Insomnia

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IX

Phillip Neumann la recibió en la oficina apenas tocó la puerta. Dejándola pasar, le extrañaba un poco las razones de la cita que le hizo la noche anterior mediante un texto. Solamente le había añadido un «tengo una propuesta para ti», y luego dejó de recibir los mensajes.

—Entonces, ¿qué es esa propuesta que me quieres hacer? ¿Ya pensaste en seudónimos?

—No es eso, es que… mire, tengo un amigo que es un gran artista, así que me pidió el favor de traer su portafolio para que le diera una vista rápida —dijo Reba, extendiendo la carpeta con las fotos.

—Reba… ¿es en serio? Deberías estar trabajando en la novela, buscando un nombre adecuado que te represente, no haciendo favores a amigos que se creen artistas.

—Por favor… ay, sólo checa el trabajo. Es de verdad bueno, se llama Gavin Spencer, y es muy talentoso.

El nombre llamó la atención de Phillip al momento de pronunciarlo. Tomó entonces, lentamente, la carpeta, empezando a revisar las fotos.

—Se dedica al realismo por lo que veo…

—Sí. Mira, no soy tonta, y de hecho es algo que noté en cuanto me ofrecieron escribir una novela, y es que el departamento actual de diseño y arte… es todo menos talentoso. Si Gavin entrara, verías cómo el arte mejora.

Phillip se lo estaba pensando, viendo los retratos y paisajes que el joven hacía. Parecía meditar en cada palabra que Reba decía. Cerró entonces la carpeta, dejándola en el escritorio antes de colocar sus manos estrechadas encima.

—De acuerdo, lo pasaré con Recursos Humanos para que vaya a revisión al departamento de arte. No te prometo nada, pero puede que sí sea contratado.

—En serio, muchísimas gracias, Phil.

—No tienes que agradecerme, tan sólo esfuérzate con la novela, y todo saldrá bien. Emily dijo que la gaceta de artes y cultura ya tiene un ojo sobre ti, así que sería bueno que te esforzaras por terminar. Por el seudónimo, sería bueno que yo te ayudara en ello, junto con el registro de propiedad intelectual.

—Agradezco esas atenciones, pero creo que es algo que me encantaría hacer por mí misma. Siento que el seudónimo debe ser representativo para mí, además que prefiero hacer el registro por mi cuenta. No es que desconfíe ni nada, pero… —una pequeña risilla se escapó de su garganta, con una mueca de pena.

—Oh, no te preocupes. Lo entiendo perfectamente, entonces dejo eso en tus manos. Quería apoyarte al menos quitándote la carga del papeleo y demás.

—Y lo agradezco, pero en serio, no quisiera molestar.

Así siguieron por un momento. Era curioso, nunca había oído de editores que se ofrecieran o directamente registraran las obras de sus clientes. Claro que había escuchado de los agentes legales que lo hacen, pero de un editor directamente, era curioso.

No era tampoco que le molestara tomar ese ofrecimiento, pero la verdad sí desconfiaba. Nunca sabe uno, así que lo mejor es hacer por su cuenta dichos trámites. Así se volvió a su departamento, a seguir, como prometió a Phillip, el borrador.

El día de la entrevista llegó. La habían citado en la sala de la disquera que estaba destinada a dichos eventos. Una habitación pequeña, cómoda y bien iluminada. Ella estaba sentada en un sofá bastante acogedor, ya le habían dicho que Elis estaba por llegar. Reba, en su nerviosismo, se acomodaba el cabello y se revisaba en un espejo de mano, buscando estar lo mejor presentable posible.

Fue cuando al fin lo vio. Entró de mano de su novia, la japonesa rubia, mientras también un pequeño grupo de asistentes iba con ellos, cuidando la comodidad del bajista.

—Tú eres la reportera, ¿verdad? Elis Lacort, un placer —dijo el valenciano, extendiendo la mano, a lo que la castaña estrechaba ni tarda ni perezosa.

—El placer es todo mío, señor Lacort. Antes que nada, quisiera decirle que soy una gran fan de Node. He comprado su primer disco y planeo ir a todos los conciertos que puedan dar aquí —por no mencionar que había asistido al trágico primer concierto, pues le habían pedido no mencionar nada en la entrevista sobre el incidente. Aunque con los rumores que el foro estaba sacando, temía no poder evitar el tema.

—Es halagador escuchar eso —Elis sonreía, esa mueca firme e imperturbable en su rostro, tan perteneciente a él, que nadie más que sus conocidos sabían que era falsa. De verdad no tenía ganas de estar ahí, pero era lo que había qué hacer para mantener a los medios tranquilos. Junko se despidió entonces, diciéndole que estaría donde los asistentes. Elis le dio un beso antes que ella retrocediera.



Aris Meyer

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En el texto hay: asesinatos, misterio, romances

Editado: 19.09.2018

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