Itzitery (sin corrección)

Tamaño de fuente: - +

Capítulo cinco: ¿Nuevo comienzo?

Capítulo cinco: ¿Nuevo comienzo?

 

—Oye, despierta, niña —Su voz me despierta rápidamente de mi sueño.

 

— ¿Dónde estoy? —Pregunté con el ceño fruncido al ver que me encontraba en lo que parecía ser una extraña cárcel.

 

—Estas en un lugar muy seguro y déjame decirte que lo que sabes de Itzitery no ayudara, así que ya comienza hablar de una vez por todas niña. Ya no te soporto, lo único que haces es molestarnos, si no sabes algo es tu momento de aclaras las cosas, pero… si sabes tendrás un trabajo en la corporación, ¿okay? —Dijo él.

 

En ese momento no dude ni un segundo, sabía que debía tener un trabajo y los más importante era que estaría a salvo aquí, nada malo me pasaría y los ayudaría a encontrar a eso que todos están buscando, tengo tantas preguntas acerca de eso que ni siquiera sé si es una persona o algo que se perdió. Por alguna razón todos lo querían y debe de ser muy importante ya que no hay manera de encontrar una pista o algo. Pero si ellos necesitaban mi ayuda yo también se las pediría, necesitaba saber la verdad sobre el asesinato de mi hermano, necesitaba que mis dudas sean aclaradas de una vez por todas. Ya había pasado demasiado tiempo pero ese dolor era igual que el primer día, no había manera de que mejore… es más hasta me parecía que cada vez era más doloroso que antes. Cada día que pasaba me era aún más doloroso y no había manera de que eso mejore… pero quizás podría mejorar si yo sabía la verdad de aquel día.

Sabía que las cosas no podrían haber sido peor pero me mantenía al margen, siempre al margen ya que sólo era una pequeña niña. Esperaba que las cosas se mejoraran cuando crezca pero no fue así, es más empeoraron con cada día que pasa. Me siento sola en este mundo y ahora si aceptaba este trabajo quizás ya no este sola, ya no más.

 

—Sé muchas cosas sobre Itzitery, pero… necesito que me ayuden también. Yo presto mis servicios si ustedes me ayudan con la verdad acerca de la muerte de mi hermano, ¿Me ayudas o me voy? —Al hacer la pregunta alzo una ceja sin dejar de ver sus ojos, quizás de ese modo le dé un poco de miedo y decida ayudarme y no ser tan idiota conmigo.

 

— ¿Quién dice que te ayudare?

 

—Yo, mira aliento de sandía… si no me ayudas encontraré la manera de hacerte pagar y en ese momento de mi venganza no podrás decir nada ya que ni cuenta te vas a dar de que ya no estas vivo ¿Me ayudas o prefieres morir a tu corta edad? —Sonrío ampliamente. Me sentía fuerte y capaz, esta vez hablaba enserio con este sujeto.

 

—Bien, te ayudare.

 

— ¿Cuál es tu nombre? —Pregunté esperando una simple respuesta.

 

—Shawn Vander, soy el hijo del señor Vander… —Susurró él.

 

Mi ceño se frunce y me levanto de la silla en la cual me encontraba sentada y me acerco directamente a él, asiento una vez con la cabeza y le tiendo mi mano. Mi ceño vuelve a la normalidad y miro sus ojos con una expresión fría.

 

—Emily Grissom —Dije.

 

Lo solté inmediatamente ya que su rostro se volvió completamente rojo, me sorprendí ante la situación y me volví a sentar lejos de él, a una distancia razonable. Podía ver que el color rojizo continuaba intacto en su rostro lo cual llamo mi atención, quizás esté enfermo.

 

— ¿Te sientes bien? —Pregunté algo nerviosa ya que la situación me resultaba rara y nueva.

 

Él simplemente asiente y sale de la sala en la que nos encontrábamos, observo por la ventana de cristal su camino y luego oigo pasos que comienzan a entrar en la habitación. Me sentía asustada ya que no conocía a nadie más que a Shawn en aquel lugar extraño.

La persona que entró a la habitación era un hombre de alrededor de treinta años de edad, cabello negro corto, vestía elegante, parecía un agente del FBI o algo como eso por su traje y la placa que colgaba de su cinturón junto con un arma. Mi vista siguió subiendo hasta encontrarme con sus ojos, eran completamente azules, eran como los de mi papá o quizás aún más azules que los de él.

 

—Grissom, bienvenida a la organización TBF. Soy el señor Vander —Dijo él y se acercó para tenderme su mano.

 

Asentí y la tomé por unos segundos, no dije nada ya que cuando iba a decir algo vi entrar nuevamente al aliento de sandía a la habitación. Mi ceño se frunce y lo miro como si lo estuviera fulminando con la mirada.

El señor Vander nos miró y luego pegó una carcajada.

 

—Trabajaras con él.



Byther

Editado: 02.02.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar