Ixthus, El Llamado

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Naín continuó curando sus heridas y después de un rato, Lael apareció en el dormitorio.

—Hola—saludó— ¿Cómo estás?, escuché lo que pasó con Tadeo y su cerdita.

—Sí, parece que ya todos lo saben.

—Sí, eso creo—rió Lael—. Tadeo se ha encariñado contigo Naín, le agradas.

— ¿Es por eso que me pusiste con él?

—Tal vez—dijo Lael encogiéndose de hombros.

Naín guardó silencio, había cosas buenas de estar con Tadeo; pero él deseaba algo más, la vida de granjero no era para él. Ansiaba entrenar con ellos, hacer lo que ellos con las espadas y los trajes, para así poder vengarse de sus enemigos y estando con Tadeo eso nunca iba a pasar.

— ¿Qué pasa Naín? ¿Estás molesto?                      

—Sí, lo estoy.

—Pero ¿Por qué?—preguntó Lael confundido.

—Mira, Tadeo me cae muy bien y ha sido muy bueno conmigo; pero si no me pones a hacer algo más productivo, entonces esto no me sirve para maldita la cosa. No vine aquí para aprender a ser un granjero.

Lael no se esperaba aquello y ahora que lo tomaba por sorpresa, meditaba su respuesta.

— ¿Qué expectativas tenías al venir aquí?—preguntó al fin.

—Quiero aprender a luchar con y como ustedes. He paseado por todo el lugar y he visto que tienen todo lo necesario para iniciar un levantamiento. Vayamos pues, a recuperar nuestro dominio en la tierra, liberemos a todos los demás de la ignorancia. Hay que vengar a aquellos que han muerto a manos de Lucio y los suyos. Yo quiero vengar a mi hermano, seguro que los demás quieren lo mismo.

—Tienes razón—contestó Lael—. No eres el primero que propone eso; antes de que llegaras aquí, otro más planteó esa posibilidad. Pero si le hubiera hecho caso, ahora tú estarías muerto.

Naín se quedó helado al oír aquello.

— ¿Qué?

—Metiste a muchos de nosotros a la cárcel y fue ahí donde murieron, en parte eres responsable de sus muertes ¿Crees que haberte matado por todo el dolor que causaste sería justo?

Lael había atrapado a Naín con esa simple pregunta. Sabía que tenía razón, había sido en gran parte responsable de la muerte de muchos que tan solo luchaban a favor de la justicia, aunque él no lo supiera entonces.

—Se ha dicho por ahí—continuó Lael—que entre el ojo por ojo, el mundo se queda ciego. Nosotros no somos nadie para tomar venganza Naín, porque también debemos cosas a otros y no tenemos suficientes vidas para pagar todas nuestras deudas. Pero sin duda, ahora pagarás por todo el dolor que causaste, y no, no te asustes, no me refiero a pagar con sangre. De hecho, saldarás tu deuda con vida; de ahora en adelante vivirás siendo esclavo del bien.

— ¿Cómo?

—A partir de ahora, irás a todas las naciones llevando la verdad, la misma que se te dio a ti, harás discípulos y les enseñarás a guardar el bien. En la mayoría de los casos te odiarán, y serás tratado como a un criminal, pero no te detendrás, porque… sabrás que estás haciendo lo correcto.

—A ver, aguarda un segundo; si esa es la tarea, o el castigo que me impones y es la misma que todos aquí tienen, entones ¿De qué les sirve entrenar si no lucharán contra nadie?

—Definitivamente sí luchamos Naín, pero nuestra lucha no es contra los humanos sino contra aquellos que tienen al mundo oprimido; luchamos contra Lucio y los malak caídos ¿no entiendes? Ellos no están contentos con nuestra labor de intentar rescatar a cuántos se pueda, no dudes en que ellos usarán todo su poder para destruirte, o a cualquiera de nosotros. Los humanos que aún siguen en la ignorancia son sus títeres. No dañamos al títere sino al ventrílocuo.

Naín meditó unos segundos sobre lo que le acababa de decir Lael; por supuesto no era justo dañar a alguien inocente por ignorancia, y sin duda él también se había sentido como un títere luego de saber que le habían ocultado tantas cosas; pero pensar que personas como Darcón o Aczib podían ser exculpadas solo por eso, no cabía en su mente.

— ¿Sabes por qué  te puse con Tadeo?—preguntó Lael.

—No.



Elizabeth Pineda

Editado: 20.02.2018

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