Ixthus, El Llamado

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—Vaya—dijo tratando de recomponerse—, y ¿Qué es eso?

La extraña reacción de Amitai ante el sello le dijo a Naín que lo había reconocido y también que ello no significaba nada bueno; sin embargo, el hecho de que intentase aparentar que no lo reconocía le decía que su amigo le ocultaba algo.

—Es un sello—dijo Naín haciéndole creer que no había notado su reacción—, y no sé cómo funciona realmente. Apareció de la nada en mi celda y cuando lo toqué emitió una potente luz que me dejó ciego y cuando recuperé la vista ya no estaba en la celda.

— ¿Hablas en serio? ¿Y a dónde te llevó?

Naín apretó las mandíbulas, quería ser cauteloso con lo que decía, pues aún no sabía lo que Amitai le ocultaba ni porqué.

—A donde se esconden todos los ixthus—respondió finalmente

Amitai lo miró interrogativo.

—Entonces entraste y saliste así como así.

—Sí, así como así.

—Si fueron ellos los que mandaron el sello a tu celda debieron tener un motivo ¿no te dijeron o preguntaron nada?

—Pues no es como que les hubiera dado mucho tiempo de hablar conmigo, quise salir inmediatamente y en realidad aun no entiendo porque me dejaron salir tan fácil.

—Bueno esa es una típica táctica de ellos, se muestran accesibles y buenas personas para que te unas a ellos.

—Pues tal vez, lo que importa ahora es que pude salir sin ningún problema.

—Déjame ver ese sello—pidió Amitai.

Naín se lo ofreció, pero cuando trató de tomarlo este se negó tajantemente a desprenderse de su mano.

—He tratado en vano de quitármelo de encima—le dijo Naín—, pero está decidido a quedarse conmigo. Observa esto.

Jugueteó con él pasándolo de una mano a otra, poniéndolo en sus rodillas, brazos y piernas; pero al tratar de lanzarlo lejos, el sello siempre regresaba a su mano.

— ¿Lo ves? Mientras lo deje en alguna parte de mi cuerpo puedo soltarlo, pero cuando trato de alejarlo de mi ¡siempre regresa!

—Está bien, olvidémonos del sello por un momento, pensemos como podemos pedirle ayuda al ortán sin levantar sospechas.

Ambos se sumieron en un intenso silencio que les ayudaba a pensar en la situación. Luego Amitai tuvo una idea.

—Tú sabes de tecnología Naín ¿porque no le envías un mensaje cifrado a su celular?

—Eso levantaría más sospechas que con ninguna otra cosa, su celular está bajo vigilancia todos los días, aunque no pudieran leer el mensaje el consejo sospecharía inmediatamente y comenzarían a investigar.

—Si tienes razón, quizá miramos en la dirección incorrecta, tal vez la solución está más cerca de lo que pensamos.

— ¿A qué te refieres?

—A esa cosa que tienes en tu mano. Se supone que te lleva al lugar donde tienes que estar ¿no?—Naín solamente asintió con la cabeza, estaba sorprendido de que Amitai supiera eso; pero no dijo nada y dejó que prosiguiera—bueno entonces prueba con él, si necesitas hablar con el ortán te llevará a él justo cuando no esté siendo vigilado.

Naín observó por un rato el sello, reflexionaba sobre la sugerencia de Amitai.

—No lo sé, que tal que me lleva a una trampa o a un lugar del que no puedo volver. O quizá ni siquiera funcione.

—Bueno creo que es el mejor plan que tenemos hasta ahora, no pierdes nada con intentarlo.

—Supongo que sí.

Dudó un rato antes de apretar el sello con todas sus fuerzas, sin embargo nada ocurrió cuando lo hizo.

—Bueno creo que en realidad me siento aliviado de que no haya funcionado—dijo Naín con una risita nerviosa.

—O quizá quiere decir que ahora no es el momento oportuno, quizá esta en presencia de otras personas que no te conviene ver o quizá está en un lugar público o yo que sé, tampoco te rindas con eso tan fácil.

—Eso es demasiada especulación creo yo, mira la verdad es que estos cachivaches de los ixthus no me dan mucha confianza, así que mejor lo dejamos donde está.

—Bien como quieras, pero aun creo que deberías seguir intentándolo. Aunque si quieres podemos intentar esto: mañana, cuando vuelva al cuartel estaré a cargo del entrenamiento de los novatos, le pediré al ortán que vaya y les de algunas palabras para motivarlos o a ver que se me ocurre. En el campo abierto no hay tanta vigilancia, así que cuando vaya de regreso a su oficina hablaré con el ¿Qué te parece?



Elizabeth Pineda

Editado: 20.02.2018

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