Inocencia Truncada ©

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Capítulo V. Ophelia Dietrich. Parte III, Final.

—Vine lo más rápido que pude —dijo Randy visiblemente agitado—; ¿en serio piensan que es una buena idea? Digo, ella puede estar en cualquier lado.

—Es una corazonada —respondió Melody encendiendo su linterna, dispuesta a avanzar entre las miles de lapidas que avasallaban la vista.

—Tal vez lo mejor sea separarnos —dijo Stephanie ante la mirada atónita de sus colegas—, de ese modo cubriremos más terreno en menos tiempo.

—Es lo más absurdo que he oído en mucho tiempo —dijo Randy meneando la cabeza, con los brazos en jarra—; lo siento jefa pero debía decírselo.

—¿Acaso tienes miedo mi amor? —preguntó Melody haciendo sonrojar al valiente detective.

—Sí, sí, muy graciosas. ¿Qué hay si ese loco finalmente está en el cementerio? Tiene ventaja sobre nosotros; ya sea un empleado o un simple desquiciado que se pasea extasiado entre las tumbas; de seguro nos liquidaría antes de que pudiéramos desenfundar nuestras armas —dijo sudando la gota gorda.

«Además ¿qué piensan que va a estar haciendo aquí? Si tiene a Ophelia no creo que esté contándole un cuento a la sombra de los féretros.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Melody frunciendo el ceño.

—Que no están aquí. Debió llevársela para cumplir sus malditas fantasías...

—Pero por algo se ven en este lugar; no creo que sea casualidad este punto de reunión —replicó Stephanie mirando su reloj, consciente de que estaban perdiendo demasiado tiempo discutiendo.

—¿Entonces la enterró viva? ¿Es eso lo que estamos sobrevolando, temerosos de decirlo en voz alta?

—Busquemos tierra removida —dijo Stephanie con la vista hacia abajo.

—¿Desde cuándo buscamos cadáveres? Debe haber alguna posibilidad de éxito —vociferaba Randy enojado.

—No tenemos nada Randy; no sabemos quién demonios es el hombre calvo, no sabemos a dónde fue Ophelia después de hablar con él... tal vez quieras ir tú a explicarle a su madre que no volverá a ver a su hija porque no hemos hallado prueba alguna de su paradero.

—Stephanie tiene razón —dijo Melody—, quizá mañana encontremos otro indicio pero hoy es todo lo que tenemos.

Nerviosos, confundidos y por qué no, algo temerosos, los tres detectives se separaron y comenzaron a caminar ansiando no encontrar lo que estaban buscando. Ateniendo especialmente los sitios que exhibían fosas recién cavadas, se desplazaban sigilosos a la caza de cualquier pequeño detalle que pudiera orientarlos y también, para no alertar a un posible criminal y obligarlo, en el apuro, a culminar su ritual.

—Charlotte, dame buenas noticias —dijo Stephanie poniendo en altavoz su celular.

—Puede que algo de eso haya —respondió eufórica como de costumbre—, he ampliado mis puntos de búsqueda y me topé con algo interesante. Resulta ser que Sainte Mort es el nombre de una antiquísima funeraria que supo tener sede en París y Londres.

—¿Y qué hace en Nueva York uno de sus empleados?

—Eso es lo curioso —dijo haciendo una pausa interminable—; según parece dicha empresa dejó de funcionar a principios del siglo XX

—¿Disculpa? —preguntó sobresaltada.

—En realidad, parece haber sido solo una pantalla. Las malas lenguas afirman que se trata de una sociedad secreta milenaria inmersa en el ocultismo...

—Exactamente qué malas lenguas son esas —interrumpió— ¿de dónde sacaste esta información?

—¿Thomas Weiz te suena de algo? —dijo como quien no quiere la cosa.

—¿Le dijiste a Thomas? —le gritó furiosa—, habíamos quedado en que lo dejaríamos al margen; todavía no está totalmente recuperado.

—Pero no teníamos pistas y se me ocurrió pensar que tal vez él...

—Si vuelve a contactarse contigo dile que tenemos todo resuelto ¿sí? que estamos muy cerca de hallar a Ophelia...

—¿Qué tan cerca dirías tú que están? —dijo de repente la voz de un hombre haciendo saltar de pánico a la detective Turner.

—Thomas —dijo con su mano en el pecho, midiendo los latidos de su corazón—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Ayudando a mis viejos amigos, claro...

—¿Thomas está en el cementerio? —preguntó Charlotte con un tono que evidenciaba felicidad.

—Contigo arreglo cuentas luego —dijo Stephanie antes de colgar el teléfono—. Y tú... ¿Qué crees que haces Thomas? Debieras estar haciendo reposo.

—¡Tonterías! —farfulló—. No es la primera vez que me disparan; y lamentablemente, tampoco creo será la última. Con que la sociedad Sainte Mort eh.

—¿De dónde sacaste ese delirio?

—¿Has oído hablar del mausoleo impenetrable que se eleva majestuoso en el cementerio de Brompton, en Londres?



Sebastian L

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En el texto hay: crimenes, aventura, suspenso

Editado: 25.09.2018

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