Jamás: el comienzo (libro 1)

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CAPÍTULO 4

                                                                             Un baile del recuerdo


Terminamos de comer, no tardamos demasiado en acabar las porciones que quedan pendientes en el plato. Después de todo, había perdido demasiado tiempo, supongo que me quedé perdida en el mismísimo. No me gusta esa sensación de satisfacción al no recordar nada de lo sucedido, pero se siente bien.

Pagamos por la cena, bueno... él pagó por la cena.

Me coloco la chaqueta, ya que hacía frío.

La temperatura está cambiado drásticamente, hay mucho viento frío en el ambiente. Detesto cuando la temperatura cambia de ese modo tan horrendo, siempre me da alergia por ello —estornudos, tos, picazón y dolor de garganta—, síntomas que me dan con aquella situación. Debo confesar que, últimamente, por suerte, ya no me dan tan seguido.

Paul se encuentra de pie frente a mí, posee una gran y bella sonrisa sobre sus labios. Los labios que él posee eran delicados, con una forma particular que parecía hacer que su labio superior fuera más carnoso que el inferior. Posee un bello rasado, sus labios jamás se agrietan, son mágicos y húmedos; solo cuando él lo desea.

Me quedo mirándolo fijamente.

«Es tan hermoso», pienso.

—Vamos, ya es demasiado tarde y mañana debemos ir al centro comercial por los regalos o no sé qué... —murmura algo confundido.

Se sube el cierre de la chaqueta y me tiende su mano. No dudo en tomarla.

Caminamos unos pocos pasos hacia la puerta y siento un escalofrío que recorre todo mi cuerpo, oigo un susurro que parece evaporarse con el sonido del viento y la puerta que se abría, pero de lo que estoy segura es que oí mi nombre: Katy.

Mi ceño se frunce inmediatamente y observo dentro del restaurante, no parece que alguien me llama. Todos están haciendo sus cosas y eso me quedo claro al notar a las personas comiendo y hablando de la dicha que es su vida.

—Katy —Oí otra vez.

Giro y sonrío levemente al notar que es Paul el que me habla.

—¿Sí?—Pregunto observando los ojos del hombre de mi vida.

—Andando —dice.

Parece que ya me había llamado antes, por su tono de impaciencia.

Camino hacia él. Ambos caminamos con cuidado, tenemos bastantes cuadras para lograr llegar a casa; haríamos un poco de ejercicio y la comida bajaría. Hoy cuando lleguemos me iré a dormir con rapidez, no hay que esperar a la digestión. Eso es muy bueno, ya que mañana podré despertar temprano para los preparativos de la Navidad y obviamente comenzar con algo para la boda, no me gusta mucho dejar que las cosas se junten y me terminen tapando. En eso difiero con Paul; él siempre hacía sus cosas a su tiempo y cuando lo deseaba hacer.

Muchas veces, el diferir con él se vuelve realmente divertido, pero esta vez no tiene muchas ganas de pelear.

Observo el pasto que nos encontramos pisando en ese preciso instante. Es lindo el sonido que produce las hojas amarillas rojizas que caen de los árboles, no puedo negar que el vecindario es colorido y tiene su calidez propia, hay cosas que mucho no me gustan, pero sé que, de igual modo, este lugar es y será perfecto para vivir.

Nos detenemos al llegar a la puerta.

Llevo mis manos hacia el bolsillo de mi chaqueta y tomo la llave para lograr abrir la puerta. Mi ceño se frunce inmediatamente al entrar, una fragancia a Jazmín se impregna en mis fosas nasales. La fragancia es deliciosa, pero no comprendo lo que está sucediendo. Alzo una ceja al bajar la mirada hasta el suelo, el piso de madera se encuentra escondido debajo de un montón de pétalos de Jazmín. Una bella fragancia inunda el departamento. Tenemos suerte de que sea bastante pequeño, de ese modo, todo quedará con la fragancia al bendito Jazmín del suelo.

Debo decir que jamás me imaginé que Paul hiciera algo como esto para mí, pero al parecer, todos los días es una nueva sorpresa que descubro. Tengo que confesar que me gustan mucho las sorpresas que él me está dando a medida que la noche continúa. Lo observo fijamente a los ojos y sonrío levemente. Tapo mi boca con mi mano, no puedo creer nada de lo que está sucediendo el día de hoy, son demasiadas sorpresas.

—¿Y todo esto?—Pregunto observando como él cierra la puerta.

Se acerca a mí, sus grandes manos tomaron mis caderas con fuerza; sus manos coinciden perfectas con mi piel. Parecen una, está diseñado para mí.

Una sonrisa ladina se dibuja sobre mis labios.

—¿No me lo dirás?

Él niega con la cabeza.

—Haré algo mejor...

No pude evitar llevar mis manos hacia su nuca.

Su rostro está a centímetros del mío, me gusta tenerlo cerca.

Sus manos me acercaron aún más a él, no logro evitar que mi mirada baje a sus labios. Quiero sentir sus labios sobre los míos, la espera se vuelve insoportable. Le gusta mucho torturarme con ese tipo de cosas, pero eso no quedará así, me vengaré.



Byther

Editado: 16.08.2019

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