Insomnia

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XIV

Tras intentar tomar una siesta durante la tarde, Elis parecía irse durmiendo poco a poco. Y lo estaba logrando, pero el celular empezó a sonar. Junko tuvo que hacerse cargo del mismo, puesto que era la primera vez en un buen tiempo que no veía a su prometido sumergirse tanto en el sueño, y terminó por contestar al identificar el número como el departamento de policías.

—Recibimos una carta de parte de la familia de Darya López. Al parecer tenemos al fin el móvil del asesinato de la señorita —informó el detective Turner, una vez que la japonesa había tomado el teléfono y contestado.

— ¿De verdad? Oh… me encantaría decirle a Erisu, pero es que… verá, su estado de salud ahora no es muy estable, necesita descansar —Junko tenía ganas de despertar a Elis y que éste tomara la llamada, pero realmente le preocupaba el tema de su insomnio, y prefería dejarlo descansar todo lo que él pudiera. Así lo tuviera incluso veintitrés horas dormido.

—Oh, no se preocupe, señorita Kobayashi. Entiendo que este asunto sea demasiado delicado para todos ustedes. Así que, no se preocupe por ello. Solamente avise al señor Lacort en cuanto pueda, para que podamos hablar de una manera más detallada el asunto.

Dicho esto, colgaron. Junko se quedó pensativa al respecto. Sentada ahora en el sofá de la sala del departamento, se quedaba meditando sobre lo que estaba pasando. Todo esto debía ser una terrible broma. Uno nunca se imagina que algo de este calibre pueda sucederle. Es esa clase de historias que uno se encuentra en la nota roja de un periódico sensacionalista, o en los borradores de un aspirante a novelista. Pero jamás espera que le pase en la vida real.

Después de que el asunto se hiciese viral por todo internet, principalmente entre los países en donde Node ya era popular, no faltaron las amigas curiosas que le hacían preguntas al respecto a Junko, y ella, como buena persona y sin malicia, les comentaba todo lo que le estaba permitido comentar. Entre ello, claro estaba, la antigua relación entre Elis y Darya, a lo cual las otras chicas hacían diversas preguntas, aunque la más popular y cliché siempre era:

«¿No te causa celos que esto se trate de su novia muerta?»

Era enfermizo hasta pensar en formular la pregunta. ¿Qué querían decir con esto? ¿Era una pregunta sobre su sentir, o una insinuación de estar compitiendo por el cariño de Lacort con una chica muerta? Era simplemente repugnante la poca empatía que esas chicas tenían, por lo que, cada que salía esa pregunta, Junko solamente la ignoraba, cortando la conversación inclusive.

Pero claro, ahora el tema tenía que salir a colación de nuevo. Era inevitable el siquiera pensarlo. Darya esto, Darya lo otro. Y era irritante, si era sincera. Pero era por Elis que soportaba. Comprendía el trauma que debió ser para él dejarla un día simplemente en casa de alguien, y volver sólo para ver cenizas. Debió ser horrible para Elis, era eso el lazo que todavía lo vinculaba con ella.

Porque a fin de cuentas… a Junko fue a quien le dio el anillo. Fue a Junko y a nadie más. Le dio un anillo nuevo, no como en los josei baratos donde el chico en cuestión se declaraba con el anillo a quien se le había confesado a otra. Esto era real, tangible, y podía ser incluso verificado por los demás. Y eso era lo que terminaba de hacer que Junko no tuviera ninguna clase de dudas.

Terminó por llamar a Leather al poco rato de estar pensando, tras haber verificado que Elis estuviera completamente dormido.

—Debes estar de broma —contestó el guitarrista, quien reposaba en su casa de manera tranquila.

—No, no es una broma. El detective Turner, ese hombre grande y grueso, llamó para decírmelo. Le ha llegado una carta con los detalles del móvil del asesinato.

—Esto es… es demasiado para tomar de una sola vez. ¿De verdad tienen los detalles? ¿El por qué pasó lo que pasó?

—Tal vez no de esa manera, pero, definitivamente había una razón por la que hicieron aquello. Le habían robado su libro a la señorita López. Supongo que debió ser un libro muy exitoso para que la mataran por ello… suena realmente ridículo —la lolita bufó, de verdad que era tonto. A menos que se estuviera enfrentando a algo muy fuerte, o haya sido un auténtico enfermo el que lo hizo, un libro era muy poca cosa como para matar de esa manera a alguien.

—Voy con ustedes, Junko. Por favor, dile a Elis que…

—Erisu duerme. No creo que sea lo mejor despertarlo.

Leather estaba por protestar por ello, pero los señores Lacort le habían pedido que velara por la salud de su hijo, y por lo menos iba a cumplir esa palabra. Así que lo dejaría dormir. No obstante, necesitaba estar allá. Esa es la clase de cosas que no se pueden decir simplemente por teléfono. No. Necesitaba hablar al menos con Junko de ello.



Aris Meyer

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En el texto hay: asesinatos, misterio, romances

Editado: 19.09.2018

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