Ixthus, El Llamado

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Tenía mucho coraje dentro de sí. Necesitaba sacarlo y lo primero que halló fue la bandeja del desayuno. La tumbó de un manotazo y luego pateó todo lo que se encontró en el suelo. Cuando se cansó se sentó en el piso con la cabeza entre sus manos.

¿Para qué se había unido a ellos si eso no le ayudaría a vengar a su hermano? Pero estaba bien, ya no importaba, vengaría a su hermano solo, no los necesitaba. Es más le parecía que ya había esperado suficiente. Esa misma noche tomaría sus cosas y se iría.

El resto del día, nadie más fue a visitarlo, así que pudo pensar y planear algo para escapar.

De las pocas cosas que había traído consigo al llegar con los ixthus estaba su móvil, aunque mientras estuvo dentro de Hekal nunca tuvo servicio en él. Tal vez se debía a la protección que rodeaba el lugar. Eliel le había explicado una vez que había una especie de halo que se movía alrededor de Hekal que impedía entraran y salieran señales que pudieran revelar su ubicación. Si bien nadie podía entrar tampoco deseaban que alguien estuviera cerca de ellos. Pero quizá una vez fuera, el móvil podría adquirir señal y usar los mapas que ahí tenía para ubicarse y emprender el camino de regreso. Después de eso, dejaría que sus instintos lo guiaran, estaba sediento de justicia y no sería problema lo demás, y si moría tampoco importaba, solo debía asegurarse de hacer justicia primero.

Vasti lo dio de alta hasta las ocho pm.  Y aprovechando que esa era la hora de la cena y que todos estarían reunidos en el comedor, fue a recoger sus cosas a su dormitorio. No eran muchas así que terminó pronto.

Guardó todo en una mochila y la escondió debajo de su litera. Luego esperó pacientemente a que todos sus compañeros estuvieran profundamente dormidos, en especial Gera. Recordaba lo que le había dicho, que tenía el sueño muy ligero y que siempre se había dado cuenta cuando salía y entraba de sus entrenamientos furtivos. Por eso, cuando se levantó para salir, cargó sus botas en sus manos y se aseguró de ponerle aceite extra a la puerta para que no rechinara al abrirla.

Una vez fuera del dormitorio eligió una dirección al azar y caminó hacia ella. Tan solo quería alejarse un poco para hacer uso del sello sin que nadie se diera cuenta.

Caminó hasta que llegó a los límites de Hekal y por primera vez pudo ver el halo que se movía alrededor del lugar. Era muy hermoso, se componía de una mezcla de fuegos de distintos colores que cambiaban constantemente. Era como un espectáculo y podría haberse quedado otro rato observándolo si no fuera porque llevaba un poco de prisa. Metió la mano a la bolsa de su pantalón y sacó el sello. No lo había vuelto a utilizar desde que había llegado a Hekal, pero él seguía ahí, fiel en su bolsa. Estaba a punto de apretarlo cuando una voz se escuchó a sus espaldas.

— ¿Vas a algún lado?—preguntó Gera.

Naín se dio la media vuelta sorprendido.

—Vete Gera. No necesitas saber a dónde voy.

—Aun así ya sé a dónde vas.

Naín caminó hacia otra dirección para dejar a Gera atrás, pero este lo siguió muy de cerca.

—No me puedes  detener, serás mejor que yo en la espada, pero soy mejor en el combate cuerpo a cuerpo y podría noquearte si quiero. No me obligues a hacerlo. Mejor regresa al dormitorio.

—Escucha, no vine a detenerte.

—Tampoco quiero que vengas conmigo.

—No, tampoco pienso ir contigo. Lo que haces es suicidio.

— ¿Qué quieres entonces?

—Quiero ayudarte, sólo dame la oportunidad.

—No puedes, nadie puede ayudarme. Esta batalla es mía, y yo peleo mis batallas solo.

Gera dejó de caminar cuando escuchó a Naín decir eso.

—Espera, necesitarás esto entonces.

Gera le extendió una caja color plata de tamaño mediano. Era una armadura compactada. Naín había dejado la de él en el dormitorio pues pensaba que no la necesitaría, pero quizá si sería buena idea tenerla consigo.

—Gracias Gera—dijo y luego tomó la caja.

—Naín espera, solo una cosa más.

— ¿Qué es?

—Cuando salgas de aquí y encuentres a los asesinos de tu hermano, piensa realmente si esto es lo que él hubiera querido. Si tienes suerte y tú los matas, Ben no volverá. Pero si ellos te matan a ti verdaderamente habrás decepcionado a tu hermano. Si sales de aquí tendrás todo que perder y nada que ganar.



Elizabeth Pineda

Editado: 20.02.2018

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