil maneras y distintos colores en el cielo, que se podría confundir fácilmente con la de un pavo real.

— ¡Qué éste sea nuestro símbolo de unidad! —luego unos aplausos más estallaron.

Se volteó, dándole la espalda a la multitud que estaba bajo el balcón, cerró los ojos y se lamentó. Su corazón parecía volverse de cristal con cada segundo. Y caminó; seguida por Wabi, Zarael y Axa; hasta que alguien paró al General y le susurró algo al oído.

— Lo encontraron —informó en cuanto el siervo se despegó de él.

Ahin tenía impresa la sorpresa en su cara. Corrió junto al resto hasta el Salón I donde, supuestamente, estaba ese individuo.

Cuando entraron así era, se encontraba de rodillas frente al trono, sujeto por un guardia de las manos y otro lo sostenía de la cabeza con una herramienta larga que se pegaba a su cuero cabelludo, mirando a los tronos, ella sólo observó su espalda erguida. Ahin recordó todos los libros de reinados que había leído, se conocía a las mujeres más importantes de la historia Europea, su error fue querer seguir su ejemplo.

Levantó la frente mostrando todo su cuello, alzó el pecho y caminó hasta estar frente a los tronos. Zarael se colocó a un lado junto a Mino que observaba atentamente la escena, al igual que los demás Hiloits. Se miraron entre sí, el pequeño preguntó.

— ¿Qué pasará?

— No lo sé —contestó el alvino—. Creo que le estoy perdiendo el hilo.

— ¿Pero eso no es bueno?

— No tengo idea.

— ¡Tú! —la voz de Ahin sonó en el salón como la de un agila en pleno monte— ¡Intentaste asesinarme! —dijo sobre poniendo su mandíbula, y finalizó con un— ¿Por qué?

El joven sólo miraba el suelo de este a oeste. Ella parecía perder la paciencia, estar frente a quien intentó matarla la ponía furiosa, deseaba estrangularlo cuanto antes, hasta que de su aliento sólo quede la historia.

— ¡Responde! —exigió alzando la tanto la voz que sobresaltó a todos los presentes, incluyendo al acusado.

— Quiero a mi Reina… —fue lo único que pudo decir antes de que lo interrumpiera.

— Arrepiéntete —le murmuró entre dientes, pero éste sólo mantenía la mirada baja—. Arrepiéntete y podrás continuar aquí.

— ¡No tienes poder sobre mí! —dijo de repente— ¡No estás coronada! ¡No me arrepiento de haber intentado hacer el bien para mi hogar! ¡Sólo eres una farsante! ¡Tu sangre está manchada! ¡No eres mi Reina! No eres nada…

La última frase la desencadenó. “No eres nada” ¿Cómo era capaz de pensar siquiera en decirlo? Insolente, repugnante.

Ahin miró a Wabi de re ojo, quien con la mirada le suplicaba piedad. Luego se volteó a él y sentenció:

— Quedas desterrado de este Reino. No puedes volver a poner un solo pie aquí.

Las Reinas se miraron entre sí con una sonrisa burlona en sus rostros, probablemente estarían susurrando de la debilidad de la nueva, pero Ahin tenía otros planes. Bajó y se dirigió hasta Zarael, iba a decirle que le arranque la cabeza antes de que pueda salir de esas paredes, y eso hizo, le susurró:

— Asegúrate de que se vaya y no vuelva.

Tomó aire por su nariz llenando sus pulmones y caminó seguida por una Wabi calmada. No sabía si había estado bien o mal haberle personado la vida, pero sí sentía paz al no tener la culpa de una muerte en su pecho ¿Por cuánto tiempo duraría esa inocencia?

— La felicito —le dijo el Príncipe que se acercó a caminar a su lado—. Fue una decisión digna de una Reina. Veo que Isara no se equivocó cuando la eligió.

— Se lo agradezco —todos los modales que su madre le había enseñado están rindiendo frutos para algo más que el matrimonio, o eso ella pensaba.

— ¿Me acompañaría a que le muestre los jardines reales?

Ahin miró a Wabi que le sonrió y aceptó. En cuanto se fue Zarael se arrimó hasta quedarse viéndola juntos.



IA Max

#6430 en Fantasía
#3698 en Thriller
#1625 en Suspenso

Editado: 05.05.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar