Insomnia

Tamaño de fuente: - +

VII

Durante un par de noches le fue imposible conciliar el sueño. Se encontraba de repente viendo a Junko dormirse, sin que él pudiera descansar de la cómoda forma en que la japonesa hacía. Para colmo, se le notaba demasiado la falta de sueño. Sus ojos de repente presentaban abultadas bolsas negras debajo de ellos, señal de que no descansaba como se debía.

«Necesita descansar lo más que pueda», fueron las palabras del doctor antes de darle el alta para volver a su casa. Pero era imposible dormir. No con el nombre de aquella editorial rondando su mente. Y se negó a buscar ayuda médica para su problema del sueño. Se excusaba diciendo que era algo habitual en él. Pero Junko nunca lo había visto así. Un año de convivencia e íntima relación como la de ellos revelaba muchas cosas, y si entre ellas esa falta de sueño no daba a relucir, no podía decir que era algo normal.

Sin embargo, se entretenía buscando información sobre la mentada editorial. Encontraba poca información que no fueran catálogos de libros, colecciones, revistas… era como vivir en el anonimato empresarial. Todos los conocían, pero nadie sabía realmente nada.

Una semana. Nada de sueño. Apenas si juntaba los ojos y se dormía un promedio de dos horas por noche. Y nada más. Nada de siestas o sueños prolongados. Sólo esas dos horas a la noche y nada más. Aun cuando las cosas estaban muy aburridas en casa.

Junko intentaba ayudar, mas con la negativa de buscar ayuda médica, había poco que pudiera hacer. Intentó con tés relajantes, masajes y demás, pero todo era en vano, preocupándose porque esa falta de sueño repercutiera de forma negativa en el organismo de su prometido. Pero sin la ayuda necesaria, no podía hacer nada.

— ¿Por qué te pasa esto? —tuvo que confrontarlo un día, tarde o temprano. Y aprovechó el espacio que dejaban siempre después del almuerzo para hablarlo.

— ¿Lo del insomnio? Desde niño me pasa, no hay una razón exacta —dijo el bajista, afinando un poco su instrumento y tocando un par de notas para no perder la práctica.

—Debe haber una razón, siempre la hay. ¿Te ha sucedido algo importante? ¿Hay algo que te inquieta?

Sí. Había algo que le estaba poniendo nervioso y que tenía que ver con el jugo con pegamento. Pero no estaba seguro de nada, y por eso encontraba extraño encontrarse ahora con insomnio.

—La primera vez —añadió Elis— fue cuando yo tenía como cinco años. Vivíamos aun en Valencia, en un pueblo llamado Picasent. Ahí había un bar donde los adolescentes iban a pasar un buen rato. Yo me decía siempre que cuando cumpliera la edad, iría también a divertirme. Un día, nos enteramos que unas niñas iban en camino a dicho bar. Nadie nunca las vio. Sólo supieron que salieron de su casa y que un auto las recogió en la carretera. Me asustó mucho eso, no era algo que pasara usualmente en ese lugar. Me empezó a dar miedo de repente salir de casa, ir al jardín de infancia… todo me empezó a dar miedo. Y como resultado, dejé de dormir durante espacio de tres semanas.

Deja el bajo de lado antes de seguir el relato.

—El incidente hizo que mis papás empezaran a tenerle miedo a España, así que aprovecharon una oportunidad laboral que había surgido para mi padre, y emigramos a Estados Unidos. Pasamos entonces a vivir en Texas, en un pueblito llamado Amarillo. Te sorprendería ver ese sitio, hay gente de todo tipo.

—Debió ser algo traumático enterarse de algo así a una edad tan tierna —Junko dijo, tomando la mano de Elis al sentarse a su lado en el sillón largo.

—Y no fue lo único. Tal vez, esto debí contarlo desde hace tiempo, pero… —suspira, sosteniendo la mano de la chica— Estudié, hice amigos y una vida completa ahí en Amarillo. Apenas empezaba a interesarme en la música, aunque no fue lo que estudié en la universidad. Armand y yo ya nos conocíamos en ese entonces, así que intentábamos formar un grupo. Fue cuando nos incorporamos a un grupo escénico como músicos de ambientación. Y, en ese grupo había una chica llamada Darya. Ella era agradable y todo, y empezamos a salir.

Medía bien sus palabras, no quería hacer que Junko sintiera una idea errónea.

—Empezamos a salir, todo muy bonito de hecho. Ella ya era llamada para actuar en sitios un poco más grandes. No sólo en Amarillo, sino que incluso vinimos un día aquí a Nueva York para unas entrevistas para revistas y demás. Publicaciones que eran pequeñas, pero ya era algo para presumir. Un día, ella fue contactada por un viejo amigo, y me pidió acompañarla a Minnesota, porque ahí vería a ese viejo amigo. Yo, no quería decepcionarla ni verme celoso, pues ella se veía tan entusiasmada de ver a ese amigo, que la llevé sin chistar. Ella me dijo que la dejara en esa casa hasta tantas horas, y yo hice caso. Quería darle confianza y demás, así que fui de paseo por el pueblo en lo que terminaba.



Aris Meyer

#1104 en Detective
#595 en Novela negra
#3798 en Thriller
#2168 en Misterio

En el texto hay: asesinatos, misterio, romances

Editado: 19.09.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar