Jamás: El comienzo (1)

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Capítulo 16

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                  Hace frío

 

 

Ninguno de los dos me responde la pregunta que con tanto dolor había decidido preguntar, fui ignorada por ambos. De Laby lo esperaba, no la conocía para nada y por eso podría esperar cualquier cosa; pero lo que más me dolió fue ser ignorada por Paul, a él si lo conocía y es mi prometido y debería de preocuparse por mí.

Ambos continuaron con su plática, ellos hablaban de cosas de su adolescencia que yo no tenía ni la menor idea. Gracias a un comentario de Laby oí que Paul tenía una banda de garaje hace mucho tiempo.

Laby sabía muchas más cosas de Paul de las que yo simplemente sabía la mitad o nada de ellas. Debo admitir que aquello no me gusto para nada, me pareció horrible que él jamás me haya comentado sobre los sueños o metas que jamás logró.

Oía toda la conversación, siento que era un verdadero estorbo en la cena. Me pongo de pie y tomo la ensalada con ambas manos, me dirijo hacia la cocina y tomo asiento sobre la alacena; coloco sobre mi regazo la bandeja de ensalada y comienzo a comer con el ceño completamente fruncido.

Empiezo a oír risas sonoras que provenían de Paul y Laby, parecía que todavía continuaban con aquella conversación graciosa que yo no entendía absolutamente nada de ella.

Termino de comer todo el contenido de la gran bandeja de ensalada y niego con la cabeza, di un pequeño salto para bajar de la mesada. La bandeja vacía no era demasiado pesada, por suerte. Me dirijo a lavar mis trastes, después de todo yo había cenado sola y no pensaba ni en sueños que lavaría los platos y vasos de los demás que encima de todo me habían ignorado por completo.

Al terminar seco mis manos con el trapo de cocina que ya se estaba deshilachando con rapidez y lo acomodé secando las pequeñas gotas de agua que se habían caído al suelo cuando había lavado la bandeja mayor.

Me pongo a tararear al ritmo de la canción que se escuchaba en el aire. Era una muy bella canción que me hacía sentir que me encontraba allí, siendo parte de ella. Mis pies se movían al ritmo de aquella canción country, tenía suerte de saber bailar aquellos pasos. Con cuidado me dirijo hacia la heladera y me servo en un vaso un poco de jugo de pomelo, la naranja me daba alergia. No podía ni olerla.

Me siento ahora si sobre una silla y observo la ventana con el ceño fruncido, se había levantado viento y el frío comenzó a hacerse presente en aquella oscura noche de verano. Me di cuenta que las voces de Paul y Laby se habían callado, ya no se oía ni siquiera una carcajada de esa.

Aquello no me agrada demasiado, me pongo de pie y comienzo a caminar fuera de la cocina, las luces de la casa se encontraban completamente apagadas, solamente la luz de la cocina se encontraba encendida. Camino hacia el comedor y no los vi, me encojo de hombros sin tener la menor idea de donde se podrían encontrar.

—Ya comenzó a olvidarte, Katy —Oigo nuevamente aquella voz, pero esta vez se oía mucho más lejana. Aquel acento particular se volvió algo presente en mi vida, ya me era demasiado oír que todos poseían el mismo acento ¿Laby también lo poseía?

Giro pensando en aquel acento particular y observo por la ventana de la cocina nuevamente, me acerco y la abro con el ceño fruncido ya que él se encontraba allí observando la situación como yo.

—¿Olvidarme? —Le pregunto sin comprender a lo que se estaba refiriendo.

El joven de ojos miel se adentra a la casa por la ventana, fue bastante rápido y audaz al hacerlo. Cuando él entró también lo siguió un fuerte frío que recorrió cada centímetro de mi cuerpo. Lo observo a los ojos y niego sin comprender aquella manera extraña en la que él hablaba y se movía, era como de otro planeta o quizás de otro tiempo.

—Sí. Muchas veces olvidan, tratan de no hacerlo pero lo terminan haciendo.

—¿A qué te refieres con eso? —Pregunto con el ceño completamente fruncido. Acaricio mis brazos por aquel frío que comencé a sentir nuevamente sobre mi cuerpo.

Él me observa fijamente a los ojos y se encoje de hombros como un gesto frío y tonto al no saber que responderme, me di cuenta de ello. Poseía una pequeña sonrisa sobre sus labios que evidentemente yo no lograba comprender en lo absoluto, es más, me resultaba demasiado extraño ante la situación en la que yo me encontraba parada en ese preciso instante.

—Ya lo comprenderás. Yo no puedo decirte nada, a mí nadie me lo dijo —Aquellas simples palabras fueron las que logré sacarle de sus labios. Las únicas palabras que parecieron no ser malas, ni ser coherentes tampoco.

¿Estoy realmente loca?

—No. No estás loca, sé que te dije eso en la tienda... pero ahora me doy cuenta que no lo estás y debo pedirte disculpas por haberte agredido de esa manera.



Byther

Editado: 16.08.2019

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