Ixthus, El Llamado

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Se apresuró a deshacerse de su chaqueta y de todas sus pertenencias, debía deshacerse de todo el peso extra que traía consigo para poder descender sin problemas hasta su hermano.

— ¡Amitai, por aquí!—gritó— ¡ven rápido!

Amitai llegó corriendo al lugar.

— ¿Qué pasó?—preguntó casi sin aliento— ¿Dónde está?

—Abajo, solo escuché un gemido, no puedo ver nada.

Si Amitai no hubiera escuchado de nuevo el gemido habría pensado que su líder estaba escuchando cosas en su cabeza otra vez. 

—Es verdad, no debe estar muy abajo si podemos escucharlo.

El corazón de Naín palpitaba tan fuerte que incluso podía escucharlo. Prometió que si regresaba con su hermano en una pieza para la siguiente misión tendría más cuidado con él y no volvería a dejarlo solo, o quizá ni siquiera volvería a llevarlo a donde su vida podría correr peligro. En realidad ahora podría prometer cualquier cosa con tal de que su imprudencia no se reflejara en consecuencias graves.

Tomó el intercomunicador de su chaqueta y llamó a Aczib.

—Aczib necesito esas cuerdas ahora.

—Ya voy de regreso señor. Llegare en un minuto.

—Puede que no lo tengamos.

—Haré lo que pueda.

Naín apretó el puño y sintió como su corazón se aceleraba con cada segundo que perdían, pero sabía que no había nada que hacer, no hasta que Aczib llegara con las cuerdas. Se volvió  a arrodillar junto a Amitai que intentaba ver a través de las mira de su rifle, pero era inútil, la niebla no les permitiría ver nada en tres metros a la redonda.

Luego de un minuto que a Naín le pareció interminable, Aczib llegó con las cuerdas y los arneses.

Naín se apresuró a colocarse el arnés, primero la pierna derecha luego la izquierda. Mientras tanto Amitai y Aczib se colocaban una especie de faja con una gruesa argolla en el estómago y otra igual en la espalda baja, se pusieron frente a la barranca uno detrás del otro y pasaron la cuerda por las argollas para soportar el peso de Naín y luego lo sujetaron a su arnés.

Comenzó a descender por el precipicio empujándose con sus pies hacia atrás, mientras Amitai y Aczib soltaban poco a poco la cuerda que lo sostenía. Cundo hubo descendido unos cinco metros pudo ver lo que parecía ser el logotipo de su unidad, una cabeza de lobo blanca impresa en la espalda de la chaqueta negra. Definitivamente era su hermano y aún seguía respirando, sintió como la esperanza renacía en su interior.

— ¡Sólo dos metros más!—gritó Naín para que Amitai y Aczib supieran cuanta cuerda soltar.

Cuando estuvo a sólo medio metro de su hermano pudo darse cuenta de que había caído en una enrome roca que se asomaba de la montaña y formaba una especie de descanso.

—Aguanta, ya estoy aquí.

No fue sino hasta que estuvo de rodillas junto a Ben que se dio cuenta de que tenía ambas piernas rotas, dobladas en ángulos anormales y yacía boca abajo. Naín comenzó a culparse de nuevo, ese accidente ya había arruinado a su hermano para siempre. Estaba claro que en un futuro no podría hacer las mismas cosas que antes y todo por no haber sido más precavido o por no haber escuchado a Aczib cuando le advirtió que entrar en la montaña sería peligroso. Puso su mano en su espalda y lo sacudió levemente para recibir alguna respuesta de él, pero solo consiguió soltar un grito ahogado, Naín se dio cuenta de que acababa de lastimarlo, apartó rápidamente su mano de su espalda y trató de buscar con la vista dónde estaba el problema. 

—Ben dime que…

Interrumpió sus palabras al recordar que en el entrenamiento de primeros auxilios el instructor les había contado una anécdota de una persona que había caído de una altura semejante y se había roto la espalda por el impacto.

Levantó lentamente la chaqueta de Ben para descubrir su espalda y vio con horror como claramente su columna estaba rota en la espalda baja, tenía una protuberancia rodeada de un enorme moretón entre azulado y verdoso.

Un frío distinto se apoderó de su cuerpo, ahora ya no le preocupaba que su hermano pudiera o no caminar, ahora se preguntaba si por lo menos podría sobrevivir a eso. Intentó recordar si en esa anécdota del instructor la persona había sobrevivido pero los pensamientos se le enredaban en la cabeza y no podía recordar nada. Se concentró en lo que sí recordaba. Les pidió a sus compañeros que hablaran a la oficina central para pedir ayuda, tardaría una hora en llegar un Soc de rescate. Estaban muy lejos y la niebla no ayudaría mucho al rescate. Aunque los Socs eran aviones especiales para situaciones como esas, no eran muy veloces.



Elizabeth Pineda

Editado: 20.02.2018

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