Insomnia

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IV

Mientras unos pensaban que era un fiasco para ser el inicio de la gira, otros como Reba no podían evitar preocuparse por la salud de Elis. Eran, después de todo, fans devotos que planeaban quedarse todo lo que la carrera de Node durara, y si era posible, las carreras en solitario de cada uno. Pero por el momento la multitud prefería regresar a sus hogares. Unos con la sensación de que habían malgastado su dinero, otros con la esperanza que en los noticieros comentaran algo. Y luego estaba Reba, quien prefirió ir al hospital más cercano a preguntar si era ahí donde habían llevado al bajista, en vez de regresar a su departamento a trabajar en el borrador maldito.

Tomando un taxi y pidiendo que la llevaran al hospital de la zona, fue cuando le pareció divisar a los miembros de la banda en la entrada de urgencias. Si esto no era suerte, no sabía qué era. Sería genial abordarlos en ese momento, pedirles autógrafos y darles de primera mano sus mejores deseos en la recuperación y tratamiento de Elis —claro, en el mejor de los casos—. Sin embargo, apenas unos segundos tras haber bajado del taxi, paramédicos y elementos de seguridad impidieron el paso. Claro, olvidaba que eran la banda del momento.

Se puso a luchar un poco para que le dejaran entrar a ver más de cerca, pero tras distintas negativas y una amenaza de llamar a la policía, desistió. Aunque claro estaba, no era darse por vencida tan pronto. Prefirió pasar al interior del hospital desde la entrada principal, e ir a la zona de espera de los consultorios. Al ser en un área distinta, no tenían por qué sacarla de ahí. Resignada y esperando a ver si se podía filtrar algo de información, sacó el celular. Recordó lo imperativo que era trabajar en el maldito borrador. Phillip la mataría si fallaba con el borrador del libro, pues tenía fecha límite de dos meses. Y en dos meses difícilmente una novel como ella podría acabarlo.

Lo mejor era que se pusiera siquiera a investigar sus bases. Saber más de las historias que correspondían era lo mejor para empezar una historia. De crímenes pasionales había demasiada información. No tuvo que pasar ni cinco minutos en nota roja para aprender eso. Las enfermedades mentales, por otro lado, eran curiosas. No siempre trastornos como la ansiedad o la esquizofrenia son disparadas bajo las mismas circunstancias. Leyó sobre un hombre en Estados Unidos que no podía dormir en el mismo sitio de su casa dos veces.

Pero el asunto del incendio.

Había un enorme halo de misterio en ese caso. Si bien recuerda, cuando vivía en Minnesota, se dio mucho de qué hablar al respecto. Mucha gente lo llamó un accidente desafortunado, y los más atrevidos dijeron que la víctima fue asesinada. Buscó el tema en internet, había bastante material centrado exclusivamente en aquella tragedia.

«… se reportó a la víctima como Darya López, originaria de Amarillo, Texas. Llegó a la casa de la calle Avery a las cinco de la tarde con veinte minutos, de mano de su pareja sentimental, Elis Lacort, de veinticuatro años de edad…»

Se detuvo de seguir leyendo. Debía ser esto un error, una coincidencia nada más. Qué difícil de creer era esto. Pero, ¿cuántos Elis Lacort podrían existir en el mundo? Aquel era un apellido demasiado exótico. Pero tenía que tener un poco más de información al respecto. Rápidamente entró a la página del wiki no oficial del grupo. Como podía recordar, la página de Elis no mencionaba nada que lo relacionara con aquel incendio. Aunque en sus datos personales había algo.

«Ciudad de origen: Picasent, Valencia, España.

Lugar de residencia: Picasent, Valencia (5 años). Amarillo, Texas (20 años). Manhattan, Nueva York (actual)»

Él también había vivido en Amarillo. Bloqueó el celular de repente, viendo hacia la nada.

—Será interesante investigar sobre esto —podría convencerse ahora de escribir una novela policial en vez de una romántica. Aun cuando ya estaba escuchando al editor de mierda repetirle que lo más comercial para su género era escribir romántica, empezaba a interesarse por esta historia. No sería la primera persona, claro estaba, en escribir sobre un suceso de la vida real. Ciertamente la polémica le haría buena promoción. Y si en verdad el bajista era el mismo Elis Lacort que salía con la finada, y él llegaba a leer el libro, y mejor aún, si le gustaba el libro, podría dar un salto instantáneo a la fama.

Fama. Dinero. Reconocimiento. ¿En serio se iba a ir por esas cosas? A fin de cuenta, éstos son los tres dioses que rigen el mundo entero. Sin dinero, aunque sea una reputación realmente buena, no eres absolutamente nadie. ¿Qué mejor que ser admirado, mientras los demás te ven hacia arriba?

—Esto no es por lo que quería escribir —dijo Reba para sí, volviendo de repente al celular. Aun cuando no es lo que quiera, es lo que hay.



Aris Meyer

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En el texto hay: asesinatos, misterio, romances

Editado: 19.09.2018

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