Inocencia Truncada ©

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Capítulo IX. Tracy Tuner, Continuación Parte II

—Charlotte la ha buscado, mediante el programa de reconocimiento facial, en todas las cámaras disperasadas por la Nación y no hubo caso —se lamentó—. Se nos acaba el tiempo.

—¿Y qué hay de las muestras de sangre? —preguntó acercándose con entusiasmo—. Cuando sepamos quién es en realidad, estaremos mucho más cerca de atraparla.

—Es cierto, pero esos exámenes pueden tardar horas, incluso días; tu sobrina tal vez no tenga tanto tiempo.

—¿Entonces qué propones?

—Debemos concentrarnos en los dibujos que realizó en las paredes de la clínica

—¿Piensas que dejó un mensaje oculto?

—Sí pero no del modo en que estás pensando —respondió y se apresuró a tomar una hoja de papel para graficar sus pensamientos—. No estaba dejándonos pistas, no pretendía formular un trayecto que nos acercara a ella; solo plasmaba lo que atormentaba su mente. Un recuerdo tan intrincado como perturbador que necesita revivir constantemente; más no sea a través del arte.

—Pero eran niños divirtiéndose, sonriendo, jugando con sus padres ¿Cómo puede eso convertirse en una pesadilla?

—No todos estaban disfrutando la velada —respondió enseñándole las fotos.

—¿Entonces está resentida con todas las niñas pequeñas porque ella no tuvo una infancia feliz?

—Observa esas ruedas gigantes detrás de los niños...

—Parecen ruedas de la fortuna —respondió con el ceño fruncido, intentando descifrar los dibujos—; y este otro parece un carrusel.

—Es un parque de diversiones —dijo Thomas con los ojos cerrados, lamentándose.

—¿Pero cuál? Hay decenas en todo el país.

—Seguro está relacionado con su infancia —respondió haciendo un bollo el papel que segundos atrás había utilizado para plasmar sus ideas—, y no sabremos cuál es hasta que no sepamos quién demonios es esa mujer.

—¡Aguarda! —gritó Stephanie con los ojos desorbitados y una leve sonrisa dibujada en el rostro—. ¿Por qué mencionó Warrenville Grove en la nota que tomamos del bolsillo de Michael?

—Allí no hay ningún parque. Creo que se refería más a los niños cautivos que al lugar.

—Mi sobrina es de Carolina del Norte; tal vez la retenga allí.

—Es una posibilidad aunque no creo que estén fuera de su zona de confort; digo, debió llevarla a un sitio que fuera importante para ella.

—¿Y por qué utilizó a Michael?

—Para retrasarnos, claro.

—¿Pero cómo supo de él y de su obsesión con Caperucita?

—Me preocupa más como supo de tu sobrina —ironizó.

—Tal vez ella también es de Carolina del Norte.

—Puede ser —susurró—. Aunque a decir verdad, no creo que conociera a Michael, cuando comencé a acorralarlo se refirió a Sandra como "la mujer"

—Tal vez él no la conocía o no la recordaba.

—Pudiera ser cierto si no se tratara de tu sobrina. Aquí claramente está la mano de Arthur moviendo los hilos.

—¿Dijiste que ella era una sociópata cierto?

—¿Estás sugiriendo que utilizó a Arthur mientras él la utilizaba?

—Ambos obtuvieron lo que querían.

—¿Qué parques existen en Carolina del Norte? No perdemos nada con ir a investigar mientras aguardamos los resultados del laboratorio.

—Existen siete en funcionamiento: Carowinds, Carolina Beach Boardwalk, Frankie's Fun Park, Galaxy Fun Park, Tierra de Papá Noel, Tweetsie Railroad y Wagonmaster Adventure Ranch

—¡Guau! Veo que los conoces bien —sonrió

—Es mi hogar. Aunque ¿Cómo sabremos en cuál de ellos buscar?

—Aguarda un momento —dijo entrecerrando los ojos— ¿Qué fue lo que dijiste antes?

—Solo mencioné los nombres de...

—¿Por qué dijiste "en funcionamiento"? —interrumpió.

—Pues porque son los que están abiertos al día de hoy —respondió abriendo las palmas de sus manos, contrariada.

—¿Existen parques cerrados?

—Pues sí —respondió mientras su semblante comenzaba a desfigurarse—. ¡Por favor dime que no!

—Es lo que yo haría. Además, no puede arriesgarse a deambular en público con rehenes. ¿Cómo se llama el parque cerrado?

—La tierra de Oz —respondió balbuceando mientras una lágrima traviesa se deslizaba por su mejilla.

—¿Qué te ocurre?

—No querrás saber.

—De hecho sí quiero —respondió acercándose a ella para tomarla de las manos—. Nadie llora por nada.

—Le tengo terror a los parques abandonados —respondió con los ojos cerrados, acelerando el ritmo de las lágrimas lloradas.

—¿Disculpa? —preguntó sin poder evitar sonreír.



Sebastian L

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En el texto hay: crimenes, aventura, suspenso

Editado: 25.09.2018

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