Irresistible Caos #2

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Capítulo 4

El beso era suave, sus labios estaban pegados a los míos pero nuestras legua por suerte nunca llegan a encontrase. Agradezco interiormente a cada segundo que pasaba, cada segundo era una eternidad, continuaba el beso sabiendo que alguien nos estaba observando. Me tomo solamente unos un momento saber porque Duncan lo hizo, y eso era que también agradecía. Era la única explicación que podríamos dar cuando nos interrogaran porque estábamos en el despacho donde evidentemente no deberíamos estar, bueno, en realidad donde yo no debía meterme, de todas maneras lo valió, y volvería en cualquier momento, no sabía cuándo, pero volvería a por más.

—¿Qué demonios está sucediendo aquí, Duncan? —la voz enojada de Alexander nos separó finalmente.

Duncan de inmediato entrelazo nuestras manos.

—¿Tú que crees, papá? —Duncan levanto nuestras manos entrelazadas al aire para dejar en evidencia algo que este esperaba—. No encontramos un lugar más excitante para darnos nuestro primer beso.

Reprimo una risa.

Me encanto su sarcasmo lo cual al parecer molesto aún más a su padre.

Alexander no estaba solo.

Una mujer de unos cuarenta y tres años estaba a su lado, ella tenía un vestido rojo sangre ceñido a su figura esbelta, tacones de unos siete centímetro de alto lo cual la hacía lucir de un metro con ochenta, su cabello rubio ¿natural? No lo sabía, la cuestión es que le caía sobre los hombros como ondas. Su mirada fija en una única persona en la habitación, en mí. No me estudiaba de arriba abajo, simplemente me miraba a los ojos, directamente a los ojos sin pestañar. Le sostuve la mirada por unos dos minutos, pero al ver que esta no iba a apartar la vista de mí, decidí ceder y yo centrarme en el hombre, en la escoria quien estaba arruinando la vida de todo el mundo. Alexander fulminaba con la mirada a su hijo, por otro lado a Duncan no pareció incomodarle, apreté mi mano con la suya para hacerle saber que no quería estar más aquí. Esperaba con ansias que me entendiera y me sorprendió cuando nos hizo dar pasos hacia adelante.

—Hasta que al fin se te hizo, hijo —dice Alexander pero este aprieta la mandíbula. Algo me dice que está controlándose por la mujer a su lado.

—Como tú querías, papá —contesta Duncan.

—¿Dirás como tú lo querías?

—Perdón que hayamos interrumpido en tu despacho, pero es que hemos venido a hablar contigo y como no te encontramos decidimos esperarte, y una cosa llevo a la otra y ya sabes el resto de la historia puesto que lo has visto con tus propios ojos — Duncan habla con una rapidez impresiónate—. Ahora si no te molesta queremos irnos a dormir.

Mi amigo me lleva hasta afuera del despacho rosando a la mujer rubia quien no apartaba los ojos de mí. Un escalofrió me recorrió todo el cuerpo al rozarla. No le di importancia, supongo que si esta con Alexander no debe de ser para nada bueno y por eso esa sensación escalofriante.

—¿Para qué querían hablar conmigo? —inquiere Alexander deteniéndonos a mitad de camino.

Los dos volteamos para enfrentarlo.

—Ahora estas ocupado por lo que veo, y preferimos hablarlo a solas —respondió Duncan.

Alexander asiento con la cabeza no muy convencido.

Sin más casi corrimos escaleras arriba como cada escalón estuviera en llamas.

Nos metimos a la habitación que yo ocupaba, Duncan cerró la puerta detrás de él negando con la cabeza y frunciéndome el ceño.

—Lo sé, fui una estúpida por exponernos así —susurre sentándome en el borde de la cama. Duncan tomo asiento a mi lado enseguida.

—Por exponerte así —me corrige.

—Lo siento.

—Menos mal que he sido yo quien te encontró, de lo contrario ahora no quiero ni imaginar lo que mi padre te hubiese hecho.

Si, ni yo tampoco. Pienso para mí misma.

—¿Ahora me dirás la verdadera razón por la cual has estado en su despacho? Y quiero la verdad, iris.

—Ya te lo he dicho, nada.

—Te salve la vida, creo merecer la verdad al menos.

todo lo que hice dentro de su despacho en mi cabeza cuando de pronto caigo en cuanta un terrible error que cometí y deje en evidencia.

—¡Dios mío! —me levanto de un salto de la cama.

Duncan hace exactamente lo mismo.

—¿Qué? ¿Qué sucede?

Me llevo mis manos a mi cabeza cerrando mis ojos con fuerza.

—El ordenador.

—¿Qué pasa con eso?

—Lo deje encendido, esta encendido, tu padre me destrozara.

El miedo ahora se instaló en los ojos de Duncan.

—No puede ser —murmuró.

Nos quedamos mirando sin saber que decir.

—No te preocupes, yo me encargaré de inventarme algo. Dudo que tenga corazón para asesinar a su hijo —bromea.

No es momento de broma ni de reírnos por eso.

Nos volvemos a sentar en la cama.

—No te preocupes —me repite colocando una de sus manos sobre mi pierna.

Lo dejo estar.

—Lo siento —digo.



Itsaldanat

Editado: 16.01.2020

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