Irresistible Error

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Capítulo 24

El departamento no estaba ubicado en una de las zonas seguras de Miami, me costó llegar y hasta me costó que un taxi me dejara justo en la dirección que me había dado Billy. Aun así estaba decidida a darle una oportunidad sin importar qué.

El edificio por fuera era un poco viejo de un tono verdoso, las paredes repletas de grafitis muy curiosos por su forma, no le di importancia alguna puesto que no eran para tanto, en todos lados hay grafitis.

Estoy de pie justo en la puerta que lleva al interior de este esperando a que el hombre apareciera. Lo único que he visto desde que llegue hace al menos unos veinte minutos más o menos, son cinco o seis personar pasar por la zona y ya. Si esto es así cuando el sol esta iluminando con fuerza, no quiero imaginarme en la noche, en plena oscuridad. Ni una sola alma.

Me estaba poniendo nerviosa de que nadie apareciera. Quedamos en una hora exacta y ya está muy retrasado. No he parado de ver la hora en mi celular cada minuto. Apoyo mi espalda contra el muro y me cruzo de brazos resoplando.

¿Ha sido una buena idea venirme sola?

¿Y si mejor me voy?

Mis opciones son simples y no son muchas: Continúo esperando un rato más, o camino por las calles desconocidas buscando algún taxi o autobús, cosa que cuando venía no he visto ni uno solo pasar. Tal vez debí decirle a Selene que me acompañara, pero esta se opondría a que yo alquile un departamento cuando me puedo quedar en su casa todo el tiempo necesario. Además claro que aún no le dije a donde me iba.

Mi celular suena en mi bolso.

Tengo una llamada. Es de mi madre.

—¡Hola, mamá! ¿Cómo estás? —respondo y menos mal que me ha llamado, yo había olvidado marcarle para hablarle de papá.

—¿Se puede saber cómo es eso de que dejaste la universidad? —la oigo reñir.

¿Cómo se enteró?

—Contéstame, Iris —grita.

Y yo pensando que mi gran problema sería mi padre cuando lo supiera.

—¡Tuve problemas! —Respondí despegándome del muro—. ¿Cómo lo sabes?

—Porque tu padre me lo dijo —dice duramente—. Ahora dime tú, ¿cuáles fueron esos problemas?

¿Él ya lo sabe? ¿Cómo? Golpeo el muro con mi puño libre como si este tuviera alguna culpa.

—¿Está molesto conmigo? —Inquiero, ignorando su reciente pregunta mordiéndome el labio inferior.

—¿A ti que te parece? Claramente, Iris.

Me lo imaginaba.

—Prepárate porque cuando te tenga en frente se pondrá en modo abogado contigo —me advierte mi madre.

Si, así es él. Es padre cuando esta de buenas, es abogado cuando hiciste algo que no debías o cuando lo contradicen. A mí me tocara enfrentarme al abogado sin escrúpulos.

—No lo entiendo, Iris —exclama—. ¿Por qué no llamaste para informarnos? Sea cual sea el problema te habríamos ayudado. Al menos me hubieras llamado a mí para encontrar una solución.

Si se lo decía a ella, se lo contaría a mi padre. Puede sonar totalmente estúpido, absurdo, o cualquier cosa, pero no importa que tenga veinte años, sigo siendo una niña a la que aún deben controlar, hasta no cumplir los veinte un años, ellos, o más precisamente mi padre estará encima de mí para monitorizar mi vida. Me lo dejo muy claro tantas veces que ya he perdido la cuenta.

—¿Qué hago? —le pregunto.

—Principalmente y antes que nada, explícale porque te han expulsado y…

Al escuchar la palabra “Expulsado” la detengo ahí.

—¿Expulsado? ¿De dónde has sacado eso? No me han expulsado.

—¿En serio? Pues eso fue lo que me dijo tu padre esta mañana.

—¿Y él de donde lo ha sacado?

—No lo sé. Sabes perfectamente que tu padre habla lo justo y necesario —me dice y tras hacer una pequeña pasa añade—: Bueno, no interesa. Se lo explicaras detalladamente, eso debes hacer.

Me froto la cien.

Escucho un carraspeo detrás de mí. Me doy la vuelta y me topo con un hombre de mediana edad alto, de un metro con setenta y cinco o más, cabello color oscuro. Él sonríe con los labios cerrados e inmediatamente supongo de quien se trata.

—Mamá te llamo después —digo.

—¿Por qué?

—Luego te digo —y cuelgo.

Bloqueo mi celular y lo vuelvo a guardar en mi bolso.

—¿Billy? —pregunto con duda.

Él asiente con la cabeza mirándome con los ojos completamente fijos en mí. Pasa por mi lado y se dirige a abrir la puerta del edificio con un empujón, la mantiene abierta.

—¿Entramos? —no me sonó tanto a una pregunta.

Pues la primera impresión de aquel hombre no es la misma que tuve al llamarlo. En el teléfono parecía más ¿amable? Como sea, doy unos pasos adelante y me adentro al edificio.

Un ascensor se abre al segundo, y dos mujeres mayores salen de este hablando distraídamente y se salen del edificio. Debo decirlo, es bastante bonito por dentro, lo cual no pensarías que así fuera si pasaras delante de este.



Itsaldanat

Editado: 15.08.2019

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