Insomnia

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VIII

Con el inicio de un nuevo día, Reba despertó con la fecha exacta de la entrevista con Elis Lacort. Podría incluso saltar de alegría, pues para ella esto era como matar dos pájaros de un tiro. La fecha estaba pactada para dentro de dos semanas, suficiente tiempo para estructurar bien la entrevista, estudiar los parámetros que la revista le daría para poder formular sus preguntas, y avanzar más partes de la novela. Le daría oportunidad así de poder enlazar ideas perfectamente en la trama.

Algo así ameritaba alguna celebración. Claro, y ¿qué mejor forma de celebrar que ir a alguna cafetería cara para tomar un café de diseño y un pastel extravagante. Iba pensando mientras se ponía el abrigo y los zapatos, en lo que sería mejor. Un capuchino de calabaza con canela, o un latte de caramelo con menta y topping de chocolate.

Salió del departamento, topándose con su vecino, saludando entonces de forma alegre.

—Rebeca, hoy te ves muy de buenas —mencionó Kurt, quien acababa de subir tras vaciar las bolsas de basura en el contenedor de fuera.

—Gracias, pues, digamos que en el trabajo me está yendo de maravilla —fue la respuesta de la castaña, quien empezó a jugar un poco con Katrina, haciendo muecas y dándole sus dedos para que los sostuviera y los jalara.

—Eso me alegra —el moreno suspira de repente, haciendo su cabello tras la oreja—. Gavin aun no consigue un trabajo, y aunque le pagaron bien recientemente por al parecer una pintura exclusiva, temo que el dinero se nos acabe antes que él pueda emplearse de nuevo.

—Vaya, oír eso es una pena. Siendo que la tienen difícil, por Katie —se refería a la bebé, quien, ajena a las crueldades del mundo, solamente se ocupaba en sonreír y balbucear. Es cuando de repente tuvo una idea—. Oye, tal vez no sea pronto esto, pero, podría tratar de recomendar a Gavin como ilustrador en la editorial donde me están publicando. Puede que no lo llamen pronto, pero había escuchado ya varias quejas de los ilustradores actuales en la sección de novelas… sinceramente, son un asco. Así que, si llevara algunas fotos de las pinturas y dibujos de Gavin, podrían contratarlo. Si no, en todo caso, le pediría a mi editor que lo contrate como freelance para que ilustre mi siguiente historia.

— ¡Eso sería genia, Rebeca! —la cara de Kurt se iluminó de repente— Por supuesto, le diré hoy que me deje fotografiar sus pinturas, y sacar fotocopias de sus bocetos para que puedas llevarlos. Sería una gran oportunidad para que trabajara en lo que le gusta.

Se despidieron, Reba bajando sintiendo que había hecho algo bien. Gavin y Kurt la frecuentaban usualmente para que les cuidara a Katrina mientras ellos salían de repente, y ella no tenía inconvenientes en cuidarla. De hecho, se conocieron casi a la par, siendo que se mudaron al edificio en un lapso de tres o cuatro meses de diferencia. La primera que había llegado fue Reba, así que les había tocado presentarse a ellos al llegar. No era muy descabellado en cuestión tener de vecinos a una pareja homosexual al cuidado de un bebé. Aunque claro, sabiendo ya después los antecedentes del por qué tenían al bebé, Reba no pudo hacer menos que apoyarlos con el cuidado de ésta.

Finalmente, mientras iba conociendo a Katrina, se había dado cuenta de lo tierna y gentil que era. Una bebé que no causaba problemas, por lo que bastaba con tender algunas cobijas abrigadoras en el piso y darle unos cuantos peluches para que se entretuviera. Si había que cambiarle el pañal, lo hacía. Si había que bañarla, esperaba a acabar las sesiones de escritura más importantes y al punto de las siete u ocho de la noche ya estaba limpia, seca y dormida.

Al momento en que Gavin despertaba por fin esa mañana e iba a desayunar, Kurt no pudo esperar en darle la noticia, de que la vecina le haría el favor de servir de palanca laboral y meterlo a trabajar como ilustrador. Eso lo llenó de alegría.

—Empieza entonces a sacar las fotos —dijo Gavin, sacando una cámara de bolsillo para comprobar si tenía aun batería—. Hay que sacar las fotos de las pinturas, toma si se puede a cada una de ellas para que haya una variedad de estilos. Yo mismo iré a la copiadora a sacar impresiones de los bocetos.

Tan emocionado estaba, que a duras penas había recordado vestirse bien. Se puso los pantalones y botas, y se amarró el largo y marrón cabello en una cola de caballo. Así entonces bajó para hacer su correspondiente mandado.

La suerte definitivamente empezaba a sonreírle. Creía incluso que era un milagro que, tras haber hecho algo tan vil y bajo, pudiera tener la posibilidad de conseguir un trabajo real, honesto. Tenía que agradecerle a Reba de la mejor forma posible, pero eso era materia para otra ocasión.

Reba por su parte, se regresó al departamento ya con sus pequeños caprichos comprados. Un capuchino de calabaza con canela y caramelo, un pastel de queso con fresas al estilo japonés, y finalmente una galleta de chocolate. Última recompensa por haber ayudado a los vecinos. Tendría que ir a verlos más tarde, para ayudarlos a seleccionar algo a modo de portafolios.



Aris Meyer

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En el texto hay: asesinatos, misterio, romances

Editado: 19.09.2018

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