Ixthus, El Llamado

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No se dio cuenta de en qué momento un tibio sol reemplazó al frio de su celda, pero agradecía muchísimo ese cambio. Estaba tan a gusto que se negaba a abrir los ojos para descubrir con tristeza que se trataba de un sueño. “No es un sueño” de decía a sí mismo, para ver si así se volvía más real “no es un sueño, la cárcel fue un sueño, una pesadilla de hecho”

—En realidad este es el sueño y lo otro fue real—una conocida voz le respondió—. Anda bella durmiente abre los ojos de una vez, te prometo que el sueño no se disolverá, al menos no al principio.

No muy convencido Naín abrió los ojos, y entonces pudo ver que se encontraba en una apacible playa; el cálido viento trajo consigo un agradable olor a agua salada y el sonido de las olas al romper en las rocas era realmente tranquilizador. Giró su cabeza para poder apreciar la playa en todo su esplendor, hasta que su vista se encontró con la de su hermano Ben.

— ¡Ben!—Sin pensarlo dos veces los brazos de Naín se enredaron en su hermano y comenzó a llorar.

—Hola compadre—saludó Ben igualmente conmovido.

—No sabes cómo lamento lo que sucedió—dijo Naín luego de un rato mientras se separaba de su hermano.

—Lo sé—respondió Ben mirándolo con compasión.

— ¿Dónde estamos?

Ben dio un vistazo a su alrededor con una sonrisa en su cara.

—Pues no lo sé, pero igual es genial estar en la playa.

— ¿Por qué estamos aquí?

—Nunca había estado en la playa, jamás tuve la oportunidad de ir.

La tristeza se dibujó en la cara de Naín con el comentario de Ben, pues sabía que esa era una de las tantas promesas que había hecho y que no tendría la oportunidad de cumplir.

—Tranquilo—dijo Ben como adivinado los pensamientos de Naín—. No me arrepiento de lo que pasó, sucedió tal y como tenía que ser.

— ¿Tú crees? Entonces no compartimos el mismo pensamiento.

—Sé que estas molesto.

—Sí, lo estoy y mucho. Había muchas otras personas en el mundo que merecían haber muerto, pero fuiste tú y no ellos.

—Muchas otras personas ¿Cómo Andrés?

—Si, como Andrés.

—No quieras engañarte, tu no estas molesto con Andrés ni con ningún otro criminal.

—Tienes razón, estoy furioso con ellos.

—No, no es verdad, porque lo cierto es que el único con el que estas molesto es contigo mismo.

— ¿Por qué iba a estar molesto conmigo?

—Siempre creíste que tu mayor tarea en tu vida era protegerme y mi muerte te hace sentir que fallaste, que me fallaste.

Nunca se había detenido a pensar de esa manera. Desde que Ben murió, su mayor anhelo había sido condenar a Andrés; pero quizá a quién más hubiera querido condenar era a sí mismo, tal vez incluso habría preferido cambiar lugares con él y haber muerto en su lugar en el hospital, o mejor aún, preferiría haber muerto en la montaña en lugar de su hermano; pero no había sido así, y no podía cambiar el pasado por eso se esforzaba tanto en condenar a Andrés.

—Lo hecho, hecho está, si no puedo cambiar el pasado mejoraré el presente y aseguraré el futuro. Por eso busco venganza y justicia, es lo único que quiero.

— ¿Sí? Entonces ¿Por qué intentaste salvarle la vida a Andrés cuando se moría en el hospital?

—Porque… porque no quería que muriera así como así, esa no es justicia.

—Solo intentas engañarte a ti mismo.

—Bueno y ¿Por qué crees saber tanto sobre mí? No sabes lo que pienso.

—De hecho si lo sé, soy un sueño, en otras palabras soy un producto de tu mente, sé cómo te sientes, porque en cierta forma yo soy tú. No podría decirte algo que no sepas ya.

Un prolongado silencio sucedió a la conversación, Naín estaba asimilándolo todo. Tenía lógica, todo lo que Ben le había dicho tenía lógica.

—No sabes la vergüenza y la carga que es eso para mí—dijo Naín luego de meditar un rato—. Debí cuidarte mejor, lo sé de sobra, pero no sé qué hacer.



Elizabeth Pineda

Editado: 20.02.2018

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