Inocencia Robada

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TE QUIERO ANGELICA

— ¡Hola, Maestra Carmen!

—Hasta que te dejas ver Angélica. Ahora mismo tú y yo vamos hablar muy seriamente, vamos a mi casa. Me parece increíble que abandonarás la escuela justo a punto de terminar tu ciclo escolar, sabes lo importante que es prepararte para la secundaria, tendrás que repetir este año, "Un año" Angélica… ¿Entiendes lo delicado que es tu retraso?

— ¡Qué bonita es su casa!

—Gracias, no la tendría así si tuviera hijos, como una vez me lo dijiste.

La alfombra es blanca y se siente acolchada al pisarla, la sala también es color blanca con detalles pequeños en color negro al igual que grandes cojines.

Y toda la sala fuera negra si tuviera hijos.

Sonreí con ella que también lo hizo, jamás la vi sonreír de ese modo.

—Le puedo hacer una pregunta.

—Sí, dime Angélica.

— ¿Le hubiera gustado tener hijos?

Se dejó caer en el sofá grande cerca de mí con la mirada fija en un jarrón que tenía unos hermosos tulipanes y me respondió.

—Sí, una niña tan bonita y lista como tú, pero él hubiera no existe, lo hecho, hecho está y no hay remedio ni cambio para el pasado.

Sonreí alegre y halagada con su respuesta y ella continuó hablando...

—Un día me vi vestida de blanco en el altar, el sueño de toda mujer se hacía realidad para mí, él era un hombre alto, blanco como la leche, con ojos negros como este cojín del este sofá.

Mientras lo acariciaba con delicadeza y con un brillo como el de las estrellas en sus ojos, en momentos sus labios sonreían pasivamente pero con suma felicidad.

—Se llama Francisco.

Al mencionar el nombre se llevó sus manos al rostro para que no la viera llorar o quizás apenada por sus sentimientos vivos dentro de ella. Noté que su mirada cambió, ya no es opaca, ahora hay un brillo radiante al hablarme de él.

—Sus padres no aceptaron nuestro amor, no le permitieron que se casara conmigo y evitaron que realizáramos nuestra boda como nuestro amor, me dejó allí... Parada en el altar, él no llegó a la boda, no llegó a la iglesia y no volvió a mi vida.

Se fue quebrando su voz...Ya había llanto y aun así ella continuó...

—Desde ese momento no soy la misma mujer que un dia fui alegre y enamorada, él se llevó para siempre mi felicidad y ese día nació esta mujer que ves aquí para quedarse para siempre, él falleció en mi vida por cobarde.

—Cálmese maestra, no quiero verla sufrir.

La abracé acariciando su cabello corto y con la otra mano sujeté su hombro. Sentí tan indefensa a esa mujer que me daba tanto miedo, en realidad había sufrido tanto en su pasado y por ese motivo su carácter endureció, yo no quiero que me pase lo mismo, yo deseo superar y olvidar como aprender a ver diferente la tristeza, quiero sonreír y ser feliz siempre. Me prometo a mí misma ser como una niña aun cuando sea una mujer adulta.

—Usted no murió aquel día maestra, usted solo le puso un protector a su corazón y a su alma, solo usa un disfraz de insensibilidad, de rencor, de mal humor con su vida y con quienes la rodeamos, tal vez él no pudo defender su amor, usted no sabe que pasó con él. Ahora la comprendo, pero debe de sentirse orgullosa de sí misma porque es una mujer fuerte, independiente, dinámica y muy sobresaliente, es la mejor maestra de la escuela, tanto que ya es directora y continúa dando clases en lo que llega la otra maestra, sus alumnos somos los mejores en puntualidad, ortografía y uniformes. Solo dígame algo. ¿Lo ha vuelto a encontrar en su camino?

—Qué forma de pensar tan bonita tienes Angélica, hablas como una persona adulta. Mírame... una vieja cuarentona recibiendo lindos consejos de una niña.

—Dígame, por favor. ¿Ha vuelto a ver a Francisco?

—No, no lo he vuelto a ver nunca, sólo sé que lo mandaron a vivir a Europa y que lleva una vida social muy diferente a la mía.

— ¿Porque usted nunca lo busco para aclarar lo sucedido? ¿Porque no lo hizo justo en ese momento que sucedió?

—Claro que no, una mujer no debe cometer tal bajeza.

La interrumpí algo molesta.

Pero usted tenía una relación con él… iban a casarse, tenía derecho a cuestionar su cobardía como a pedirle una explicación, a saber qué pasó. Que le dijera los motivos por qué no llegó a la boda, quizás lo obligaron, tal vez no pudo salir de su casa.

—Nada Angélica, nada justifica la humillación que viví, la tristeza, la decepción. ¿Y su ausencia después? Tú no has sentido el dolor intenso que va invadiendo todo tu ser sin ganas de vivir, sin ganas de hacer más nada que llorar, olvidarte de todo y de todos e invadirte una gran soledad de abandono y amargura. Eres una niña-adolescente muy madura pero debes cuidarte, estudiar y saber muy bien de quien te enamoras para que no sufras desilusiones tormentosas como yo.



Isabel Covarrubias

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En el texto hay: violacion, tristeza y soledad, maltrato infantil

Editado: 26.10.2018

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