Insomnia

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XI

Reba despertó temprano aquella mañana. Al volver del departamento de Gavin y Kurt, se dedicó a leer los nuevos mensajes del foro. Entre pláticas y pláticas, no parecía haber información nueva. Aun así, se dio la libertad a dejar un mensaje.

«Sigo intentando obtener más información. ¿Alguien sabe si Elis Lacort ha hecho algo por la investigación? Supongo que debe ser de importancia para él el tema»

A pesar de las negativas a su pregunta, en algún momento algo de información saldría. Así pues, se dio cuenta que le estaban dando las tres de la mañana y fue a dormirse. Pero seguía el pendiente de la sensación de ser observada que la invadió la otra vez. Tenía qué hacer algo al respecto, pero por ahora sólo podía cerrar con llave la puerta del departamento y la recámara, y cerrar las ventanas con cortinas gruesas.

Para cuando despertó, apenas daban las seis. Fue despertada por el ringtone de su celular, siendo llamada a una junta «de emergencia» en Hehet. Llegó incluso a preguntar si había una urgencia real, pues consideraba seriamente el faltar, pero Sheppard —quien era la que llamaba— le dijo que tenía que ver con su contrato editorial.

Preocupada por ello, salió más rápida que un rayo, sin ni siquiera un vaso de agua en su estómago, en dirección a la editorial para que entonces supiera qué era lo que pasaba.

—Su contrato se encuentra en riesgo —el presidente de la editorial, un hombre de muy avanzada edad al parecer, le comunicó en la sala de juntas.

— ¿A qué se refiere? —Reba no podía evitar entrar en una especie de shock momentáneo. Su piel se había aclarado a niveles infrahumanos.

—Verá, señorita Bradley, actualmente estamos en plena crisis con lo que respecta a los contratos de los noveles. Por lo cual, no podemos darnos el lujo de mantener los estrenos que ya estaban próximos a ser anunciados. Así que, por sugerencia de nuestro departamento de Contabilidad y Marketing, además de consejo del departamento legal, decidimos cortar relaciones con los autores que aun no tienen una propuesta editorial lista. Y usted figura entre esos autores.

—Pero, no pueden hacer esto. Este es el único trabajo que tengo, y cortar el contrato es como lanzarme a la calle.

—Lamentamos que tenga qué ser así, pero es por un bien empresarial. Posiblemente en un futuro podamos trabajar con usted. Aun así, ya hemos enviado su información y el proyecto de su novela romántica a editoriales hermanas, quienes están dispuestas a publicarla bajo uno de sus sellos. Pero, lamentablemente de parte de Hehet no podrá realizarse.

La indignación era palpable. La estaban desechando cual pañuelo usado. No bastaba al parecer ser una de sus «best sellers», sino que se aprovecharon de la reciente firma de contrato para deshacerse de ella. Ni siquiera se molestó en agradecer, ni en decir palabras de desprecio. Respiraba muy agitada y solamente se dio el ánimo y las fuerzas para levantarse, azotando las manos en la mesa, y salir de la sala de juntas.

Al salir del edificio, cubrió su rostro con las manos y luego las pasó por su cabello. Estaba en serios aprietos. Peor sería si tuviera rentas por pagar —bendito sea que su departamento era propiedad de un difunto—. Pero, aun así, ahora tendría qué racionar sus ahorros para comprar comida. Sentía incluso las lágrimas atorarse en su garganta, mientras caminaba de un lado a otro y cubría su boca con el puño.

Fue cuando escuchó la voz de Neumann llamarla, agradeciendo que aun no se hubiera ido.

— ¿Qué sucede? —preguntó la castaña con la voz entrecortada, tratando que no se le notaran las ganas de llorar de la frustración.

—No te rindas. Todo va a salir bien, ya verás —el gordo Phillip intentó calmarla, sosteniéndola de los hombros.

—No digas que todo saldrá bien, porque no es verdad.

—Claro que lo es. Mira, hablé rápidamente con el Presidente Miller. Llegué a un acuerdo con él. Tienes un mes, para terminar una novela. La que sea, no importa de verdad, pero en un mes tiene que estar finalizado el manuscrito.

— ¿Y para qué? Estoy despedida, ¿de qué me sirve?

—No estás aun despedida. Entiende, mujer. Lo he convencido para que te dé tolerancia de un mes más para terminar algo. Tendrás que trabajar día y noche, pero tienes aun la oportunidad de seguir trabajando aquí.

Reba no lo podía creer. Entre el shock de su aparente despido y lo que ahora su agente le decía, no sabía qué responder. Y duró un par de segundos en silencio.

—Está bien. Haré mi mejor esfuerzo para terminar una novela. Tengo una idea en mente, pero si de verdad es lo que sea… sé que podré lograrlo.



Aris Meyer

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En el texto hay: asesinatos, misterio, romances

Editado: 19.09.2018

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