Ixthus, El Llamado

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Naín se tiró al sofá abatido. Sentía que ninguno de los que conocía le estaban diciendo la verdad y claro los ixthus no ayudaban mucho inventando tantas historias fantasiosas como la que le acababan de contar. Estaba frustrado sin saber qué hacer ni en quién confiar ¿Por qué era tan difícil encontrar la verdad? Amitai, su mejor amigo le había ocultado su lazo con los ixthus, lo cual le habría podido ayudar desde un inicio, cuando Andrés habló con él en el hospital; el ortán había dejado que lo encarcelaran sin oportunidad de defenderse de sus cargos, entonces ¿en quién confiar si todos mienten? Se sentía sin fuerzas y muy confundido y así, con ese sentimiento que pesaba en su corazón, fue quedándose dormido.

No supo cuánto tiempo pasó, pero cuando despertó ya era bien entrada la noche, se levantó un poco sobresaltado pues había escuchado que la puerta principal se abría. Se quedó petrificado en el sofá esperando ver a otro intruso homicida en el apartamento, pero afortunadamente quién entró no era otro sino Amitai.

—No estaba muy seguro de encontrarte aquí—dijo Amitai cuando lo vio.

—Dije que jamás me uniría a ellos ¿Qué haces aquí?

—El ortán me envía, dice que ha resuelto tu caso y que puedes volver al cuartel.

Aquella noticia, más que alegrar a Naín lo dejó muy desconcertado.

— ¿Enserio?—preguntó.

—Sí, el ortán ha estado trabajando mucho desde que hablaste con él en el estacionamiento, incluso desde antes, cuando estabas en la cárcel. Se empeñó en buscar evidencia a tu favor y ahora tu inocencia quedó demostrada, puedes volver mañana mismo si te place.

Siempre había pensado que cuando le dijeran aquellas palabras, se pondría a saltar de alegría y estaría muy agradecido con el ortán, pero no fue así.

— ¿No te alegra?—preguntó Amitai al verlo tan pasivo.

—Sí, por supuesto—dijo Naín, aunque sin mucho entusiasmo—. Es solo que no me lo esperaba.

—Bueno, pues entonces olvídate de todo ese asunto de los ixthus, estás del lado correcto, no vuelvas con ellos.

—Sí, tienes razón, no volveré con ellos.

— ¿Qué fue lo que te dijeron?

Quizá Naín habría podido responder a esa pregunta con toda sinceridad, pero sabiendo que todo el mundo le mentía, prefirió guardarse todo para sí. Ya no dudaba de Amitai, pero sentía que era muy propenso a creerse todo lo que le dijeran y por eso desde ahora trabajaría completamente solo, no le pediría ayuda a nadie más, eso sólo lo estorbaba.

—Lo que se esperaba—dijo cortante—, mentiras.

—Bien—dijo Amitai—. Iré por unas cosas a mi habitación y luego regresaré al cuartel, te quedas en tu casa.

—Gracias.

Amitai se fue a su cuarto mientras Naín se quedaba en la sala, más pensativo que antes, sin embargo, algo lo sacó de sus cavilaciones.

 Debajo del sofá sobresalía lo que parecía ser el mango de un cuchillo, lo jaló para sacarlo y efectivamente era un cuchillo. Tenía la hoja muy afilada y era muy grande. Era como un cuchillo de caza y tenía unas letras grabadas en la hoja “L.A.B.” estaba inspeccionándolo cuando Amitai volvió de su cuarto.

— ¿Y eso?—preguntó.

—Acabo de encontrarlo debajo del sofá ¿no es tuyo?

—No, no me agrada la caza.

—Si no es tuyo ¿entonces de quién?

—Nadie más ha entrado aquí excepto… el homicida de la mañana.

—Sí, es verdad, seguro es de él. Lo guardaré hasta que pueda devolvérselo.

—No lo dudo. Ya debo irme ¿Te veo en la mañana?

—Sí, mañana me presento al cuartel.

—Genial te veo en unas horas entonces.

—Sí, adiós.

Amitai salió del apartamento dando un portazo tras sí y Naín se quedó mirando el cuchillo. Era una gran pista, seguro lo pondría en el camino correcto hacia el asesino. Ahora vería la verdad por sí mismo sin que nadie se la contara.

 Lo primero que haría en la mañana, ahora que había recuperado su libertad, sería investigar el cuchillo y la presunta muerte de Andrés, pues ahora había razones para pensar que seguía vivo y que había sido él, quien intentó matarlo esa mañana.



Elizabeth Pineda

Editado: 20.02.2018

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