Ixthus, El Llamado

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(En el presente)

El frío de enero siempre había hecho que el trabajo fuera más pesado. Con temperaturas de diez grados bajo cero y niebla espesa, cualquiera hubiera pensado que era más inteligente dejarlo para otro día, además corrían el riesgo de resbalar en la nieve y caer por el voladero; pero Naín pensaba diferente. Este era un pez gordo según le habían dicho, quizá el criminal más astuto con el que jamás se hubiera enfrentado; era responsable por el levantamiento rebelde en Hieron y líder de los “Ixthus” en la región de Lod, ese grupo que tantos estragos había causado en la sociedad, no cabía en la mente de Naín la idea de dejarlo escapar, “no esta vez” se decía a sí mismo. Días atrás lo había evadido con tanta habilidad que había puesto en evidencia a muchos y eso lo tenía furioso.

Intentaba mantener la calma, no deseaba que sus hombres se dieran cuenta de la ansiedad que inundaba su mente, pero no podía evitar que sus dedos golpearan descontroladamente sobre su pierna. Apretó el puño buscando detenerlos pero eso solo provocó que su mano sudara a pesar del frio intenso que hacía, incluso dentro del camión de asalto que llamaban Gret. Limpió el sudor en su pantalón y aguzó la vista tratando de encontrar alguna señal del criminal entre la niebla, pero unos metros más adelante  tuvieron que detenerse; la neblina había aumentado tanto que ya no se podía ver nada más allá de tres metros.

Uno de los soldados anuncio lo obvio.

—Señor tendremos que continuar a pie.

Naín guardó silencio unos segundos, quería buscar desesperadamente una solución; si dejaban el gret la búsqueda iría más lenta y por supuesto que arriesgaba la vida de sus hombres, pero dejar a Andrés suelto sólo significaba más oportunidades de levantamiento para los ixthus, y eso era algo que no podía permitir.

Aczib fue quien rompió el silencio.

—No señor, esa es una muy mala idea, arriesgaríamos la vida de nuestros soldados. Además Andrés estará perdido de todas maneras, no trae equipo ni provisiones, seguramente el combustible se le acabará pronto y si no muere de hipotermia entonces morirá de cualquier otra manera.

Naín se exasperó ante tal comentario y con un movimiento rápido, tomó al soldado por la solapa y lo acercó bruscamente hacia él.

— ¡No entiendes que podría tener información importante sobre las conspiraciones y el resto de los ixthus!

—Lo siento yo…

— ¡Lo quiero vivo! Ahora dígame soldado Aczib ¿prefiere quedarse a cuidar del gret?

Todos sabían que quedarse a cuidar de los gret solo significaba una cosa: ser destituido sin honores del ejército por desobedecer una orden directa. Los altos cazadores como Naín usaban ese término para resaltar la vergüenza en un soldado, por no ser capaz de hacer otra cosa más útil y varonil que cuidar de los gret, además, no significaba que literalmente los dejaban tranquilos dentro del vehículo, sino que los dejaban esposados con un arma cargada para disparar a cualquier criminal que intentara acercarse, esa era una última oportunidad de “salvar” la poca dignidad que les quedaba; si no podían siquiera salvaguardar un camión eran considerados unos seiri, es decir, algo peor que un inútil. Era realmente una deshonra que un alto cazador usara esas palabras con uno de sus soldados, lo cual explicaba que Aczib estuviera sonrojado y quizá también un poco asustado si Naín decidía dejarlo “atrás”.

—No señor—respondió tratando de ocultar su vergüenza y coraje que eso le hacía sentir.

—Eso creí—apuntó Naín—. Ahora vaya y baje el equipo, continuaremos la búsqueda a pie ¡Muévanse todos!

— ¡Sí señor!—gritaron el resto de los soldados, que por todos sumaban seis.

En menos de un minuto todos estaban listos para seguir con la búsqueda.

— ¡Equipo rojo a la derecha!—ordenó Naín— ¡Ben eres equipo azul, ve con Aczib a la izquierda y tu Amitai sígueme! Entraremos en la montaña.

— ¡Sí señor!

Antes de irse, Naín dirigió una última mirada a su hermano Benjamín, tan sólo dos años menor que él y su segundo al mando. Habían tenido que enfrentar mucho desde pequeños, para empezar, la muerte de  sus padres durante la guerra silenciosa de Hieron; cuando Ben tenía tan sólo un año. Y durante mucho tiempo para Naín, y en especial para Ben, su ausencia durante casi todos los años de su vida había dolido más de lo que cualquiera pudiera imaginar y más de lo que demostraban también. 



Elizabeth Pineda

Editado: 20.02.2018

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