Jamás: el comienzo (libro 1)

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CAPÍTULO 10

 

                                            Dame eso

Siento como mi espalda pega contra la pared de aquella tienda, estoy acorralada por aquel sujeto y claro la anciana, en ese momento, no se encuentra presente. Todas las cosas malas me suceden a mí, eso no es para nada justo. La vida es muy injusta.

Observo al joven fijamente a los ojos y llevo mis manos hacia su pecho para tratar de empujarlo con fuerza y lograr salir de ahí. Claro debo inventar una historia para Paul, no puedo decirle lo que realmente había sucedido.

Siento como aquel joven toma mis muñecas con fuerza y niega con la cabeza, aún posee sobre sus carnosos labios aquella extraña sonrisa que me está asustando. Se ve feliz ante la situación, por supuesto, total él no está en mi lugar.

Trago saliva sonoramente.

—Suéltame.

—¿Realmente quieres que te suelte? Pareces estar cómoda cuando te sostienen de este modo —sale de sus labios.

No esperé que me dijera algo como eso, pero lo hizo y ahora tengo que responderle.

«¿Debía responder? Claro que no», pienso.

Me quedo observando sus ojos con una sonrisa amplia sobre mis labios, aquella sonrisa no puede demostrar el miedo que estoy sintiendo en ese preciso instante. Siempre hago eso para molestar a las personas y ellas siempre caen en mi juego. Este sujeto no tiene porque ser diferente a los demás. Su mirada se vuelve más brusca al notar mi sonrisa.

—¡Responde!—Increpa malhumorado sosteniendo mi cabello con fuerza.

Simplemente, niego con la cabeza, al hacerlo puedo sentir como mi cabello tira.

Mi ceño se frunce aún más y lo empujo con ambas manos. Lo observo caer al suelo y me agacho un poco para lograr tomar el libro que, por suerte se le había caído al suelo, con la caída que le había proporcionado hace unos segundos. Una sonrisa amplia se posa sobre mis labios y lo miro fijamente a los ojos.

—Ten cuidado, no todas las chicas son inofensivas o taradas —murmuro acomodando mi cabello.

Me dispuse a llegar a la fila que se encuentran para pagar, no hay muchas personas, pero sí las suficientes. Cuando llega mi turno le sonrío a la anciana que es la cajera en ese momento. La mujer niega y toma el libro y el brazalete con su ceño fruncido, evidentemente, no le había agradado para nada lo sucedido. Tenía razón, a mí tampoco me había gustado todo lo que pasé por esos pocos minutos alocados de mi vida.

—Gracias...

Comienzo a caminar con aquellas dos bolsas, no son pesadas.

Tomo asiento cerca de la fuente de agua, para descansar unos minutos mientras que Paul no llega a mi lado. Oigo los villancicos de fondo, ya se está acercando la Navidad y, por supuesto, que los centros comerciales se comienzan a adornar con colores alegres, casi siempre verdes y rojos.

Tarareo un poco la canción y miro que a lo lejos Paul me está buscando. Alza la mano y se acerca con una sonrisa amplia al notar que le había comprado su libro favorito. Se sienta a mi lado y toma mis manos con delicadeza, no puedo evitar sonreír como boba. Aquello siempre me sucede a su lado.

—No puedo creerlo. Muchas gracias.

Niego con la cabeza y señalo mis labios. Quiero un premio por lo sucedido en la tienda, él no había visto nada, pero aún así yo quiero saborear sus labios.

Él suelta una pequeña risita tierna y posa sus labios sobre los míos, tan solo es un pequeño roce, pero yo no quiero eso. Yo quiero un beso verdadero de esos labios. Extraño sus labios y lo que me produce sentirlos.

—Bésame... —Susurro sobre sus labios.

Paul niega con la cabeza y se separa de mis labios. Mi ceño se frunce inmediatamente al recibir aquella respuesta, no, no recibí una respuesta que salió de sus labios. Yo tomo esa negación como una respuesta.

Bajo la mirada al suelo. Me siento completamente incomoda ante lo sucedido, jamás me hizo algo como eso. No me lo esperaba, bueno... jamás esperaría eso de Paul.

—¿Estás bien?—Le pregunto tomando su mano con delicadeza.

Él niega con la cabeza tan solo una vez.

—¿Qué sucede? Dime... —Murmuro levantando la mirada del suelo para verlo a él.

Espero que él me pueda oír con claridad lo que sale de mis labios. Me siento realmente obsoleta ante la situación en la que me encuentro parada en ese momento. El tiempo parece detenerse y yo sigo viéndolo a los ojos esperando una respuesta.

​​​​​



Byther

Editado: 16.08.2019

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